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El Periódico Mediterráneo

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LUCHAR CONTRA EL MACHISMO

Del abismo al renacimiento en la Vall d'Uixó

Anabel Cañete fue víctima de violencia de género y hoy, superado su drama personal, quiere ser ejemplo de empoderamiento compartiendo su experiencia con otras mujeres

Anabel quiere que su experiencia ayude a otras personas. MÒNICA MIRA

Cualquiera puede precipitarse al abismo. No importa la condición social, la procedencia, las aspiraciones. En un momento determinado, cualquiera puede convertirse en una persona vulnerable y expuesta. A Anabel Cañete, una conocida estilista de la Vall d’Uixó, le sucedió. Cinco años después de convertirse en víctima de violencia de género (concepto que prefiere no utilizar por sus connotaciones negativas) ha asumido el compromiso personal de ayudar a otras mujeres a comprender, empoderarse y reflotar. Ayer lo hizo, dentro de la programación que ha preparado la concejalía de Igualdad por el Día Internacional Contra la Violencia de Género.

Anabel estaba muy enamorada del hombre con el que estuvo casada tres meses, hasta que recibió una brutal paliza por la que los tribunales lo consideraron culpable de un delito de violencia de género. «Lo quería mucho, y durante mucho tiempo creí que no encontraría a nadie con quien me llevara tan bien. Echaba mucho de menos su parte buena, pero es que su parte mala era horrible», dice. Aunque lo que de verdad echaba de menos, era a sí misma.

Durante una hora y media, Anabel compartió ayer con los asistentes (también participaron en la charla representantes del programa Juntes de Cruz Roja y el agente Rubén Marín, de la unidad policial Viogen) sus vivencias, por supuesto la parte negativa, la pesadilla que vivió en su propia casa, pero sobre todo hizo hincapié en la parte positiva, «la hay». «El 016 es lo más maravilloso y gratificante a nivel de crecimiento humano que he conocido», afirma, aunque incide en que «hace falta informar muy bien de lo que es, porque no se trata de un número de teléfono al que puedes llamar, ahí te reconstruyen», comenta.

En cuanto a la Policía Local, a la unidad especializada de atención a las víctimas de violencia de género, describe a sus agentes como «seres humanos preparados para ayudar, llenos de ternura y empatía», al igual que la Guardia Civil y cuantas personas se implican para rescatar a las mujeres que se convierten en esclavas de sí mismas y de los hombres que las someten. A ellas les asegura que «el sistema funciona», subraya.

La vergüenza

Pero no es fácil emprender el camino del renacimiento. «Entiendo a las mujeres que callan, porque es muy vergonzoso», reconoce. «Yo no contaba nada a mis amigas, porque sabía que no aceptarían que, después de pedirme perdón, yo volviera con él», dice. Una historia que se repite en prácticamente todas las personas que atraviesan por esta angustiosa tesitura, agravada cuando hay hijos o dependencia económica. «Pero incluso en esos casos, deben saber que hay recursos para ayudarlas a salir», insiste convencida.

Anabel Cañete defiende enérgicamente la importancia de la educación. «Desde muy pequeños debemos aprender a distinguir lo que es sano y lo que no, lo que puede permitirse y lo que no», por ello no descarta responder a la invitación de la concejala de Igualdad, Francesca Bartolomé, para participar en un programa de charlas en los institutos.

Después de 5 años y de una terapia psicológica, Anabel es otra mujer. O mejor dicho, es la mujer que siempre fue y cree que puede ser útil. «Estoy aquí para levantar la voz, me ha pasado, es la realidad, me conoce mucha gente que lo sabe y aunque al principio no quería contarlo, porque me avergonzaba, ahora me siento orgullosa de mí, de mi rehabilitación. Hace falta dar visibilidad a ese proceso y hablar más desde el amor y no desde la violencia», indica. 

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