La noche del miércoles, en Nules ardió una verdadera obra de arte confeccionada con cartón y un armario viejo de madera que hizo las veces de estructura interior. Representaba la cinematográfica Perla Negra, un barco pirata que, pese a su confección artesanal con un material tan poco manejable como el cartón, en manos de Salvador Castelló se convirtió en una fiel reproducción del navío de Jack Sparow que acabó siendo pasto de las llamas.

La historia de Salvador Castelló es de lo más llamativa si se tiene en cuenta que su dedicación profesional no tiene nada que ver con la elaboración de este tipo de maquetas gigantes. La única referencia que da sobre su habilidad es que «desde pequeño me han gustado siempre las manualidades». A la vista está que ha perfeccionado su maestría con el paso de los años.

Las hogueras de Sant Joan de Nules siempre han sido algo muy rudimentario. Con mucha voluntad e implicación, los vecinos se han limitado a montar pequeñas figuras con la excusa de compartir el momento y después disfrutar de la cremà. Lo que viene pasando en la calle Dolors los últimos años es harina de otro costal, y el único y verdadero artífice es Castelló.

Salvador Castelló frente a su obra antes de que ardiera. MÒNICA MIRA

Asegura que su primera hoguera monumental la realizó cuando falleció su suegro. «Era un hombre que vivía mucha la fiesta, y quiso hacer algo en su memoria montando una luna». Impresionó a propios y extraños, y sembró una semilla que después de un gran dinosaurio y un caballita de mar espectaculares, solo ha hecho que germinar para seguir creciendo.

Los detalles realizados todos en cartón son de lo más sorprendentes. MÒNICA MIRA

Cuenta con el apoyo --personal y económico-- y la admiración de sus vecinos, aunque el trabajo de elaboración es solo cosa suya. Con este barco empezó en noviembre. Buscó en internet alguna maqueta que después, con sus conocimientos y el tan científico método de «ensayo y error», fue capaz de reproducir a gran escala.«Hasta que no la monto no sé si me he equivocado en las medidas o no», asegura. Pero viendo el resultado final, no se puede poner en duda que el suyo es un trabajo de precisión.

Resulta inevitable pensar que es una pena que algo así acaba en cenizas, pero no se entendería todo el trabajo si no fuera así. Salvador afirma que sus sensaciones son agridulces al verla arder, pero seguramente será cuestión de tiempo que empiece a pensar en su próximo reto, por muy alto que deje el listón cada año.