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CENTENARIO MEDITERRÁNEO

100 años de Castellón, con Mediterráneo

Cien años no son nada. Castellón ha vivido un siglo, de 1925 a 2025, en plena transformación

Una provincia que avanza a pasos de gigante en todos los ámbitos, con el pasado como epílogo y el futuro como impulso

Plaza de la Farola

Plaza de la Farola / MEDITERRÁNEO / ARCHIVO PACO FABREGAT (SUCINE)

Javier Soriano / Pablo Marco / Vicent Sanz

Castellón

La provincia de Castelló iniciaba la década de 1920 con una población de 325.211 habitantes, tras experimentar en los años anteriores un descenso de más de 15.000 personas por las epidemias de gripe (1918 y 1919) y efectos de la crisis económica de la I Guerra Mundial, que causó corrientes migratorias hacia Cataluña y Francia. La recuperación demográfica fue lenta en los años 30 por la persistencia de la emigración y las secuelas de la guerra civil. En 1950 se alcanza una población similar a la de 1910, con un crecimiento paulatino del censo en las décadas posteriores, especialmente a partir de los años 60. Las aportaciones de inmigrantes de otras regiones (La Mancha, Andalucía, Aragón) junto al baby boom son la causa principal de este crecimiento, que no ha cesado desde entonces hasta alcanzar los 632.489 habitantes actuales.

En los primeros años del presente siglo, de hecho, se registró un aumento de casi 120.000 habitantes en una década, para duplicar la población de principios del XX. El crecimiento económico (auge del ladrillo) y de la inmigración (Magreb, Latinoamérica y Rumanía), impulsada por la demanda de mano de obra, explican esas cifras. Y es que entre 1999 y 2012 el número de extranjeros residentes se multiplicó por diez hasta llegar en 2025 a suponer el 19% de la población castellonense.

«He visto muchos cambios, como la construcción de la estación nueva o la circunvalación»

Juan Ribeiro

— Lector

El fenómeno del éxodo rural, por otra parte, empezó a manifestarse en la década de 1910, con un traslado de población del interior hacia la costa y otras regiones españolas, principalmente Barcelona. El proceso se aceleró a partir de los años 50 y especialmente los 60. Las comarcas más afectadas fueron Els Ports y el Alto Mijares, seguidas del Alt Maestrat y, en menor medida, el Alto Palancia, donde los flujos migratorios se dirigieron a Segorbe. El Baix Maestrat y l’Alcalatén mantuvieron una densidad similar, aunque el grueso de sus habitantes se concentraba, respectivamente, en Vinaròs-Benicarló y l’Alcora.

Uno de los resultados de esta dinámica demográfica y territorial es que en la segunda mitad del siglo XX se produjo una urbanización sin precedentes: en 1900 el 81% de la población residía en núcleos menores de 10.000 habitantes, pero en 1950 sólo lo hacía el 65% y, en 2024, el 23%. En las últimas décadas la tendencia se acrecienta y en el interior se asiste, además, a un progresivo envejecimiento, con un porcentaje de mayores de 65 años del 25% al 35%, superior a la media provincial (18,7%). El despoblamiento asociado a este proceso conlleva el abandono y desaparición de buena parte de las masías y entidades menores (pedanías, aldeas, etc.), aunque algunas son reconvertidas en segundas residencias o alojamientos de turismo rural.

Vista aérea de Castelló, la capital, con la plaza de la Independencia, el parque Ribalta y la ronda

Vista aérea de Castelló, la capital, con la plaza de la Independencia, el parque Ribalta y la ronda / Manolo Nebot

De nuevo contrasta esta situación con un litoral cada vez más urbanizado y sometido al impacto del turismo, con numerosas urbanizaciones y amplia oferta hotelera en núcleos como Peníscola, Alcossebre, Orpesa o Benicàssim. La costa al sur de la capital presenta un perfil diferente, con predominio de viviendas unifamiliares, aunque en las últimas décadas también se ha producido una intensa urbanización de formato vertical en municipios como Moncofa.

Este último proceso cabe entenderlo en un escenario de contraurbanización que afecta a localidades costeras y el entorno de la conurbación de Castelló, donde algunos municipios convierten sus capitales en auténticas ciudades dormitorio, atrayendo nuevos moradores debido al precio más asequible de la vivienda y a la descentralización de la industria azulejera.

