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La crónica del Valladolid-Castellón: Una obra maestra (0-4)

El CD Castellón golea al Real Valladolid y asalta el liderato a base de pelota parada, compromiso y contundencia

Gol inicial de Camara, doblete de Diego Barri y golazo de Cipenga para coronar una tarde memorable en Pucela

El Castellón celebra uno de sus goles al Real Valladolid, en Pucela.

El Castellón celebra uno de sus goles al Real Valladolid, en Pucela. / LaLiga

Enrique Ballester

Enrique Ballester

Castellón

Nunca en su centenaria historia había ganado en Pucela, y qué. El CD Castellón sigue empeñado en convertir los nuncas en siempres y los sueños en absoluta realidad. El equipo de Pablo Hernández escribió un nuevo capítulo de una temporada memorable al golear al Real Valladolid por cero tantos a cuatro. Lo hizo sin alardes, movido por la confianza y el convencimiento de tener un plan y hacer lo correcto, asido a una de sus múltiples caras guapas: en Zorrilla tocó la receta del compromiso, la contundencia y la pelota parada.

Y el equipo. Vaya equipo y vaya vestuario. En la primera jugada del partido, el local Biuk encaró al debutante Fadel. En la primera jugada del partido, Fadel supo dos cosas: iba a sufrir, pero no estaría solo. La generosa ayuda de Gerenabarrena a un compañero en apuros evidenció una de las claves del fascinante Castellón de Pablo Hernández: la fuerza del colectivo por encima de todo.

El Castellón juega junto, compite junto y gana junto. Ese espíritu grupal es fundamental para compensar las ausencias y mantener el rendimiento en el largo plazo. El joven Fadel reemplazó, en el costado derecho de la zaga, al veterano Mellot, el único futbolista que había disputado todos los minutos. No fue la única novedad relevante, con Sienra relevando al sancionado Brignani en el eje de la zaga. Además, con Cala en el banquillo, Raúl Sánchez y Suero picotearon sus zonas de influencia intercambiando terreno desde el costado derecho.

Sin tres piezas de peso, el Castellón se plantó en Valladolid y se marchó al descanso ganando cero a tres. El conjunto local fue valiente y adelantó líneas para emparejar marcas por todo el campo, lo que dejaba a criterio de Matthys las decisiones cruciales en la salida. El portero del Castellón interpretó bien el paisaje, pero le faltó un punto de precisión en los pases medios y largos. El panorama mutó en atasco.

La estrategia

Ocurre, eso sí, que el Castellón maneja múltiples herramientas para ser competitivo. Una de las más fructíferas está siendo la pelota parada, ya sea en primera acción o en la segunda jugada. En el minuto 21, Gerenabarrena recogió un despeje tras un córner, amagó con la potencia y dañó con la sutileza. Gere conectó con Camara en el corazón del área, y el delantero maniobró para ganar el espacio y batir al meta con un disparo raso.

Camara y Alberto, tras el 0-1.

Camara y Alberto, tras el 0-1. / LaLiga

Los albinegros doblaron pronto la ventaja, y otra vez a pelota parada. El pie izquierdo de Suero es un tesoro que comba caramelos desde la banda. El mediapunta orellut botó una falta que cabeceó Barri a la red, con poderío, subrayando la dinámica de un Castellón en estado de gracia.

El 0-2 encrespó a la grada y el Castellón se dejó llevar, durante unos minutos, por un cierto ambiente de caos. Matthys encadenó un par de secuencias desordenadas que no fueron gol por diferentes motivos. Primero Maroto no aprovechó un pase en falso con un disparo lejano y desviado, luego Sienra enmendó en el área un balón perdido en la salida y, por último, cuando Chuki acertó con una vaselina tras ganar la espalda a Sienra, apareció el VAR para anular el gol con un fuera de juego milimétrico, de esos que duelen si te tocan en contra.

Pasado el susto, el Castellón recuperó el orden. Suero rozó un golazo tras una combinación múltiple con Gere y Cipenga, y Barri lo cazó, en el minuto 38, al embocar otro balón suelto a la salida de un córner. Aun antes del descanso y para reafirmar la dicha, Matthys se agigantó para negar el gol a Biuk, a quemarropa.

La segunda mitad

En el descanso, con 0-3, el entrenador del Valladolid trató agitar el partido con un triple cambio. Los locales necesitaban que pasara algo y apretaron de vuelta de los vestuarios, jugando directo a la espalda y cargando el área alrededor de Latasa. El capitán Meseguer marcó en el minuto 51, al cabecear un córner, pero el Castellón se libró de nuevo por un pelo: la rosca del centro había superado la línea de fondo.

A esas alturas ya parecía que el destino también estuviera jugando. Milagrosamente, en otro córner, nadie embocó una prolongación de Peter que se paseó a un palmo de la línea de gol albinegra.

El Castellón reaccionó a la hora de juego. Un acción de ataque, con varias oleadas, propició un disparo de Barri que repelió la madera. A continuación, Pablo activó la palanca de los cambios y Suero y Raúl dejaron paso a Cala y Mabil, cada uno en su puesto. No tardó en salir Jakobsen por Camara en la punta del ataque.

El tramo final

El Castellón había conseguido bajar las revoluciones del duelo, aunque el Valladolid siguiera asomando en modo goteo, con escasa fe. Por si quedaba alguna duda, en el minuto 81 llegó el momento del arte, con el pincel de Cipenga. Recibió de Cala, frenó en el pico del área y enroscó un disparo precioso a la escuadra. La afición local se levantó para aplaudir el golazo y al poco se escuchó el Pam, pam, orellut en Pucela, cantado por los albinegros, que hoy se van a dormir primeros, con dulces y grandes sueños. Una obra maestra.

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