Las imágenes lo dicen todo. De la desesperación al sosiego, Enriqueta Sospedra Centelles ha vivido un mes de trabajo sin descanso para recuperar un hogar devastado por el agua y el fango, tras la tormenta que descargó el pasado noviembre 184 litros por metro cuadrado en apenas unas horas en la Serra d´Irta. Como ella, toda la población de Santa Magdalena recupera el aliento después de 30 días de trabajo sin descanso.

Un mes sin tregua que, en el caso de Enriqueta, ha sido especialmente duro. Con 88 años, esta vecina de Santa Magdalena tuvo que ser sacada de su casa con el agua al cuello. Después del miedo y la inundación, todavía quedaba el fango. "He tenido que contratar a una pareja de trabajadores rumanos para que me ayudaran a quitar todo el barro, porque me agobiaba verlo todo tan sucio", explica. Ahora, muestra su casa resignada por la falta de algunos muebles que ya no espera remplazar: "Ya soy muy mayor para cambiar los muebles", añade.

ELECTRODOMÉSTICOS De una cómoda y unas sillas quizás se pueda prescindir, pero Enriqueta ha tenido que echar mano de sus ahorros para comprar electrodoméstidos nuevos, al menos los más necesarios. Y ha tenido que cambiar también toda la instalación eléctrica de la casa. Y construir una pared nueva en el jardín, abatida por la lluvia. Y mudarse al primer piso de la vivienda, porque la planta baja no soltará la humedad en mucho tiempo. "Han sido muchas cosas, pero lo importante es que yo estoy bien", concluye.

Eliminar el fango de la casa, pintar las paredes para borrar la marca que dejó el agua --todavía queda una habitación por pintar y adecentar--, y reponer todos los desperfectos le ha costado a Enriqueta un mes de trabajos y una importante inversión de dinero que todavía espera recuperar con las ayudas solicitadas a la Conselleria.

LAS AYUDAS NO LLEGAN Enriqueta ha pedido 42.000 euros, unos siete millones de las antiguas pesetas, para reponer todo el gasto realizado y comprar alguna cosa más que se perdió con la lluvia, como la estufa: "Ahora estoy utilizando la estufa vieja, que la tenía arriba para tirar. Ya ves", comenta. De momento, sin embargo, nadie le ha notificado si va a recibir o no ayudas económicas.

Los otros vecinos de los márgenes de la rambla de Alcal no lo han tenido tan mal. La mayoría de ellos no utilizan la planta baja como vivienda y, en cualquier caso, son edificios más anchos donde el agua no subió tanto como en casa de Enriqueta. Para ellos han sido también semanas duras, de limpieza y burocracia. Pero, un mes después, la normalidad se ha instalado ya en sus casas.