¿Por qué un escudo y no otro para Nules?
Una exposición que explica paso a paso la evolución del escudo del municipio está haciendo pedagogía entre los vecinos para que entienda la relevancia de que sea de un modo u otro

Decenas de personas han visitado la exposición sobre las modificaciones del escudo de Nules. / Mediterráneo
Un escudo podría entenderse como un itinerario guiado por la historia de un pueblo. Cada uno de sus elementos responde, o debería hacerlo, a decisiones y momentos que fueron trascendentes desde sus orígenes.
Formas, colores, leyendas... no son producto del azar o de la inventiva encargada a un creativo, como si de un logotipo comercial se tratara, y esa es la razón fundamental por la que la aprobación oficial de estos símbolos heráldicos no sea, en absoluto, cuestión venial o caprichosa.

La exposición hace un repaso de las distintas modificaciones que ha vivido el escudo de Nules / Mònica Mira
Dice el cronista de la Vila de Nules, Joan Gavara, que posiblemente esta localidad sea de las pocas que tienen tan profusamente documentado el sentido y descripción de su escudo, lo que contrasta con que su aprobación oficial no haya sido posible.
La Generalitat valenciana inició en el año 1984 los procedimientos de legalización de la heráldica de los municipios valencianos y en 2015 estableció cómo debían ser los escudos y banderas que no tenían una tradición superior a los 100 años.
El que Nules tiene en la actualidad no solo no se ajusta a esas características básicas, sino que además incluye diferentes inconsistencias históricas que han contado con la desavenencia del Consell d’Heràldica, único organismo con competencia para darle la legitimación oficial.
¿Y por qué un pueblo necesita un escudo legalizado? Podría ser la pregunta que cualquiera con escaso interés por la heráldica podría plantear. Para esa duda, Gavara tiene respuesta: «Es un elemento identitario», que acompaña a la población desde su fundación.
Documentación extensa
Existe documentación escrita y gráfica que contribuye a que «no haga falta hacer suposiciones ni deducciones», afirma. Referencias como que desde su fundación, Nules adoptó las armas de los Centelles como propias, representadas por los rombos (en heráldica, losanges) rojos y amarillos.
Tras el periodo comprendido entre 1585 y 1614, cuando se convirtió en Villa Real y, por tanto, dejó de tener señor feudal, por lo que se utilizó el escudo barrado de las armas de la Corona de Aragón (del que proviene el de Mascarell), la población recuperó la baronia de los Centelles, pero convertida en marquesado, con los símbolos que le son atribuibles.

Los más jóvenes también se han acercado a conocer la historia del escudo de Nules. / Mònica Mira
La siguiente modificación llegó en 1709, cuando Nules, de los pocos municipios de este territorio en ponerse del lado del rey Felipe V, se ganó el favor del monarca y recibió una serie de privilegios de los que dejaron constancia en su escudo: un león rampante, las referencias Siempre Leal (S y L) y la filatelia Muy Leal y Fidelísima.
La indicación real indicaba que se «añadieran» esos elementos a su heráldica, pero decidieron renunciar a las señas identitarias de los Centelles. Y así fue hasta 1929.
El asunto de los colores tiene que ver con un hecho anecdótico. Explica Gavara que en 1929, el cronista de Nules, Daniel Camarleng, conocedor de los privilegios, trató de recuperar el escudo de los Centelles en los edificios diseñados por el arquitecto Lluis Costa (el mercado, el cementerio o el antiguo matadero).
La referencia que tomó fueron los azulejos de Manises, que estaban por todas partes, «y es bien sabido que sus esmaltados son azul (por el cobalto) y blanco (por el plomo)».
De manera gráfica, Joan Gavara explica que esos azulejos «eran como una fotocopia del original sin color». Y no hay otra razón por la que hoy en día, desde un punto rigurosamente histórico, el símbolo nulense no es rojo y amarillo. «Se perdió la memoria», dice.
El Consell d’Heràldica no acepta el escudo de Nules por esa razón y en consecuencia, en virtud de ese «rigor histórico», han propuesto la modificación que podría estar aprobada este verano.
«No hay que cambiar ninguno de los escudos que tenemos en edificios o el manto de la patrona, porque son parte de nuestra historia», defiende Gavara. Pero se hace necesaria la pedagogía, porque el pasado de Nules ha dejado unas huellas innegables.
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