Barraca y tangana
La opinión de Enrique Ballester | Memorias del Castellón de Dick Schreuder
Primera temporada | Empezamos rompiendo aguas y acabamos atravesando el fuego. Por el camino, aprendimos de Dick Schreuder

Un atardecer feliz en Castalia. / E. B. C.

*Artículo publicado originalmente en el extra del ascenso del Periódico Mediterráneo.
El Castellón anunció la contratación de Dick Schreuder y yo no sabía quién era Dick Schreuder. Obviamente. A los pocos días me tocó trabajar y propuse escribir una pieza que explicara cómo juegan los equipos de Dick Schreuder, aunque jamás había visto jugar a un equipo de Dick Schreuder, también obviamente. Recurrí entonces al periodismo de investigación y tecleé en Google 'Dick Schreuder'. Por tercera vez en un párrafo: obviamente.
La pieza se tituló 'Así es el fútbol de Dick Schreuder' y se publicó el 1 de julio del 2023. La leo ahora y me impresiona lo bien que expliqué cómo juegan los equipos de Dick Schreuder sin saber cómo juegan los equipos de Dick Schreuder.
El primer fichaje
El día anterior, el 30 de junio, había salido de trabajar algo tarde. Estaba cansado (obviamente, etc.) y tenía algo de prisa porque ya estábamos instalados para el verano en Benicàssim. Recuerdo que Hija Número 1 estaba de campamentos musicales. Recuerdo que Hijo Número 2 dormía. Con bastante pereza me senté en la terraza, encendí el ordenador y me puse a programar la ya famosa pieza 'Así es el fútbol de Dick Schreuder' para que se publicara en la web al día siguiente. Entonces apareció Delia y me dijo que había roto aguas. Hijo Número 3 iba a ser el primer fichaje del Castellón de Dick Schreuder.
Delia me concedió un par de minutos de margen. Menos mal: aún debía añadir las fotos, las etiquetas y un par de enlaces.
Cuando llegamos al hospital había un guardia civil en la puerta. Delia se fue a por él, como si fuera un recepcionista, y le dijo "es que he roto aguas". El pobre hombre, que estaría ahí vigilando a algún delincuente, se encogió de hombros y le indicó el camino: "Es por ahí, creo".
Era por ahí, en efecto. Gracias a la Guardia Civil, Hijo Número 3 nació y durante un tiempo me dediqué a mi tarea favorita: las cosas de padres. Junté parte del permiso de paternidad con vacaciones. Mentiría si dijera que pensaba mucho en el Castellón de Dick Schreuder. De vez en cuando recordaba el tuit que escribió Voulgaris, el presidente, para anunciar la llegada de Schreuder. "Esto va a ser divertido", tuiteó Voulgaris. Él sabía cómo era el fútbol de Schreuder sin tener que buscarlo en Google.
Investigando
De vez en cuando, también, el Castellón fichaba a alguien y yo no conocía a nadie. Recurría entonces al periodismo de investigación y tecleaba en Google sus nombres.
Ya lo sabéis: obviamente.
En pretemporada pude ir a un partido y empecé a entender cómo es el fútbol de Dick Schreuder. Salimos de Castalia pensando que no habría término medio: "O lo echan en octubre o somos campeones".
En esa época, no tener que trabajar, no estar pendiente del día a día del equipo y, sobre todo, tener en casa preocupaciones mayores, me permitía encarar la temporada desde una perspectiva saludable. Limpio de prejuicios, podía ir a Castalia sin esperar nada. Con una curiosidad sana.
Al primer partido de Liga acudí con Hijo Número 2, que cumplió siete años en septiembre. Le encanta jugar a fútbol, pero verlo no tanto. Siempre decía que se aburría ("¿por qué no van a la portería?") hasta que vio al Castellón de Dick Schreuder: "¡Juegan como nosotros!".
Una bola se hace grande
El Castellón ganó aquel primer partido y poco a poco la bola fue creciendo. En mi memoria asoman esos meses como una experiencia fascinante. La extraña sensación de ir a Castalia con la seguridad de que te lo ibas a pasar en grande. Los goles, la ola y el millón de ocasiones. Cómo sería el tema que hasta un día vino al fútbol Hija Número 1, autora de la célebre frase 'papá, el fútbol es una bobada'. Felices atardeceres.
A mediados de octubre (oh, no), volví al trabajo. Lo primero que escribí fue un reportaje sobre Gonzalo Crettaz. Es lo mejor de mi oficio: si tengo curiosidad por algo, pregunto. Hablé con Óscar Cano, que lo había tenido en el Badajoz, y con Carlos Gómez, el entrenador de porteros y uno de los responsables de su fichaje. También busqué su nombre en Google y ya no voy a escribir más veces 'obviamente'.
Cuando acaban las temporadas, me gusta mirar qué he escrito durante todos esos meses. Los años los recuerdo así. 2018 no fue tanto el año del ascenso a Segunda B, por ejemplo, sino el año en el que tuve el privilegio de entrevistar a Dragomir Racic.
Una producción sorprendente
Me suele asombrar mi producción, modestia aparte. Me canso solo de pensar que fui capaz. Las crónicas, las ruedas de prensa y las noticias 'normales' no me sorprenden, pero sí el hecho de haber encontrado la motivación para realizar ciertas entrevistas y reportajes que a veces parecen no importar a nadie.
Pero me importan a mí, que me gustaría leer cosas así, y para eso hay que complicarse, aunque me agobie: este año hablé con el descubridor de Villahermosa, con excompañeros de Nikita y con los exentrenadores de Alberto Jiménez; pregunté por la historia de Chirino para titular 'El viaje de Chirino', pasé horas en la hemeroteca para construir el puzle de Antenor Ferreira y recordar los cien años del Sequiol; levanté el teléfono para hablar con Paco Botella de Elvis Presley y fútbol salvaje y con Óscar Fernández de la salud mental de los jugadores; usé la evolución del juego de Calavera, Óscar Gil y Manu Sánchez para explicar el trabajo de los analistas; reinventé el concepto 'días libres' para transcribir y editar cuatro páginas de entrevista gozosa a Dick Schreuder, contacté con viejos amigos para invocar la devolución del ascenso que Murcia nos debía y me subí al carro del Elijo Creer de Javier Hernández.
Y más, pero no cabe. Creo que si a veces explicáramos lo que hacemos, y cómo y para qué, nos odiarían un poquito menos los lectores.
Este año di incluso alguna noticia. Hablé 10 segundos con Voulgaris. Solo escribí dos opiniones (y las podéis buscar en Google). De la primera estoy bastante orgulloso porque fue después de la derrota ante el Córdoba y pensé que era necesario, como si eso fuera importante. La segunda fue sobre un regalo que me hizo el fútbol: el abrazo de Hijo Número 2 en Murcia después de la parada de Gonzalo.
Empezamos rompiendo aguas y acabamos atravesando el fuego. Eso queda para siempre.
Ya entonces sabía algo sobre el Castellón de Dick Schreuder. Aprendimos mucho y lo digo ahora sin buscar en Google: es el puto amo Dick Schreuder. Mi favorito. Lo explicaré mejor, si puedo, el año que viene.
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