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Lo que una casa deshabitada de la Vilavella escondía: un impresionante enjambre de abejas

La Policía Local requiere de la intervención de un experto para posibilitar su retirada controlada

Enjambre de abejas

Javier Ventura

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Mònica Mira

Mònica Mira

La Vilavella

Estos días, como consecuencia de un aviso vecinal, la Policía Local de la Vilavella ha hecho un descubrimiento, cuanto menos llamativo. Existía la sospecha de que el interior de una casa deshabitada se hubiera convertido en resguardo de unos pequeños okupas, que nada tienen que ver con quienes fuerzan propiedades ajenas para instalarse. Es más, en este caso, su función es vital.

La llamada a la policía indicaba que era muy probable que en la construcción en cuestión pudiera haber un enjambre de abejas. Desde el Ayuntamiento, se pusieron en contacto con un apicultor de Burriana, Javier Ventura, para que pudiera realizar una retirada controlada. Y el hallazgo bien mereció ser documentado.

Las dimensiones de esta colonia de polinizadoras eran considerables. Ventura indica que podía estar en ese mismo lugar «entre un mes o mes y medio». Por su tamaño, estima que el enjambre estaba integrado por unos 10.000 ejemplares.

Ya no es época de que se produzcan este tipo de descubrimientos. El apicultor explica que la temporada de retirada de enjambres «acabó hará unas tres semanas», aunque a veces se producen casos como el que se relata, porque al estar escondido, pasa desapercibido, y «si tienen una buena reina», como sospecha que ha sucedido, van creciendo hasta alcanzar unas medidas que, vistas de cerca, causan respeto.

Javier Ventura, apicultor de Burriana, durante la retirada de un enjambre en la cubierta de una vivienda.

Javier Ventura, apicultor de Burriana, durante la retirada de un enjambre en la cubierta de una vivienda. / MEDITERRÁNEO

Javier Ventura detalla que «hasta que no conseguimos las llaves de la finca para poder entrar, ha ido haciéndose grande». Está convencido de que «se hizo coincidiendo con la floración del naranjo, cuando están las colmenas del azahar».

La retirada controlada tiene unos pasos y en todos se respeta el bienestar de las abejas y de la reina. Tanto es así que, como relata este apicultor, una vez ya se ha llevado la totalidad de los ejemplares, «comprobaré que la reina sea buena y que todo esté correcto».

Imagen en la que se puede comprobar el gran tamaño del enjambre.

Imagen en la que se puede comprobar el gran tamaño del enjambre. / Javier Ventura

La colmena no se destruye, más bien todo lo contrario. Ventura ha retirado los cuadros donde está la cría para colocarlos en sus propias cajas, donde seguirán su ciclo vital normal, «pero en una colmena nueva». Para evitar que ese proceso se vea interrumpido, realiza aportaciones de cera e «intento ponerles toda la miel que puedo para que coman, porque en esta zona escasea mucho el alimento al acabar la temporada del naranjo».

De hecho, en su caso, «cuando acaba la floración del azahar, traslado las colmenas hasta la provincia de Zaragoza», donde «si no pasa nada sacaremos la miel de tomillo y si el tiempo acompaña, más adelante, la de bosque».

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