«Me gusta como está el centro ahora y las mejoras en Trinidad y Asensi. También las terrazas y el tardeo»

Juani Mansergas

— Lector

Del mismo modo, la mejora de las comunicaciones en los municipios de la Plana Baixa y su cercanía al área metropolitana de València son factores que derivan en una rururbanización en localidades como Xilxes o Almenara, donde muchos de sus vecinos son commuters y acuden a diario al cap i casal o alrededores por motivos laborales.

En cuanto a la actividad económica, a principios del siglo XX todavía subsistía una estructura productiva bastante tradicional, con un predominio de la actividad agraria, destacando la comercialización de la naranja en la Plana, sin olvidar el aprovechamiento forestal, cierta actividad minera en Els Ports y la producción textil en el Maestrat, así como la industria cerámica en Castelló, Onda y l’Alcora.

«Ha habido un aumento de población increíble. Ahora la ciudad es mucho más cosmopolita»

Javier Granell

— Lector

El aperturismo de los años 50

A partir de los años 50, con el aperturismo de la economía franquista, se registra un gran incremento de la industria, con polos como Vinaròs-Benicarló (mueble y empresas químicas) y, sobre todo, en la Plana (el primitivo triángulo azulejero de l’Alcora-Onda-Ribesalbes se extiende hasta Castelló, Vila-real y Sant Joan de Moró), que se consolida como el área de mayor dinamismo de la provincia con su economía de escala. Además, en la capital se desarrolla un importante complejo petroquímico desde 1967 (refinería de Petromed y planta de Proquimed) que posteriormente se completa con la central térmica de Hidroeléctrica Española. Al sur se encuentra la Vall d’Uixó (calzados) y en el interior únicamente cabe mencionar cierta actividad industrial en Vilafranca (hasta hace poco subsistía la fabricación textil).

Paralelamente, experimentó un gran crecimiento el sector servicios, de la mano del turismo, hasta entonces minoritario restringido a municipios termales (Benassal, Catí, Montanejos, Navajas, la Vilavella, Viver) o costeros (Benicàssim). A partir de los años 60 el auge del modelo de sol y playa supone un impulso para el litoral, en Peníscola, Alcossebre, Orpesa o Benicàssim, que convierten su tradicional economía agrícola en otra terciarizada.

«El centro de Castelló se ha quedado solo. Cada vez hay menos variedad de negocios, está irreconocible»

Rosa María Badenes

— Lectora

En el último cuarto del siglo XX se asiste también a una gran expansión de la industria cerámica, que ha llegado a representar, con sus efectos multiplicadores, hasta el 80% de la actividad económica provincial. Se concentra en la Plana y un triángulo azulejero que se expande a municipios como Vilafamés, Cabanes, Nules o la Vall d’Alba, en los que han surgido nuevos polígonos industriales.

En el interior, la crisis de la agricultura y el abandono de campos por el éxodo rural han propiciado un cambio hacia una actividad agraria más comercial, complementada con otras fuentes de riqueza, como el turismo rural. En cualquier caso, la agricultura en la provincia sigue conservando un gran potencial, con más de medio millón de hectáreas cultivadas gracias en parte a un regadío que asistió a la construcción de embalses como los de Sitjar (1958) y Arenós (1980) en el río Millars, Regajo (1959) y Algar (2000) en el Palancia o Ulldecona (1959) en el fronterizo Sénia.

El sector pesquero, por su parte, arrastra desde hace décadas una crisis prácticamente estructural, aunque puertos como Castelló, Borriana y los tres del norte (Benicarló, Peníscola, Vinaròs) fueron durante muchas décadas líderes en capturas de determinadas especies. Las instalaciones portuarias, en cambio, han resultado claves en la vocación exportadora de la economía castellonense, destacando el puerto de Castelló, que multiplicó su tráfico a partir de los años 60 y ha incrementado su capacidad logística con las ampliaciones de los últimos años. El de Burriana, que en 1925 se encontraba en plena construcción, ha acabado centrándose en actividades pesqueras y complementarias, pese a la clara orientación comercial que suscitó su creación.

