Salir al monte de Castellón a disfrutar del aire libre, equipado con cesta y navaja para recolectar setas, es una gratificante experiencia, y más en tiempos de pandemia.

Si te decides, no te puede faltan la guía interactiva de la Asociación Micológica de Castellón (Asmicas). Un equipo de nueve personas (Cándido Sos, Félix Aparisi, Miguel Pitarque, Mavi José, Quique Lapeña, Abel Drago, Jorge J. Martín, Carlos Llop y Andrés García), con la inestimable colaboración de otros asociados y micólogos de prestigio de toda la geografía española, son los impulsores de esta iniciativa. «Es un catálogo interactivo que permite consultar las especies de cada población. Además, se ha creado un herbario y, aprovechando la plataforma on line de Natusfera (https://natusfera.gbif.es/projects/asmicas-asociacion-micologica-de-castellon), ofrecemos una herramienta de consulta de las geolocalizaciones genéricas (mapeo por zonas --por ejemplo, Penyagolosa, Els Ports, Desert de les Palmes, la Serra d’Espadà, pinares y parques de zonas urbanas, etc--), no puntos exactos de las especies», puntualiza Cándido Sos, presidente de la Asociación Micológica de Castellón (Asmicas). Pese al confinamiento por el virus y la escasez de lluvias durante el fatídico 2020, localizaron y archivaron con ejemplar más de 300 especies en la provincia, con alrededor de 800 registros.

¿Cuántas variedades pueden existir en tierras castellonenses? «Hasta el pasado ejercicio, el único registro que se había hecho que tengamos constancia es el trabajo de la Sociedad Micológica Valenciana (Somival), con datos hasta el 2011. Del total de 2.000 citas de toda la Comunitat, la mitad, unas 1.000 especies distintas, se localizan en Castellón», detalla Sos. «Podemos sentirnos afortunados en cuanto al nivel de diversidad micológica en la provincia. Disfrutamos de especies de suelos ácidos y básicos; y de las propias de hábitats eurosiberianos o de termófilas o dunares. Castellón, si la climatología acompaña, es un verdadero paraíso para los amantes de la micología», cuenta. Especies frecuentes en la provincia que cuesta hallar en el resto de España son la Ramaria cedretorum, una bonita seta coral, de color liláceo; y, algo menos, de la inusual Gomphus crassipes --en forma de maza liliácea en el himenio y carne al corte--. Un mandamiento a la hora de salir a buscar setas comestibles es, sin duda, tener claras aquellas que no lo son. «En Castellón podemos encontrar especies potencialmente tóxicas, como la amanita phalloides, la amanita phantherina o la amanita muscaria...», añade el presidente de Asmicas.

Impacto del covid-19 en la campaña 2020-2021

La pasada campaña del 2020, desafortunadamente, Castellón vivió una de las campañas más anómalas de la última década para los aficionados. A estas alturas del año, debería estar en su punto álgido, pero la sequía ha pasado factura y no hay ejemplares que coger. En las cotas altas, como el Penyagolosa o la comarca de Els Ports, prácticamente, se daba por perdida la temporada. La única excepción fueron enclaves favorecidos por un microclima, en un momento puntual, como la tormenta que descargó hace pocas semanas en Vilafranca y que, cual oasis en mitad del desierto, hizo aflorar algunos hongos y permitió que los buscadores, como Magdalena Popa, volviera con gran satisfacción a su casa en Morella con su cesta repleta.

¿Y que ocurrió con compartir excursiones y talleres en tiempos de covid-19? En la campaña anterior se vieron obligados a suspender toda actividad grupal. En salidas solían movilizar a 150 personas y eso era inviable. Además, estaban las restricciones de movilidad. Soria, Montes Universales, Moncayo, Navarra, Cataluña, Pirineos solían ser destinos. Solo se organizó un curso de iniciación y salidas para catalogar, con grupos reducidos.