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Hemeroteca de Mediterráneo

Las olas de calor y sus remedios en el Castellón de otros tiempos

A lo largo del tiempo, las altas temperaturas estivales han sido noticia recurrente en la prensa local, que siempre ha dado cuenta de las formas de afrontar el bochorno por parte de los castellonenses. De las recurrentes escapadas a los masets -y hoy, a los apartamentos- hasta las visitas a las heladerías, desde mucho antes de la identificación del cambio climático como un problema global, el calor copó los titulares.

Las olas de calor y sus remedios en el Castellón de otros tiempos

Las olas de calor y sus remedios en el Castellón de otros tiempos / Gabriel Utiel Blanco

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Ximo Górriz

Ximo Górriz

Castelló

En la prensa castellonense de los años 20 del siglo pasado, el poeta y gramático Carles Salvador consolidaría una sección de breves artículos en valenciano bajo el epígrafe Glosari. Mediada la década, en agosto de 1925, Diario de Castellón publicaba un texto suyo sobre la inminente ola de calor, una de las cosas «que no poden enganyar ni fer-se d’esperar» cada verano. Salvador subrayaba que en aquellos días hacía un calor «per a donar i vendre», que «s’apega a la carn com la camisa de punt i com les mosques», con una temperatura «que no ens deixa dormir, ni respirar, ni parlar a gust». Su conclusión: augurar una ola de calor es apostar sobre seguro. El autor invitaba a consolarse a la espera del invierno: «tot és qüestió de paciència».

En los meses de verano, los periódicos locales han dedicado muchas páginas y ríos de tinta a las consecuencias del calor extremo en nuestra tierra. Lo hacían mucho antes de que, en 1979, la primera Conferencia Mundial sobre el Clima identificase el cambio climático como un problema global urgente. Tan lejos como en 1877, hace casi medio siglo, La Alborada pedía al alcalde Catalino Alegre que el Ayuntamiento regara el Parque Ribalta, erigiéndose en portavoz «de las muchas niñas bonitas que allí se reúnen», porque se trata de un sitio «único en Castellón para pasar agradablemente estas noches de calor», y «se quejan de las molestias del polvo que echa a perder sus elegantes trajes». En el verano siguiente, el 10 de julio de 1878, los «excesivos calores» llevaban a Diario de Castellón, a dar la voz de alarma a las autoridades para evitar «algún accidente imprevisto» y pedir la apertura de «casas de socorro para atender a la asistencia de estos desgraciados», víctimas de lo que hoy conocemos como golpes de calor.

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Artículo publicado por Carles Salvador del miércoles 26 de agosto de 1925 en 'Diario de Castellón'. / Archivo Municipal de Castellón

Helados a domicilio en 1895

Y es que el poniente «horroroso e irrespirable» siempre puede agudizar el efecto del calor. Como el 26 de julio de 1904, cuando el propio Heraldo se hacía eco de una sensación térmica similar a la de esta semana que termina, señalando que la ciudad había quedado desierta y «las familias que disponen de modesto refugio en un punto o en otro, allí quedaron muy a gusto causando la envidia de quienes por necesidad han de sufrir la ciudad y sus ruidos en esta época canicular». Finalmente, el diario recurría al humor en busca de un chivo expiatorio para el «excesivo calor que sufrimos y del cual tiene la culpa única y exclusivamente, la comisión municipal de fiestas. ¡Abajo la comisión!».

En otras ocasiones, los periodistas de la época se consolaban con metáforas: el 26 de julio de 1906, Heraldo aseguraba, sobre la víspera: «se respiraba fuego y por todo lenitivo unas ligeras gotas de agua que aumentaban el bochorno y caldeaban más y más la atmósfera. Los veraneantes pobres, de entra y sal como si dijéramos, dando una prueba de valor inconmensurable salieron de sus casas y de sus casillas, desafiando un sol abrasador, desparramándose por la playa y los mil masets del término en busca ¡ay! del fresco que es un buen aperitivo».

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Anuncio publicado en 'Heraldo de Castellón' el 10 de julio de 1895. / Archivo Municipal de Castellón

En un tono más festivo, el 14 de julio de 1925 Paco Aznar publicaba uno de sus Comentarios jocosos en verso en Diario de Castellón , bajo el título Todos se van: «Solo nos quedamos / al pie del cañón / los que no tenemos / un real de vellón».