«En estos años, he notado un bajón a nivel comercial. Se han jubilado muchos negocios locales»

Mª José Company

— Lectora

Junto al boom inmobiliario y el auge cerámico se ha consolidado el proceso de terciarización, con un gran desarrollo del sector servicios, que ocupa a más de las dos terceras partes de la población activa provincial. En este marco económico, la apertura de centros comerciales en la periferia de las áreas urbanas de Castelló y Vinaròs-Benicarló, la inauguración de El Corte Inglés en la capital de la Plana, junto con el auge del comercio electrónico, representan una seria competencia para el comercio tradicional y están provocando una transformación de los centros urbanos.

Toma de la ciudad por las tropas franquistas el 14 de junio de 1938m, seguida de un control absoluto. También fue el inicio de 'El Mediterráneo' al incautar 'Diario de Castellón'

Toma de la ciudad por las tropas franquistas el 14 de junio de 1938m, seguida de un control absoluto. También fue el inicio de 'El Mediterráneo' al incautar 'Diario de Castellón' / Wamba, para la exposición 'Diario de una ciudad', en el Heraldo de Castellón

El paisaje de la provincia también se ha visto alterado por la construcción de las infraestructuras de comunicaciones. En la década de 1920 la red principal de carreteras estaba formada por los ejes Barcelona-Cádiz, Castelló-Sant Mateu y Vilafamés-Albocàsser, que discurrían en sentido N-S. Más de medio centenar de núcleos urbanos carecían de carretera, siendo Els Ports, la Tinença de Benifassà, la sierra de Espadán y algunas áreas del Maestrat los territorios más afectados.

La crisis económica de los años 30 y la devastación que supuso la guerra civil provocaron un estancamiento primero, y un retroceso después, en la creación de nuevas infraestructuras. La red local fue la única que experimentó una notable expansión, reduciéndose el número de núcleos urbanos sin comunicación por carretera hasta los once de 1952.

«Castelló es mucho más internacional. Hay gente de muchos sitios y es una ciudad mucho más abierta»

Jorge García

— Lector

El proceso liberalizador de la economía española supuso, ya en la década de los 60, la implantación de mejoras en la N-340 y la construcción de la Autopista del Mediterráneo (AP-7). La incidencia de estas actuaciones quedó limitada a la fachada litoral, lo que terminó agravando los desequilibrios territoriales costa-interior. Pese a todo, se abrieron nuevas carreteras que permitieron conectar entre sí muchas de las vías ya existentes.

En el último medio siglo la red viaria se ha adaptado al enorme aumento del tráfico rodado con la construcción de variantes y circunvalaciones (N-340 y N-234), autovías (A-23, A-7/CV-10 y CS-22) y nuevas vías. También se han desdoblado tramos de diversas comarcales, especialmente en la conurbación de Castelló y el distrito industrial cerámico.

La red ferroviaria provincial permaneció prácticamente sin alteraciones hasta mediados de los años 60. El primer cambio significativo fue el desmantelamiento de la Panderola en 1963, mientras que la modernización de la red de ancho ibérico se inició en los 70 con la electrificación de la línea Valencia-Tarragona, así como su desdoblamiento, iniciado en 1985 y que no fue concluido hasta finales de la siguiente década, a lo que se sumó el soterramiento de las vías a su paso por Castelló y la inauguración de la nueva estación en 2000.

«He visto cómo la ciudad se hacía grande. Antes, la avenida del Mar eran todo huertos»

Vicenta Felip

— Lectora

Corredor y Aeropuerto nos conectan

Las últimas actuaciones se centran en adaptar este tramo del corredor mediterráneo al ancho de vía internacional (instalación del tercer carril en la sección entre Castelló y Valencia), lo que permitió la llegada del AVE a Castelló en 2018, mientras que la electrificación de la línea Sagunt-Zaragoza está actualmente en ejecución. Completa las comunicaciones de la provincia el Aeropuerto de Castellón-Costa Azahar, ubicado en las inmediaciones de Vilanova d’Alcolea. Pese a la polémica que acompañó su construcción y los recelos que generó su inauguración en 2014, hoy se acerca a los 300.000 viajeros anuales, desarrollándose además como un polo de la industria aeronáutica.

