Tal vez le hayan visto. A él y a su caballo, que responde al nombre de Indio. Leonardo Lozano es un joven de 27 años que se pasea por los polígonos industriales de Onda, recogiendo chatarra para ganarse la vida. Su aspecto jovial y las rastas de su cabeza le han convertido en un personaje singular que no pasa desapercibido.

Siempre acompañado de su perro Tirao, camina unos pasos por delante de la carreta porque no quiere fatigar al percherón que le sigue como un amigo fiel. “Hace siete años que cambié una camioneta por el caballo porque consume menos y me hace más compañía”, comenta el joven.

La historia de Leo es la de la lucha por la supervivencia de un chaval que se independizó e intentó ganarse el pan como apicultor, aunque la suerte no le acompañó y una riada le destrozó las colmenas que tenía en el cauce del río Sonella, en el término de Betxí. Fue entonces cuando comenzó a recoger chatarra. Actualmente compagina las dos actividades y llega a producir al año unos 1.200 kilogramos de miel y otros tantos de cera.

40 euros al día // “Con la chatarra me puedo sacar unos 40 euros al día, trabajando de sol a sol y recorriendo un promedio de 40 kilómetros”, señala y añade que siempre va andando para no ser una carga extra para Indio. El caballo tiene 17 años y estaba dedicado al tiro y arrastre, aunque también fue semental. “Cuando lo cambié por la camioneta lo iban a llevar al matadero, pero tuvo suerte de que yo me cruzase en su camino. Ahora somos inseparables”, confiesa.

El chatarrero asegura que en su oficio también se nota la crisis. Antes todo el mundo daba la chatarra y “ahora piden dinero a cambio”. Asegura que la gente le trata bien aunque la Policía Local de Castellón le confiscó la carreta, despojándolo de su herramienta. Ha puesto un recurso para recuperar el remolque, ya que asegura que lo tenía “en regla”.

Su ánimo no decae. Ahora anda metido en patentar un invento propio, consistente en una máquina para separar la basura y aprovechar muchas de las cosas que tienen valor como la materia orgánica que puede servir de alimento para animales. “En cuanto junte 1.800 euros patentaré mi invento. También me quiero arreglar una casa que me estoy haciendo en el campo con mis propias manos”, explica. H