Fachada de la discoteca Donald

Incluso para quien nunca traspasó sus puertas o no vivió sus años de esplendor, la discoteca Donald es un nombre familiar. Durante unos 15 años fue el centro neurálgico del ocio en la Vall d’Uixó, logrando una fama que atraía a personas venidas de otras provincias, sobre todo por su oferta de conciertos en vivo.

Ernesto Moliner, quien fuera su propietario, es categórico al recuperar aquella época de llenos absolutos, en los que completaba cada fin de semana el aforo de 1.000 o 1.200 personas para un local de más de 2.500 m2 con tres pistas, tasca y cine de sesión continua. Cerrarla «es lo que más me ha dolido de toda mi vida», dice, porque «era única, por más discotecas que he visto durante todo es tiempo, ninguna es como era aquella».

La Navidad de 1974

La vida de la Donald se inició un 22 de diciembre de hace 46 años, cuando en la Vall la única alternativa de ocio posible era el salón Oro. Moliner apostó fuerte desde el primer día, al ofrecer un concierto de Bruno Lomas.

«Lo que pretendía es que quien entrara en la Donald, ligara o no ligara, no se aburriera»

Ernesto Moliner - Propietario de la Discoteca Donald

La filosofía estaba clara desde el principio: las mujeres pagaban la mitad --100 pesetas ellos, 50 pesetas ellas--, y ese fue, para su propietario, el secreto de su éxito, «siempre había más chicas que chicos». Y asegura que su principal preocupación fue que «se sintieran seguras y tranquilas, como si estuvieran en casa». Aunque otra de sus apuestas avaló el esfuerzo: además de las tres salas con las que disponía el local, con tipos de música y ambientes diferentes, los clientes tenían a su disposición una tasca --donde poder comer-- y el cine, de manera que pudiera cumplirse el propósito de su fundador, que «el que venga, ligue o no ligue, no se aburra».

Los conciertos en vivo formaban parte de la programación habitual de esta discoteca.

Los conciertos en vivo formaban parte de la programación habitual de esta discoteca. Ernesto Moliner

En su escenario actuó, hasta en dos ocasiones, Camilo Sexto, «el mayor éxito de la discoteca», entre otras muchas actuaciones musicales en vivo, hubo desfile de modas y otros espectáculos, por lo que no tenía competencia. Y cuando la tuvo --con la inauguración de la Lordship en Sant Josep-- Ernesto Moliner apostó fuerte, reformó por completo el local unos siete años después de su apertura --con inauguración por todo lo alto-- «y volvimos a ser el número uno».

El alcalde de la época, Vicente Zaragoza, inauguró la gran reforma de la Donald, unos 7 años después de su apertura. Ernesto Moliner

Al frente de la cabina todavía hay quien recuerda las sesiones con los hermanos Ramón y José Capel, o Kamikaze, que «fue el que más duró». Y hubo quien inició su andadura en el mundo de la música y el ocio nocturno en la Donald para llegar muy lejos. Víctor Nebot, «uno de los mejores DJ de España, en activo aún en Ibiza, empezó en la Vall, en mi discoteca, cuando tenía unos 18 años».

Los tres lustros en activo de este local (cerró a la puerta de los años 90) fueron muy intensos. Quizás demasiado para un propietario que abarcaba otras líneas de negocio. El cierre ocurrió cuando empezaron a ponerse de moda los pubs. La gente se dispersaba y «la Donald era muy grande». Ahora piensa que lo mejor quizás habría sido parar unos años y volver a activarse. No lo hizo, pero dejó huella