Las dotaciones de servicios públicos han experimentado también un notable crecimiento. Si en la década de 1920 sólo existía el Hospital Provincial, con unas 500 camas, actualmente la red hospitalaria provincial cuenta con el General de Castelló y los de la Plana (Vila-real) y Vinaròs, así como un hospital privado en la capital. La red pública dispone actualmente de algo más de 1.200 plazas hospitalarias, es decir, una cama por cada 500 habitantes frente a las 650 de hace un siglo.

Algo similar ocurre con los centros educativos, pasando del único instituto existente en 1925 (el Francisco Ribalta) a los 48 actuales. Este siglo ha supuesto asimismo la llegada de la educación superior a la provincia, con la creación en 1969 del CUC, antecesor de la actual Universitat Jaume I (UJI). Y desde 2010 funciona también en Castelló el campus de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

«Llevo 20 años viviendo en la Guinea y necesita muchas mejoras, como el asfaltado de las calles»

Enrique Cabedo

— Lector

El cambio –o cambios– en estos 100 años han sido tremendos, hasta el punto de hacerse complicado reconocer el territorio de hace décadas. Ahora toca afrontar los retos del futuro.

La historia de Mediterráneo y una ciudad, entre dos dictaduras y una Transición, tiene tres fechas clave para el análisis histórico.

En septiembre de 1923, y con la aquiescencia del propio monarca Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, daba un golpe de estado por el que se instauraba una dictadura militar. El desastroso devenir de la guerra en Marruecos, las protestas sociales generadas por el alza de los precios, el paramilitarismo que comenzaba a cuajar entre las juventudes radicalizadas (y en otros no tan jóvenes) de las distintas agrupaciones del conservadurismo político español y el temor de las elites económicas y políticas a que se les escapara de las manos el control de las instituciones que consideraban como algo propio serían algunos de los ingredientes que explicarían -como lo han hecho Enric Ucelay da Cal, Xavier Casals, Eduardo González Calleja o Alejandro Quiroga- la «necesidad» de establecer un régimen dictatorial para restaurar un supuesto orden que, entre otras cosas, sirviera para evitar el estallido de una indeseada revolución.

El gobernador militar de Castellón, Juan García Trejo, movilizó las tropas en apoyo al golpe y ordenaba la deposición del ayuntamiento de abrumadora mayoría republicana salido de las últimas elecciones municipales de febrero de 1922. La articulación de la dictadura pasaba por el nombramiento de nuevas autoridades a nivel local y provincial, para lo cual se recurría al personal vinculado a organizaciones y asociaciones confesionales de Castellón. El peso de Jaime Chicharro Sánchez Guio, aunque muy pronto trasladó su domicilio a Madrid, resultó uno de los anclajes fundamentales de esta etapa en la provincia de Castellón. Así, prosiguiendo su tarea proselitista, auspiciaba la aparición de un nuevo periódico de tintes católicos y conservadores, como órgano de la Federación Castellonense de Sindicatos Agrícolas.

«La mejora de Lledó era necesaria y se han construido edificios como la Ciudad de la Justicia»

Juan Ramón Delgado

— Lector

Tradicionalismo reaccionario

Con fecha 15 de mayo de 1925 comenzaba a distribuirse por las calles castellonenses el primer número del Diario de Castellón, con un precio de 10 céntimos. Jaime Chicharro era una de las principales caras del tradicionalismo más reaccionario de la provincia. Hijo de un alto oficial del ejército carlista originario de La Mancha acabaría por formar parte en 1916 de la recién constituida Junta Provincial Carlista promovida por Manuel Bellido. En 1919 se alinearía con Juan Vázquez de Mella en su ruptura con el pretendiente carlista. Su matrimonio con Dolores Lamamié de Clairac, hermana del terrateniente salmantino José María Lamamié de Clairac, le emparentaba con una de las familias de mayor influencia en el entorno del tradicionalismo lo que le facilitaría la articulación de una red clientelar poderosa y extensa en la comarca de la Plana de la que él era la cabeza visible.

