El apunte
Lo mejor está por llegar...y viaja hasta el final

Noelia Martínez. / Toni Losas

Me despierto. Con la mente conectada al canal del Periódico Mediterráneo, en red telepática facilitada por la Inteligencia Artificial biónica -ahora, nuestra nueva compañera, resabidilla y brillante-. Mi cerebro ya ha recibido las noticias del día en su chip, ha filtrado y aplica lo que más le interesa a mi perfil. No es Google Discover. Va directo a la mente. Abro la nevera y elijo un desayuno en base al artículo de hoy de los nutricionistas -más saludable-, ropa de abrigo y paraguas tras llegar la predicción de Aemet. Envío el correo automático solicitando la nueva ayuda pública para costear gafas -ahorrar ya no es necesidad, sino deber-, añado a la cesta el libro que hoy se lanza -una alegría para el alma- y me anoto por voz tres quejas en cola remitidas a la app de la Administración -¿por qué las raíces de los árboles siguen destrozando aceras?-. Se me encoge el corazón -tras el flash de... ciertas catástrofes-. Y conduzco sin darme cuenta por la ruta más rápida para evitar las obras -mi mente se anota la fecha prevista de ¿final?-. Y ya, de nuevo, en el sitio. En Mediterráneo. A pensar qué le interesa y qué podemos hacer para cumplir los tres mandatos: informar, formar y entretener. Puede consumir la información sobre Castellón en microcápsulas de astronauta (algo más que un simple titular, un breve: ideas concisas y al grano) o reflexionar con un menú de 11 platos.
Internet permite multiformatos. Texto infinito, fotos, vídeos, documentos completos, gráficos, audios, … Y la interacción. Nos lee y opina, debate. Hay un feedback. Las posibilidades son amplias. Nada que envidiar al noticiero de Harry Potter: los gifs (imágenes en movimiento) ya ilustran informaciones. Solo queda el aroma -como en el cine 4D- y el tacto para ser una plataforma multisensorial.
Cada día pasan miles de cosas. De todas no nos enteramos. Somos testigos de pedacitos de la historia. Intentamos reflejar lo que pasa, las tendencias. Defender los intereses de la provincia de Castellón y su ciudadanía nos mueve.
¿Y en lo personal? ¿Cómo me metí en esto? Pues siempre me ha gustado escribir, pero no tenía ni idea de lo que era ser periodista. Y acabé en esta escuela, que es Mediterráneo. De aprender el oficio y de guiarte por el sentido común: por la empatía, ¿qué le puede ir bien al lector/a? Un máster en la UJI me permitió publicar el primer reportaje de colaboración donde una experta relataba el papel que jugaron las mujeres en la Prehistoria a partir del arte rupestre de la Valltorta. Ese mismo año, en 1999, pisé por primera vez la redacción que se ha convertido en mi segunda casa. Por las cientos de horas de convivencia en una oficina donde hemos bromeado en más de una ocasión con traernos el pijama y las pantuflas. Risas, lloros, nervios, estrés, satisfacciones y decepciones. Aquí recibí la peor de las noticias, un 26 de noviembre. Momentos duros donde agradeces la humanidad de quien te acompaña. Aquí, he hecho amigas para toda la vida. Aquí, todos dan el callo. Pero Mediterráneo no sería nada sin ustedes, sin vosotros. Todo ha cambiado. Ahora el lead en la web se ha invertido. Por eso he dejado lo mejor, para el final.
Gracias: familia, compañeros en redacción y corresponsales, fuentes y lectores.
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