La afilada pluma de los redactores de la prensa local también dirigía sus invectivas contra el Ayuntamiento por su imprevisión. Un sarcástico botón de muestra lo encontraríamos en la edición de Heraldo de Castellón del 12 de julio de 1926: «Como el calor no se rige por la previsión de las autoridades, ayer fueron al Grao gran número de gente y como las casetas de baños públicos no estaban aún montadas, había que oír los comentarios que con razón hacía la gente. Causa de ello, el dar los permisos tan tarde». Asimismo, otra pulla apuntaba a la compañía del tranvía, de la Panderola: se había dicho que éste llegaría a la escollera, y el diario se preguntaba: «¿Lo hará por Navidad? Porque ahora se toman tres baños. Uno desde la estación a la escollera, otro desde la escollera a las casetas, y luego ya cansado y extenuado, el del mar». Dos años después, en 1928, el mismo periódico se refería al calor «verdaderamente extraordinario» sufrido en la capital en la noche del 19 al 20 de julio, «durmiendo mucha gente en los balcones y en la calle, porque en el interior de las habitaciones se hacía imposible conciliar el sueño».

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Noticia de 'Diario de Castellón' publicada el 24 de mayo de 1933. / Archivo Municipal de Castellón

El cine, «el lugar más fresco»

Pero también había quien sacaba partido de las altas temperaturas. El 5 de septiembre de 1930, la terraza del Salón Royal se promocionaba en Heraldo como «el lugar más fresco» de la ciudad, utilizando así el atractivo de la temperatura como reclamo adicional para atraer espectadores al estreno de Orquídeas salvajes de Greta Garbo. Desde unos meses antes, la sala de Vicente Renau ya proyectaba películas en versión sonora.

¿Y qué hacían para sobrellevar la canícula quienes debían trabajar en la calle? En el caso de los guardias del tráfico, el volumen de tránsito obligaba en 1933 a una mayor vigilancia. Diario de Castellón se hacía eco, el 24 de mayo, de la compra por el Ayuntamiento de «dos monumentales sombrillas» para que los guardias «no sufran en verano»: una en la plaza de Castelar -hoy Puerta del Sol- y otra en la de la Independencia.

Al año siguiente, el 19 de julio de 1934 Heraldo de Castellón publicaba un suelto en el que se refería al día «más pesado que hemos tenido este verano, llegando a 42 grados la máxima termométrica». El periódico hacía hincapié asimismo en que el mercurio se había elevado a ese máximo «no obstante el fresco vientecillo» de la jornada.

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Noticia publicada el jueves 30 de julio de 1959. / Mediterráneo

Pasado un cuarto de siglo, en mitad del verano de 1959, los calores son noticia en Mediterráneo por su relación con el tráfico: el 30 de julio el alcalde José Ferrer publicaba una curiosa información de servicio: «durante los meses de julio, agosto y septiembre podrán aparcar todos los vehículos en la vía pública, al lado de la sombra, sin tener en cuenta los días pares ni impares». Parecía, pues, una cuestión de supervivencia. Aún quedaba una década para que el aire acondicionado se incorporase a Simago, que el 18 de julio de 1969 anunciaba la opción de hacer las compras en un «ambiente agradable» gracias a disponer de estos aparatos. Comenzaba una nueva época en los establecimientos públicos. Una nueva manera de sobrellevar el calor en la ciudad.


El miércoles 21 de julio de 1926, Diario de Castellón anunciaba que desde el día siguiente «el tren tranvía llegará a la escollera» del Puerto de Castellón. El director-jefe de la explotación de la popular Panderola lo comunicaba como un «nuevo servicio temporal de trenes de Castellón al Grao y viceversa», pensado para acercar al máximoa los bañistas a la playa.

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Noticia publicada el miércoles 21 de julio de 1926 por 'Diario de Castellón'. / Archivo Municipal de Castellón


Con la firma de L.C., Mediterráneo publicaba el viernes 20 de julio de 1951 una carta al director que protestaba por «grosera e indecorosa» contra la canción Tres veces guapa, lanzada meses antes por el cantante valenciano Jorge Sepúlveda. La misiva se preguntaba, en defensa «buen gusto» y sobre la letra, «a quién le gustaría aplicasen esos calificativos a una hija suya».

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Carta al director publicada el viernes 20 de julio de 1951. / Mediterráneo


El viernes 23 de julio de 1976, Mediterráneo se hacía eco del «buen ritmo» al que avanzaban las obras del nuevo puente sobre el pantano de María Cristina, «en la carretera de Castellón a Teruel», con una inversión de 50 millones de pesetas. La noticia de Gonzalo Puerto subrayaba que el anterior puente no desaparecería, «sino que perdurará como paso de peatones».

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Noticia publicada el viernes 23 de julio de 1976. / Mediterráneo


Ante el curso 2001-2002, el periódico se refería a las preferencias de los nuevos estudiantes de la Universitat Jaume I, que «han perdido el interés por titulaciones como Derecho, Empresariales y Relaciones Laborales», optando por otras como «Publicidad y Relaciones Públicas, Maestro en Infantil o Educación Física, Turismo y Traducción e Interpretación».

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Noticia publicada el martes 24 de julio de 2001. / Mediterráneo

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