El carácter confesional de la nueva publicación se erigirá como una de las líneas principales de su contenido. No en vano, desde finales del siglo anterior, y frente al arraigo de las organizaciones sindicales de clase, la jerarquía eclesiástica venía desarrollando una estrategia que las contrarrestara mediante una movilización que perseguía la recatolización de la sociedad. Frente a los avances en los procesos democratizadores -por nimios que estos fueran- que agrietaban las prácticas de control social y político del que habían disfrutado hasta entonces en exclusiva las elites tradicionales, consideraban preciso reclutar y activar aquellos sectores sociales más reacios a los grandes cambios y más proclives al mantenimiento de un supuesto «orden social» basado en la defensa de la propiedad. El cooperativismo agrario confesional -como Samuel Garrido analizó con precisión- será uno de esos instrumentos destinados a la movilización de las bases católicas. De igual manera que lo sería la ocupación del espacio público mediante la erección de múltiples símbolos confesionales siguiendo las directrices del Papa León XIII: la cruz del Bartolo se erigirá en 1902. O la promoción de un asociacionismo femenino con la Junta de Señoras para la Defensa de los Intereses Católicos de Castellón en marzo de 1921. O la proliferación, durante esta Dictadura de Primo de Rivera, de festividades religiosas que tenían por objetivo el ocupar las calles de las ciudades con procesiones, imágenes y grandes celebraciones, con la coronación pontífica y canónica de la Mare de Déu de Lledó en mayo de 1924 como principal exponente de estas estrategias.

No faltarán las «campañas de moralidad» del gobernador civil Pablo de Castro, exigidas por las señoras católicas en las páginas de su Boletín, destinadas a los espectáculos públicos programados en la ciudad.

«Antes la estatua del rey don Jaime estaba en el centro de la plaza. Ha vivido un cambio completo»

Juan Luis Gonell

— Lector

Las elecciones de 1931 llevarán al final de la Dictadura, al final de la monarquía y a la proclamación de la República. En esta nueva coyuntura el Diario de Castellón mostrará un perfil muy próximo a la cabecera principal del catolicismo político que era El Debate y se alineará con la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) tras su constitución en 1933. El 19 de julio de 1936, justo un día después de que se iniciara el golpe de estado contra la República, se publicaría su último número. En agosto de ese año el material y la maquinaria del periódico será incautado por el Taller Colectivo de Sociedades Tipográficas -de la misma manera que ocurrió con los periódicos Heraldo de Castellón y República-, y en febrero de 1937 la Diputación Provincial reclamará para sí ser depositaria de esos bienes incautados.

La toma de la ciudad por las tropas rebeldes el 14 de junio de 1938 vino seguida de un control social, político y cultural que se filtraba, desde el poder, hasta los aspectos más cotidianos de una ciudad que intentaba superar el conflicto civil. La Ley de Prensa aprobada en Burgos en abril de 1938 convertía las publicaciones periódicas en una herramienta al servicio del Estado, transmisora vertical de consignas y agente de adoctrinamiento en el marco hegemónico del falangismo de guerra.

Junta de accionistas de PECSA, con Ángel Pérez Ponz en la presidencia (años 80).

Junta de accionistas de PECSA, con Ángel Pérez Ponz en la presidencia (años 80). / Mediterráneo / Archivo

Franco, Franco, Franco’ en portada

La primera portada de El Mediterráneo, del 16 de junio de 1938, con una impresión a toda página con la imagen de Francisco Franco, envuelta de las consignas El Caudillo, ¡Arriba España!, en sus laterales, y ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!, sería ejemplo de lo que la nueva dictadura vendría a significar. Era ahora el turno de la dominación del partido único. FET de las JONS se incautaba de los talleres, maquinaria y rotativas (en Caballeros, 11) que habían pertenecido al desaparecido Diario de Castellón. Para poner en marcha la nueva publicación se encomendó la tarea a Ramón Villota Vinuesa -que acabará en poco tiempo en la redacción guipuzcoana de Unidad-. Vendrán poco después a sucederle Terencio Puig Peiró -en julio de 1938-, quien había sido presidente de la Asociación de Prensa Valenciana en 1929 y redactor jefe del Diario de Valencia, y Maximiano García Venero -en noviembre de 1939-, quien había colaborado estrechamente en 1935 con Rafael Sánchez Mazas y José Antonio Primo de Rivera en que viera la luz una publicación propiamente falangista con la denominación de Arriba.

