Pep cuelga el casco de jefe de bomberos de Morella tras 33 años: "Un incendio lo cambió todo. Fue un antes y un después"
Después de más de tres décadas enfrentándose al fuego, la nieve y los rescates, José Luis Grau se despide del mando, aunque su vocación sigue tan viva como el primer día
Javier Sanz Corbatón toma su relevo tras ser elegido democráticamente por los bomberos voluntarios del parque con sede en la ciudad amurallada

José Luis Grau, Pep de Xiva para todos en Morella, cuelga el casco de jefe del Parque de Bomberos Voluntarios de Els Ports después de 33 años de servicio. Lo hace con la serenidad de quien ha dado media vida a su gente y con la satisfacción de haber formado una familia de voluntarios.
Pep ha sabido enfrentarse al fuego, la nieve, los accidentes y, sobre todo, ha estado al lado de sus vecinos siempre que ha sonado el teléfono.
Desde 1992 hasta 2025, Pep ha sido el rostro y el alma del parque de bomberos con sede en Morella, un referente en la comarca. Además, ha compatibilizado esta vocación con su responsabilidad como jefe de la Policía Local de Morella.
Preguntado por los recuerdos que le han dejado huella, no duda. Hay un incendio que lo cambió todo. "Aquello fue un antes y un después”, recuerda Pep al hablar del incendio forestal de 1994 en Els Ports, que arrasó más de 30.000 hectáreas. “Marcó una pauta en todo el país sobre cómo afrontar incendios de grandes dimensiones.”

Pep y Javier Sanz, en las oficinas del parque de bomberos de Morella. / Javier Ortí
Entre los muchos servicios que ha vivido el parque bajo su dirección, menciona con un tono más grave la tragedia de la ermita de Sant Cristòfol de la Todolella, que se cobró 18 vidas. “Sin duda nos marcó mucho a todos. No estuve presente allí, pero los compañeros que trabajaron en aquel lugar quedaron profundamente afectados.”
Y es que, como él mismo dice, “aquí, cuando vamos a un accidente, tenemos muchas papeletas de conocer al vecino que ha tenido la desgracia. Un siniestro siempre es duro, pero cuando el que está dentro es alguien cercano, todo se multiplica.”
Del viejo camión al parque moderno
Los cambios también se han notado en los medios. “Empezamos con un pequeño camión que no teníamos ni dónde aparcarlo. Ahora contamos con un parque bien equipado y con vehículos acordes a las necesidades,” explica.
Aunque no pierde la oportunidad de hacer una petición: “Si nos pudieran traer un camión con brazo, con una escalera extensible, nos iría fenomenal. En los servicios en altura aún tenemos dificultades para llegar.”
Pep no olvida tampoco la colaboración con los parques profesionales: “Los voluntarios somos los primeros en llegar. Después, si se complica, nos asisten los compañeros de Benicarló, a 65 kilómetros. Siempre nos han ayudado y a su lado hemos aprendido mucho.

'Pep de Xiva' cuelga el casco de jefe de bomberos de Morella tras 33 años. / Javier Ortí
Entre gatos, incendios y carreteras heladas, Pep ríe al recordar la variedad de intervenciones que han tenido a lo largo de los años: “Ya no recuerdo la cantidad de cosas que hemos llegado a hacer, pero creedme que van desde lo más tonto a lo más duro. Igual abrimos puertas que no se quieren abrir, bajamos gatos que no quieren bajar, acondicionamos carreteras en medio de temporales de nieve, apagamos incendios forestales o domésticos o buscamos personas perdidas en la montaña.”
Pep tiene claro que la fuerza para seguir adelante durante más de tres décadas no ha sido individual. “Quiero agradecer a cada uno de los voluntarios que en estos 33 años han pasado por el parque. A los que aún están, a los que se fueron y a los que por circunstancias de la vida decidieron no seguir”.
Esta familia es la que ha hecho posible que el parque de Morella haya pasado de hacer 9 servicios en 1992 a más de 100 anuales en la actualidad: “Antes la gente apenas conocía nuestra labor. Ahora todos tenemos un teléfono en el bolsillo y sabemos llamar al 112. Eso también ha cambiado el ritmo y la magnitud de nuestro trabajo.”
Un relevo con ilusión
Aunque deja la jefatura, Pep no se retira. “Solo me voy del cargo de jefe. Me quedo como voluntario. El relevo lo toma Javier Sanz Corbatón, elegido democráticamente entre sus compañeros.
Pep le dedica palabras de confianza y cariño: “Javier sabrá hacerlo muy bien. Le deseo la mejor de las suertes, paciencia en la toma de decisiones y ánimo para afrontar esta nueva etapa con ilusión.”
Antes de cerrar su etapa como jefe, Grau lanza una reflexión: “Espero más compromiso de los jóvenes de la comarca, que se animen a ser voluntarios y quieran formar parte del parque. Esta labor necesita continuidad y nuevas energías.”
33 años después, Pep de Xiva se despide del mando, pero no del fuego ni de su gente. Porque, como dice entre sonrisas, “esta pasión la llevo dentro y aún siento que tengo cuerda para rato, siempre que lo permitan mis dos nietos que ahora son mi absoluta prioridad", reconoce.
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