Mari Carmen Cerdá y María Ángeles Roldán, gerentes del chiringuito El Chipirón, en Almenara, han cambiado radicalmente su rutina y tienen prácticamente una nueva casa: la puerta de la sede provincial de Costas, en Castelló, donde llevan ya dos días concentrándose de sol a sol para exigir la apertura de su local, para lo que necesitan que la entidad les dé el permiso.

Por si fuera poco, lo hacen solo con agua en el cuerpo (la última vez que ingirieron algo sólido fue el miércoles por la mañana, a la hora del desayuno), ya que han empezado una huelga de hambre que no pararán hasta que consigan la autorización.

Desde que ese día los técnicos de Costas les comunicaran que para dar su visto bueno al informe (lo llevan esperando desde enero, tras realizar dos modificaciones de proyecto, algo que nunca antes les habían pedido desde que llevan abriendo el chiringuito todos los veranos desde el 2013) hace falta que Conselleria dé antes su beneplácito y les dijeran que eso puede tardar aún entre mes y medio, las dueñas no dudaron en visibilizar su situación manifestándose delante del edificio.

Mari Carmen y María Ángeles aseguran que no tomarán nada sólido hasta que no consigan la firma que les permita abrir su chiringuito. Andreu Esteban

«No quieren que trabajemos»

Una manifestación maratoniana que, en estas primeras jornadas, empiezan antes de las 7.00 y aguantan hasta las 00.15 horas aproximadamente porque el toque de queda les obliga a ir a casa. Pero, a partir de la semana que viene, sin confinamiento nocturno, avisan de que se quedarán a dormir ante la fachada de Costas. «No quieren que trabajemos. Necesitamos abrir porque nuestra gente tiene que comer y de aquí nos iremos con el permiso», avisa Mari Carmen.

Y es que, aunque no pueden permanecer allí de forma ininterrumpida tanto como ellas, las propietarias no están solas, ya que también comparten su cruzada otras 18 familias cuya economía está condicionada por ese trabajo de verano y más de un empleado las acompaña in situ en las trincheras. «Queremos trabajar y Costas no nos deja», reivindican dueñas y trabajadores para hacerse oír.

La necesidad es máxima, encima en un sector tan castigado ya de por sí como la hostelería. «Mucha parte de la plantilla somos jóvenes y necesitamos trabajar para depender de nosotros mismos. Es una pena porque no sabemos si podremos abrir o no», cuenta José Alonso, uno de los manifestantes, a tenor de los plazos que les marcan desde Costas.

Imágenes de las pancartas que lucen las propietarias y los empleados del chiringuito en sus reivindicaciones. Andreu Esteban

«Necesitamos cotizar y trabajar. Si solo haces tres temporadas de invierno con la naranja y tres meses en verano, y esto te vuela, tú ya no tienes nada. Si esto no puede abrir, hasta que empiece la temporada citrícola, ¿qué hacemos? ¿De qué vivimos?», lamenta Paloma, otra de las afectadas, quien deja claro que si «nosotros no luchamos por nuestros derechos, nadie lo hará».

Les han pedido que se vayan

Por ahora, nadie de Costas ha hablado con ellos para darles una solución, sino todo lo contrario: «Han intentado echarnos porque dicen que damos mala imagen y no conseguiremos nada así, pero seguiremos aquí, reivindicándonos y defendiendo nuestros derechos», comenta María Ángeles.

Este viernes, tercer día de presión, las propietarias ya vuelven a estar sobre el terreno "al pie del cañón" para reclamar la apertura del chiringuito.