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CD CASTELLÓN

La opinión de Pepe Beltrán | Regreso al futuro

Ambiente de gala, el himno a capella, niños que viven con pasión el momento.... y la victoria

Haralabos Voulgaris en el estadio de Castalia. ERIK PRADAS

Reconozco cierta ansiedad por recuperar este espacio semanal de desahogos, ilusiones, inquietudes y no poco onanismo literario. Qué se le va a hacer, como la mayoría va al psicólogo para afrontar el regreso de las vacaciones va a parecer que los que queríamos retomar pronto la actividad somos los raritos. Y, matizo, no por ganas de trabajar, sino por devolver al CD Castellón el protagonismo que merece y que siempre me parecerá poco.

Tampoco voy a mentir con que había un clamor popular abogando por mi regreso, más terapéutico para mí que para nadie, pero sí debo agradecer la preocupación de un par de amigos, como José Cifuentes, dueño del restaurante Sanabria en Almassora, que temía por mi integridad física dadas las aceradas críticas con que despedí la temporada pasada. Agradezco sobremanera su fidelidad lectora, pero más aún su profesionalidad y dominio de la brasa en tiempos en que nos invade la comida rápida y de dudoso origen.

Eso es lo que representa para mí la dirección del club estos cinco últimos años, un bocado de modernidad mal entendida, de sabores tan vistosos como falsos, con más neón y propaganda que provecho, cuyo menú, además, devino nocivo para la salud. ¡Y tanto! ¡Como que hemos estado al borde de la muerte hasta que Bob Voulgaris nos ha recetado su dinero y condimenta y cocina la gestión! 

Ahora ya nos vemos como en el DeLorean de Michael J. Fox. Es nuestro regreso al futuro, mirando hacia adelante pese a los lastres del pasado con compañeros de viaje no elegidos. Doce mil abonados y casi diez mil espectadores el domingo vinieron a refrendar una fe ciega en el mañana y en nuestro particular héroe al volante. Ambiente de gala, el himno a capella, niños que viven con pasión el momento.... y la victoria. Por supuesto que la realidad sigue marcada por la mediocridad de esta tercera categoría del fútbol español, pero han cambiado demasiadas cosas como para no mostrar agradecimiento y confianza en un reflejo clasificatorio más o menos inmediato. A saber: se han atendido deudas pendientes, el vestuario ha recuperado vitalidad, se buscan nuevos campos de entrenamiento y se mejoran los actuales, hasta se han pagado traspasos para reforzar la plantilla, lo cual transmite un mensaje de proyecto, de planificación, de seriedad, de compromiso. Y todo sin llorar la falsa falta de apoyos empresariales, la prostituida desidia institucional o la tiñosa persecución por parte de los vecinos, que eran la sucia y manida cortina detrás de la que se escondía la falta de recursos propios.

Algo está cambiando, y más que cambiará cuando el grupo Pitch32 comprenda, si no lo ha hecho ya, la necesidad de aligerar carga para este viaje repleto de tantas trabas como esperanzas. No es de recibo mantener los improductivos contratos blindados de directivos y empleados de alta ¿responsabilidad? que todavía lucen en el palco por mor de una herencia envenenada. Mañana se presenta el nuevo propietario en junta general. Es solo un trámite y no es cuestión de exigir ninguna revolución, y mucho menos el contrato de compraventa de las acciones con la continuidad asalariada de los amigos de Vicente Montesinos. Solo la auditoría en la que ahora se trabaja pondrá a cada uno en su sitio real en la historia del club.

Pero, mientras tanto, por coherencia y por sentido de la justicia, desde ese primer contacto con los accionistas mantendré enarbolada la exigencia de que el club se posicione en los conflictos judiciales que afectan al Castellón, y que en breve anunciarán la apertura de juicio oral contra Osuna, Blasco, Jiménez, Ludeña y la recua de imputados por la expoliación del club. Como también en la causa judicial contra Cruz. Y si antes reclamábamos actuar contra toda banda, no iba a ser menos ahora. El cumplimiento de una sentencia condenatoria supondría un buen revulsivo para afrontar esta etapa y el segundo Centenario, porque el mejor es indudable que fue sobrevivir a tanto sinvergüenza. 

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