Una réplica de la patrona de Oropesa, la Virgen de la Paciencia, ya descansa con sus protectoras y restauradoras, las Carmelitas Descalzas de San José y Santa Teresa de Valencia, después de que unos 200 vecinos la acompañarán hasta la capital del Turia. La comitiva, compuesta por tres autobuses, estaba encabezada por el párroco de la localidad, José Aguilella y por el alcalde, Rafael Albert.

Y es que nadie quiso perderse uno de los actos más emotivos desde que la imagen de la patrona fue devuelta al municipio, el 6 de octubre de 1964.

Cuenta la historia que fue "un día normal de faena del septiembre de 1619 cuando la tranquilidad de la villa mediterránea se vio perturbada al ser invadida por dos galeras de moros norteafricanos-". La invasión terminó con casas saqueadas, capturas y destrozos.

Fueron las religiosas Carmelitanas las que acogieron la imagen y la cuidaron, reconstruyéndola pedazo a pedazo. Un cariño que le prodigaron durante 345 años. Aunque bien es cierto, como apuntó Aguilella, que "durante la guerra, de 1931 a 1941, la imagen estuvo protegida por la familia Marco Prats".

Ante una réplica de la Virgen de la Paciencia, las Carmelitas revivieron el momento que hace ahora 42 años las separo, y aunque solo quedan tres religiosas de aquella época, la emoción inundó a todos los presentes. "Si no me lo hubieran dicho, pensaría que es la auténtica; yo entonces era novicia, pero tengo muchos recuerdos y el reencuentro ha sido precioso", relataba la priora Amparo.

Una jornada llena de anécdotas, de emociones y de recuerdos que invadieron especialmente al vecino José Martínez Tena Pepito el fuster, uno de los pocos testigos en vida que pertenecieron a la corporación municipal cuando regresó la imagen de la patrona en 1964.

Por su parte, el alcalde explicó que "cuando se realizó el traslado yo tenía 11 años y, aunque no vine a recogerla, recuerdo ese día con alegría". Según Albert, "el párroco me planteó la idea de entregar esta réplica a las religiosas y pensé que era una idea estupenda e imprescindible para cumplir con el convento".

Un trabajo necesario en el que, según el inspector del Patrimonio Artístico Josep Gil, "había que restaurar la imagen y dotarla de un retablo". Una idea materializada por el restaurador Xavier Sambonet y por los talleres Piró Orfebres.