La Real Fábrica es el espacio más vital de l’Alcora. No hay duda. Y merece esa calificación tanto por las actividades que acoge en sus 9.000 metros cuadrados, como por haberse convertido en un referente cultural. Así lo demuestra la reciente donación para sus fondos museográficos de utillaje industrial perteneciente a la ya desaparecida Azulejos Plaza, por parte de los hermanos Plaza Artero.

Resulta inevitable que la esencia de la Real Fábrica esté vinculada con el desarrollo industrial de la localidad. De ahí que este material encuentre en sus instalaciones el mejor marco para su conservación y puesta en valor.

La aportación incluye un conjunto de maquinaria industrial cerámica de mediados del siglo XX, en el que destacan un molino de bolas o molino Alsing de pequeñas dimensiones para molienda en húmedo, una prensa de bolas y tres prensas de volante, así como la llave de prensas de gran formato para cambiar moldes.

La familia Plaza Artero contribuye así a enriquecer el patrimonio preservado en la Real Fábrica del Conde de Aranda, al sumarse a otros elementos ya existentes que permiten al visitante hacerse una idea de cómo eran los antiguos procesos para elaborar azulejos.

El director del Museo de Cerámica de l’Alcora, Eladi Grangel, en el acto en el que se hizo oficial la donación, destacó «el loable gesto de los hermanos Plaza Artero», que considera «una demostración de la importancia de la colaboración público-privada en la recuperación del patrimonio cerámico, que ya se ha materializado en otros depósitos recibidos».

El alcalde, Samuel Falomir, manifestó por su parte un agradecimiento a la familia, «porque la Real Fábrica es el espacio ideal para que se muestren estas maquinarias antiguas que han formado parte de la evolución y desarrollo de nuestro sector cerámico».