«La periferia se ha hecho mucho más grande, y hay más cultura y más población ahora»

Merche Peña

— Lectora

En el verano de 1940 llega a la dirección de Mediterráneo -ya sin el artículo- Obdulio Gómez Gamero, quien había sido parte de la fundación del periódico F.E. de Sevilla, en donde ocupó funciones en el Gabinete de Prensa al servicio de Queipo de Llano, posteriormente director de Alerta en Santander y que llegará a ser jefe de prensa del Frente de Juventudes. En todo este tránsito inicial se le incorporó, 19 de diciembre de 1939, la denominación de Diario de Falange Española Tradicionalista y de las JONS en su cabecera, junto con la sustitución del águila imperial por el yugo y las flechas falangistas. Con la ley de 13 de julio de 1940, todas las propiedades -imprentas, rotativas, talleres, oficinas, material…- de todas las publicaciones que a lo largo de la guerra y hasta esa fecha habían sido apropiadas por el Estado rebelde franquista pasaban a considerarse como patrimonio privativo de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de FET de las JONS. Cerca de medio centenar de cabeceras en todo el territorio español configurarán lo que pasará a conocerse como Prensa del Movimiento. En 1956, una tercera parte de la prensa de España estaba bajo el férreo control del partido único, convirtiéndose en una de las herramientas de propaganda -que no de información- más efectivas durante la dictadura en España.

La Prensa del Movimiento, tras la muerte del dictador -hace 50 años en estas fechas-, pasará a convertirse en Medios de Comunicación Social del Estado para iniciarse su proceso de disolución en el nuevo marco democrático que la Transición había abierto. Una Transición que no dejaba de estar condicionada por multitud de conflictos y en la que la violencia sería un protagonista lamentablemente cotidiano. Los trabajos de Sophie Baby, Víctor Pérez Aparicio y Xavier Casals han permitido acabar con el mito de la transición pacífica: 714 muertes fruto de la violencia política en el Estado español entre 1975 y 1982. Montejurra, ETA, Atocha… el propio Estado. En un contexto internacional -que David C. Rapoport ha denominado «tercera oleada internacional de terrorismo»- en el que entre 1970 y 1989 hubo 4.945 víctimas mortales objeto de asesinatos terroristas en Europa. La violencia no sería fruto de la Transición, sino de quienes desde un lado u otro -o desde el interior del propio Estado- se resistían a ella. Una pugna cotidiana en la que todo estuvo en discusión. La instauración de un sistema democrático tras cuatro décadas de dictadura franquista no fue fruto de un plan preestablecido en los despachos ministeriales ni fue obra de una «transacción vergonzante». Carme Molinero y Pere Ysàs han puesto de relieve cómo la debilidad derivó en necesidad de llegar a vías para encontrar una salida: y el peso de la calle, del asociacionismo vecinal, de las organizaciones sindicales, las protestas estudiantiles, resultaron fundamentales en la consolidación democrática.

Cortejo fúnebre tras los asesinatos de Atocha

Cortejo fúnebre tras los asesinatos de Atocha / Mediterráneo /Archivo

La libertad de expresión

A pesar de la muerte del dictador, la Ley de Prensa instaurada en 1966, aprobada por Manuel Fraga en su etapa de ministro de Información y Turismo, seguía en vigor dificultando la labor periodística que buscaba convertirse en una herramienta informativa. No en vano la Alianza Popular fundada en octubre de 1976 por el propio Fraga y otros ministros franquistas -con López Rodó, Fernández de la Mora o Silva Muñoz, entre otros-, votaría en contra de la Ley de Reforma Política de enero de 1977 y en contra de la Ley de Amnistía de octubre de 1977.

No será hasta abril de 1977 en que se aprobaría el decreto que dejaba de condicionar el ejercicio de la libertad de expresión a los Principios del Movimiento Nacional aprobados en mayo de 1958. Con el triunfo del PSOE en las elecciones legislativas de 1982 se procederá al desmantelamiento definitivo de la Prensa del Movimiento mediante la privatización de aquellas cabeceras que la habían configurado. En 1984 la subasta de Mediterráneo se concretó en su adjudicación por 69 millones de pesetas a Promociones y Ediciones Culturales (PECSA), sociedad constituida en febrero de ese año en el Registro Mercantil, en una dura pugna con Sociedad Anónima Mediterránea de Ediciones y Comunicaciones.

*Javier Soriano es profesor de Geografía Humana; Pablo Marco, profesor de Análisis Geográfico Regional; y Vicent Sanz es profesor de Historia Contemporánea en la UJI.

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