La carretera N-232 en Morella es una infraestructura histórica que durante siglos ha facilitado el trasiego constante de subida y bajada entre el interior de la meseta y la costa. Un nexo de unión entre Aragón y la costa de Castellón que, hasta hace tres semanas, ha visto pasar por sus sinuosas curvas a personajes históricos de renombre y a particulares que tenían la desdicha de tener que sortearlas cada día. El 20 de julio, como destacó en el acto de inauguración el alcalde de Morella, Rhamsés Ripollés, «Morella se acercó al mar». Y es que la nueva infraestructura supone un cambio de paradigma para los vecinos de Els Ports. Tiempo, ahorro y seguridad, la triada que vecinos y visitantes destacan.

"La carretera no es el fin en sí mismo, es el medio, una herramienta que nos permite mejores condiciones y nos abre a nuevas oportunidades», destaca Ripollés. El nuevo vial ya ha producido un efecto llamada importante, sobre todo en fines de semana. Ahora, vecinos de Aragón y otros puntos del interior peninsular escogen este itinerario para llegar a la costa. En este sentido, el sector turístico de la zona celebra la llegada de nuevos visitantes que darán con la ciudad amurallada bien sea de paso o para disfrutarla durante diversos días. Sin duda, Morella espera con los brazos abiertos a los nuevos usuarios de la N-232.

Como recuerdan los historiadores, la carretera empezó a erigirse en 1847 y desde entonces la fisonomía del Puerto de Querol se ha caracterizado por el serpenteante vial que coronaba su ladera. Ahora, 175 años después del inicio de la construcción, se inaugura un nuevo tramo con falsos túneles, puentes, espectaculares viaductos, un despliegue de ingeniería civil al servicio de la sociedad. No obstante, el camino hasta conseguir el nuevo vial ha sido largo, tanto que se ha dilatado durante casi un siglo. Las primeras peticiones para lograr una nueva carretera datan de 1927, cuando los morellanos clamaron por primera vez por un nuevo vial. Han tenido que pasar 95 años, o lo que es lo mismo, una República, una Guerra Civil, una dictadura y el periodo democrático actual en el que alcalde tras alcalde han clamado al gobierno de turno por la obra. «La resignación nunca nos ha vencido y la persistencia de tantas generaciones, al final, ha logrado esta obra que es de justicia», afirma Ripollés.

Una nueva infraestructura que ya espera la visita de la Mare de Déu de Vallivana, patrona de Morella, hecho que no se producirá hasta dentro de dos años, cuando, en verano del año 2024 llegue el Sexenni.