La comisión de fiestas se vio obligada a iniciar la semana con un trabajo frenético para conseguir solucionar el problema de la enfermedad de la lengua azul, que les obligó a llevar a los toros exhibidos el sábado al matadero, antes de las 40 horas desde su desencajonado.

El principal inconveniente era encontrar un veterinario y un matadero que trabajaran en domingo, una solución que se obtuvo unas horas antes en Benaguacil.