Día histórico. Tras más de 20 años de reivindicaciones por la falta de protección en la playa de Almenara, Costas anunció este martes la adjudicación de las obras de estabilización del frente litoral de este municipio y el de la Llosa, lo que supone un paso de gigante para que los demandados y necesarios espigones sean por fin una realidad.

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Aunque no era a priori la que tenía más papeletas, la encargada de levantar las escolleras será la UTE formada por SA de Trabajos y Obras (Sato), filial de OHL, y Gimecons Construcciones y Contratas, del grupo Gimeno, que se ha llevado la puja por 5.954.825,70 euros, IVA incluido.

Se lleva el concurso contra todo pronóstico

Y es que la adjudicataria, que se ha impuesto a otras 13 candidatas en la terna, no estaba entre las que mejor valoración tenían, hasta el punto de que, a fecha de 10 de diciembre (cuando únicamente faltaba abrir el sobre económico) solo contaba con 52,5 puntos, muy lejos de las que presentaban mejores números, que rozaban los 90. De ahí la tardanza en hacer oficial el resultado final, que para los vecinos de Almenara y su playa han sido tres largos meses. No entendían por qué la burocracia era tan lenta, lo que todo hace indicar que para los técnicos de Costas la pugna estaba muy reñida.

La duración estimada de las tareas es de un año y comenzarán una vez termine el periodo de anidamiento del chorlitejo patinegro, a partir de septiembre.

El proyecto contempla la construcción de seis espigones (dos de ellos perpendiculares a la costa), así como otra escollera que levantarán totalmente recta y que alzarán en el tramo donde comienza la zona de baño de Almenara. Además, Costas también prevé construir otros tres espigones de entre 250 y 270 metros, que estarán situados entre el muro de la gola de Queralt y el que habilitarán al principio del área para los bañistas, a la altura del Rosmary.

«El penúltimo paso»

La alcaldesa, Estíbaliz Pérez, resaltó la importancia de la noticia. «Será un día muy recordado. Es el penúltimo paso del trabajo iniciado en la entrada del nuevo siglo, dado que el último será ver los ansiados espigones que defenderán todo nuestro litoral», indicó.

A su juicio, «por fin se hace justicia» con la playa: «Para nosotros supone la vida para no sufrir continuamente las embestidas de los temporales marítimos».

Amenaza de Sagunt

A la tardanza de la burocracia y la demora por la nidificación del chorlitejo hay que sumar la amenaza de Sagunt, que, tras anunciar que iba a llevar ante el juez los espigones previstos en Almenara al considerar que dañan su costa, falta por ver si iniciará más acciones que puedan alterar el inicio de las obras.

Unos trabajos que suponen un oasis entre la larga lista de actuaciones pendientes en el litoral sur de Castellón y cuya necesidad ignoró la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en su reciente visita a la capital de la Plana. En la cargada cartera de deberes pendientes del Gobierno se acumulan los espigones para Moncofa, Xilxes, Nules o Almassora, que fue la última gran intervención ejecutada por Costas en la provincia.

Un kilómetro menos de zona de baño

Llegar a la adjudicación de las obras de los espigones no ha sido nada fácil. Para ello, hay que echar la vista atrás y recordar cómo en los años 90 los vecinos de la playa Casablanca de Almenara vivieron el derribo de los inmuebles de primera línea. Unas casas castigadas por los temporales marítimos y en cuyo emplazamiento construyeron el paseo marítimo. No obstante, el litoral seguía sin contar con defensas que frenaran el intenso oleaje y, aunque Costas ha invertido cerca de 50 millones de euros durante dos décadas haciendo parches en la playa, de nada sirvieron. El mayor ejemplo de la poca efectividad inversora se produjo entre diciembre del 2017 y enero del 2018, cuando se hundió un buen tramo del paseo, por lo que volvieron a invertir un millón para restablecer la misma infraestructura.

Asimismo, la falta de espigones ha propiciado que Almenara haya perdido más de un kilómetro de zona de baño, porque hoy en día existe un muro de protección elaborado con piedra de escollera, con el que pretenden la defensa del paseo. Pero esto ha propiciado un pequeño acantilado, puesto que en toda su longitud no se puede tomar el baño, solo lo usan los pescadores.

Por ello, los usuarios de la playa tienen que desplazarse ahora mismo hacia al sur para poder pegarse un chapuzón, zona en la que está la posta de vigilancia de socorrismo. De hecho, de los tres kilómetros que tiene de longitud el litoral de Almenara, útiles quedan poco más de 1.500 metros.