Suscríbete

El Periódico Mediterráneo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Primera RFEF

La crónica | Mario Barco rescata al Castellón en el minuto 90 (2-1)

Un gol del atacante albinegro desnivela en Castalia el duelo contra el filial del Betis y prolonga la racha del equipo de Escobar, de vuelta tras superar el brote de covid

Imagen del conjunto albinegro celebrando el primero de los goles, obra de Salva Ruiz.. GABRIEL UTIEL

Un gol de Mario Barco en el minuto 90 elevó al Castellón sobre el filial del Betis, que había empatado en la segunda mitad el tanto inicial de Salva Ruiz. El 2-1 devuelve al equipo de Escobar a la senda de la victoria, en el primer partido tras el parón obligado por el brote de covid que sufrió en las últimas semanas la plantilla albinegra. El Castellón encadena ocho jornadas invicto y se sitúa noveno, a tres puntos del play-off pero con dos partidos menos.

 

Digamos que el partido entre el Castellón y el Betis Deportivo no estaba siendo, de entrada, lo que se dice memorable. No estaba siendo un partido de esos que después se pone uno en Youtube, pasado un tiempo, para repasar las mejores jugadas. No estaba siendo un partido que contar a los nietos, a no ser que fuera a modo de advertencia, en plan 'mejor si no lo veis, os lo advierto'. Estaba siendo un partido plano del Castellón, quizá lastrado por la inactividad de las últimas semanas. Estaba siendo un partido para centrarte en la conversación con el compañero de grada, poner al día las vidas y las agendas y repasar el fin de semana. Estaba siendo un partido espeso, típico de invierno, con el Castellón tranquilo y dominante, pero con un control pastoso y feo.

 

En un partido así, en los que no pasa apenas nada, un saque de banda a favor merece un suspiro de esperanza y un córner se festeja hasta con palmas. En un partido así, donde todo queda en el casi, cuando el Castellón gana una falta, se deposita en ella una fe exagerada. Castalia se aferra a ella como a un boleto de una rifa amañada, como a un cartón final del bingo, confiando en encontrar el último billete para entrar en la fábrica de chocolate de Willy Wonka, seguros de repente de que nos tocará el premio en la única tableta comprada. Y a veces --y lo mejor es celebrarlo sin preguntarse cómo-, el deseo se cumple y la falta va a la escuadra.

 

Eso ocurrió justo en el minuto 24, cuando Cubillas percutió un balón suelto y le sacó la falta al defensa. La pelota no estaba ni lejos ni cerca, ni muy para un zurdo ni muy para un diestro, pero Castalia creyó en el gol porque no podía ser de otra manera, y Salva Ruiz la clavó en la red como si fuera una telenovela.

 

Antes y después del 1-0, en el primer tiempo, el Castellón fue ligeramente mejor que el filial del Betis, pero no le había exigido en exceso. Pablo Hernández, de vuelta tras la lesión, empezó rígido en la banda y pareció aburrirse un poco. Si Pablo se aburre el Castellón tiene un problema, porque Pablo se aburre si no le llegan balones, es decir: si Pablo se aburre es que el Castellón no está jugando bien del todo. Y eso es un problema múltiple porque Pablo abandona su hábitat, se acerca al meollo de la creación y queda fuera de foco, y el equipo se descoyunta de roto en roto.

 

Pablo se movió después a la mediapunta para ir picoteando el verde, palmo a palmo, pero casi siempre lejos de donde hace daño. El Castellón asomó en alguna incorporación de Salva Ruiz, en un par de arrancadas de Kone y al aprovechar un par de fallos en la salida del portero rival, Marc Vidal. En la más clara casi marca Pablo, en el 42, pero el propio Marc enmendó su error desviando a córner. En la más protestada, en el 43, se pidió la roja para Hermoso, que derribó a César Díaz cuando se disponía a entrar al área con ventaja. La falta, en esta ocasión, quedó en nada.

El Betis Deportivo apenas había dado guerra, excepto en una sucesión de córneres pasada la media hora. En el segundo tiempo fue otra cosa. Marchena avisó primero con un zurdazo que se fue alto por poco; y empató después al rematar desde cerca para batir a Álvaro, con Moyano mirando.

El empate agudizó la espesura del Castellón, y el propio Marchena, que se reveló como un gran llegador, anduvo cerca del 1-2 en una contra. Los de Escobar volcaban ahora la ofensiva por la diestra, con mordiscos sin veneno de César. Al gol encajado se unió la lesión de Diori y ya al descanso había caído Cubillas, relevado por Barco. Tiempo de problemas.

Había dicho Escobar en la previa que el Castellón se reencontraba con la competición como quien está un mes sin ver a su pareja, que se ha ido a estudiar fuera, y el caso es que algo así le estaba pasando. Porque primero pensó que todo estaba donde antes, al volver, al principio todo muy bien con el 1-0, pero poco a poco salieron las nuevas amistades y esas cosas, con el 1-1, los rivales, los árbitros, el frío y lo que fuera. En esos momentos de la verdad se la juega una relación, igual que se la juega un equipo en los momentos feos. Ahí te quiero ver, y ahí qué vimos. Esto es lo que vimos.

Vimos que Escobar movió el banquillo para sumar atacantes. Vimos que Pablo templó un centro en el 75 que era un caramelo, pero Marc Vidal dobló paradón negándole el gol a Mario Barco sobre la línea de cal. Vimos también que Pablo giró el tobillo en el 79 para plantar a Moyano en posición ventajosa, y éste la tiró fuera. Y vimos el premio del minuto 90: una maniobra fina del siempre listísimo Kandoussi, pegado a la cal, y el golpeo feliz de Mario Barco, una jugada maestra que vale una relación duradera.

Compartir el artículo

stats