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El Periódico Mediterráneo

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Los pueblos de Castellón miran con esperanza a la primavera y al bono de turismo

La dureza del invierno en Els Ports limita las comidas a comedores interiores

Terrazas llenas y buen ambiente en Año Nuevo en Morella.

si en la capital y la costa los comensales prefieren las terrazas como entorno más seguro ante el covid, en municipios del interior, como en la comarca de Els Ports, cumplir con esta preferencia se perfila algo más complicada y tienen toda la esperanza puesta en la primavera, con mejor tiempo, y el nuevo bono turístico que incentive las visitas de particulares y grupos. «Aquí, en Morella, y en la zona, el duro invierno con temperaturas particularmente bajas impide el servicio de terrazas y el tramo se limita a servir en los comedores interiores», explican hosteleros. Es el segundo invierno consecutivo de pandemia, con menos restricciones que el pasado —apenas los diez comensales por mesa en interiores;y el pasaporte covid para el acceso dentro—, pero con todo, aún lejos de la ansiada vuelta a la normalidad. 

Dos años difíciles

«Para la hostelería se antoja ya muy largo. Se arrastran dos años de restricciones de uno u otro tipo. Y este arranque de 2022 está siendo particularmente difícil dada la virulencia de la sexta ola, restricciones y el duro frío invernal», lamentan desde la asociación comarcal de empresarios Asetmico.

En este sentido, se pronuncia Pablo Ripollés, gerente del Hotel Cardenal Ram de Morella, alojamiento también con zona de restauración. «Muchas reservas se caen en el último momento por positivos de comensales o allegados, no tenemos la tranquilidad de tener una mesa hasta que llegan al establecimiento», ejemplifica. 

Sant Antoni, primer varapalo

En una línea muy similar se pronuncia Carlos Gutiérrez, del restaurante Casa Roque, para quien «la sexta ola se está notando mucho. La cancelación de fiestas como Sant Antoni ha marcado el mes de enero y nos han visitado menos turistas que otros años».

Otro factor que dificulta el trabajo de los hosteleros es el duro invierno. «Las temperaturas tan bajas que han hecho estas semanas imposibilitan pensar en terrazas, nos limitamos al interior y tenemos aún la restricción de diez comensales por mesa», agregó al respecto Ripollés. Una limitación a la que se suma la petición de comensales. «Aunque en interiores ahora no hay restricciones de aforo, los clientes solicitan estar más separados entre mesas —de motu proprio—, y no trabajamos con la misma capacidad que antes», ejemplifica Gutiérrez.

Por todas estas circunstancias, el sector de la hostelería de los municipios de interior mira con ilusión la llegada de primavera y del buen tiempo. «La puesta en marcha del bono turismo de la Generalitat se empieza a notar y los visitantes muestran interés por reservar», destaca Ripollés. Con todo, añadió, «esperamos poder recuperar demanda a partir de Pascua, con una mejor climatología y, esperamos, con una menor incidencia del virus».

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