Alrededor de 2.700 betxinenses se dirigieron ayer a la Muntanyeta de Sant Antoni para rendirle homenaje en la tradicional romería, que dio comienzo cuando los cohetes anunciaron el inicio de la marcha desde la plaza Mayor de Betxí.

Los dol§ainers encabezaban la comitiva que, antes de emprender el ascenso, se detuvo en la calle San Antonio, en la que se encuentra la reliquia del patrón. Pronto, los quintos del 2007 se mezclaron entre los romeros para vender las tiretas de San Antonio y tíquets para el sorteo de un borrego, con el que recaudar fondos para las fiestas de agosto.

Un poco más adelante, los participantes hicieron un alto en su camino para recoger la típica pañoleta y el bocadillo. Este año, la romería vistió de azul, gracias a las pañoletas repartidas de este color, con las letras en blanco.

Se acercaban las 11.00 horas cuando los betxinenses se sentaban para reponer fuerzas. Minutos después, todos afrontaron el reto de subir las empinadas cuestas de la montaña que llevan hacia la ermita. Con el tiempo ajustado, llegaron a la misa en honor al santo, hacia el mediodía.

Asimismo, muchos se quedaron en la ermita y otros tantos prefirieron disfrutar del ambiente de fuera y de las decenas de paradas instaladas en el recinto, como una tómbola, puestos de dulces o el castillo hinchable.

Ya a primera hora de la tarde, la Muntanyeta de San Antoni se fue vaciando. Los romeros abandonaron el paraje para recoger al santo, que les esperaba en una casa a la salida del pueblo, y devolverlo a la iglesia, para allí celebrar la misa solemne.