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Mascarell se exhibe como un crisol de culturas y orígenes en su feria anual

Personas llegadas de diferentes provincias y países, tanto entre los artesanos como entre los visitantes, inundan un pueblo único

Vídeo: Mascarell vive su particular viaje a la Edad Media

Mònica Mira

Nules

Lo primero que llama la atención al llegar estos días a Mascarell, aparte de la gran cantidad de gente que circula por el recinto amurallado y sus alrededores, transformados en un gran mercado y campamento militar de época medieval, es la gran diversidad de acentos, tantos como orígenes de los visitantes y los participantes.

Unos y otros demuestran que este tipo de eventos democratizan las experiencias organizadas con dinero público, porque cualquiera tiene cabida, tanto los que llegan a pie en un paseo, como quienes no han dudado en recorrer muchos kilómetros para disfrutar de la visita al único pueblo valenciano totalmente amurallado, en este salto en el tiempo que Nules invitan a realizar cada año en el mes de noviembre.

Las calles de la población se han impregnado de aromas de especias, dulces, embutidos, quesos, brasas a pleno rendimiento, jabones, cremas o condimentos. Entre los sonidos, imperan los tambores, las voces de los mercaderes ofreciendo sus productos e, inevitablemente, los de un público que ha de tomarse con paciencia el paseo por sus estrechas calles, antagónicamente silenciosas durante la mayor parte del año, pero durante tres días convertidas casi en el centro neurálgico de la comarca.

Los móviles, siempre dispuestos a inmortalizar cualquier detalle, y los datáfonos para pagar los productos artesanales o las consumiciones a disposición del público, se combinan con los cetreros, los escudos y espadas, los animales de granja y los artesanos que confeccionan con sus manos una gran diversidad de productos. Modernidad e historia en una conjugación que tiene en Mascarell una singularidad que hace a esta feria inimitable.

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