La citricultura está gravemente enferma, pero el diagnóstico es claro y se sabe lo que ha de tomar el paciente. El que se ponga o no remedio dependerá de los agentes que intervienen: productores, comercializadores y administración. Esa fue una de las muchas conclusiones del debate promovido el pasado viernes por Burriana Foro Social bajo el título ¿Tiene futuro la citricultura?

Intervinieron en la charla-coloquio Vicente Tejedo, jefe de la Oficina de Estrategia Agraria de la Conselleria de Agricultura; Jorge García, al frente de la Asociación Profesional de Exportadores de Frutos de la provincia de Castellón; y Vicent Goterris, delegado provincial de la Unió de Llauradors i Ramaders.

Vicente Tejedo hizo una radiografía de los males que afectan a la actual citricultura destacando la globalización. "No podemos competir contra la mano de obra de Marruecos, Brasil o Suráfrica. Antes, en invierno solo había naranjas y manzanas, ahora hay cerezas, melones y todo tipo de frutas".

OFERTA Otro problema es la atomización de la oferta, dado que en España existen más de 700 empresas que comercializan cítricos y solo 6 ó 7 firmas las que dominan la demanda. "Solo tienen que sentarse y esperar a que baje el precio", comentó.

Sobre la producción, dijo que es un sector desorganizado con mentalidades de hace dos siglos, lo que implica grandes costes de producción. Ante la situación, Tejedo apostó por la tecnología y la diferenciación del producto.

Jorge García facilitó una gran cantidad de datos acerca del comercio mundial, para concluir que existe un exceso de oferta. En los últimos siete años se han vendido 10 millones de plantones. Esto implica 3.500 hectáreas más cada año. "Actualmente tenemos en nuestra zona un millón de toneladas de clementina para meterlas en el mercado en tres meses, lo que supone vender 10 millones de kilos de clementinas diarios; o, lo que es lo mismo, lo que hay que vender en una semana, es lo mismo que va a los Estados Unidos en toda la campaña".

García defendió la necesidad de investigar en nuevas variedades para alargar la campaña hasta abril y abrir nuevos mercados.

Por su parte, Vicent Goterris insistió en que el principal problema es el precio. "De nada nos sirve reducir los costes, si al final regalamos las naranjas", señaló. Goterris lamentó que todo tiene un coste: los convenios con los trabajadores, los impuestos del Estado, el teléfono o la luz, mientras que lo único que no vale nada es el producto.

El representante de la Unió manifestó que al productor un kilo de clementinas, de media, puede costarle 17 céntimos, y al comerciante 29 de confeccionarla, "y luego en el supermercado está a dos euros el kilo".