Benicàssim puso fin ayer a sus fiestas patronales en honor a Sant Antoni Abad y Santa Àgueda con un encierro, un festival taurino y el disparo de una castillo de fuegos artificiales. Durante una semana, el municipio albergó toda una serie de actos que se programaron siguiendo las medidas y recomendaciones sanitarias establecidas por la Generalitat.

«Han sido unas fiestas limitadas a las condiciones sanitarias establecidas y que nos han permitido recuperar los actos más emblemáticos que forman parte de nuestras tradiciones más arraigadas, como la Coqueta», según la alcaldesa, Susana Marqués. 

«La seguridad ha primado en los actos que se han desarrollado en espacios abiertos, con aforos controlados y todas las medidas requeridas», añade Marqués.

El concejal del área, Arturo Martí, destaca que «la tradición ha estado presente desde el traslado del estandarte hasta la actuación de l’Agrupació Folklòrica El Cremaller, el sábado; y se ha conjugado a la perfección con los actos infantiles, los festejos taurinos, la música y la cultura».