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La historia del primer coche que subió al Desert de les Palmes: un hito del motor en Castellón

El periodista Javier Andrés rescata en su libro 'Siempre seremos ayer' la hazaña de 1913 protagonizada por Russell Ecroyd y su esposa

Nuevo libro de Javier Andrés

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Eva Bellido

Benicàssim

El 16 de noviembre de 1913, un rugido de motor rompió el silencio del Desert de les Palmes. Aquel domingo, el británico Russell Ecroyd Neild, junto a su esposa María Pérez Rodríguez, escribió una página legendaria en la historia local: fueron los primeros en subir en coche hasta el convento de los padres carmelitas, por un abrupto camino de herradura que los monjes usaban para subir víveres con mulas.

El vehículo, un Ford modelo Touring con matrícula Castellón 20, fue el vigésimo coche matriculado en la provincia. Les acompañaban el ingeniero Víctor Rosich, director de la fábrica de gas y electricidad de Castelló; el chófer y mecánico José Marzá; y el comerciante José María Pastor, que inmortalizó la escena con su cámara. Las fotografías —donde aparecen los cinco aventureros junto a los frailes y legos del convento— se exhibieron durante semanas en el escaparate de su tienda de la calle Colón, causando sensación entre los vecinos.

El Ford Touring de Russell Ecroyd avanzando por el abrupto camino de herradura del Desert de les Palmes durante la histórica ascensión de 1913.

El Ford Touring de Russell Ecroyd avanzando por el abrupto camino de herradura del Desert de les Palmes durante la histórica ascensión de 1913. / MEDITERRÁNEO

La propia María Pérez escribió una crónica en la Revista de Castellón relatando la proeza, que muchos calificaron de insensata: abrirse paso con una maza entre piedras y curvas imposibles hasta alcanzar el convento, mientras el rugido del motor hacía salir a los carmelitas a recibirlos con asombro. “En las fotografías aparecen todos: el inglés, su mujer, el chófer, el mecánico, el prior y los jóvenes legos”, explica Javier Andrés, periodista y autor de Siempre seremos ayer, obra que rescata aquella efeméride. “Este fin de semana se cumplen 112 años desde que aquel coche subió por primera vez al Desert”, recordó en la presentación de su libro este sábado en Villa Ana.

Momento durante la ascensión de 1913, con Russell Ecroyd y sus acompañantes posando en el vehículo.

Momento durante la ascensión de 1913, con Russell Ecroyd y sus acompañantes posando en el vehículo. / MEDITERRÁNEO

El Heraldo de Castellón dedicó su portada a la noticia, calificándola de “inverosímil” y anunciando que los Carmelitas habían pedido los nombres de los excursionistas para inscribirlos en los anales del convento.

Un inglés visionario y pionero del transporte moderno

Russell Ecroyd no era un simple aficionado al automóvil: era un emprendedor adelantado a su tiempo. Fundó la primera empresa de taxis de Castellón y fue impulsor de la primera línea regular de autobuses que conectaba Castelló con Llucena, un hito para la movilidad del siglo XX. Su empresa, Automóviles Castellonenses S.A., ofrecía viajes de lujo en “ómnibus con asientos de muelles mirando al frente”.

Además, fue pionero en la venta de bicicletas, abrió el primer patinódromo de la ciudad y montó el célebre Garaje del Inglés en la calle Escultor Viciano, donde también vivió con su esposa María Pérez. Su figura simboliza la llegada de la modernidad a la provincia, en una época en la que el automóvil aún era una rareza.

Los diarios que rescatan la memoria de Castelló

Más de un siglo después, el periodista Javier Andrés Beltrán ha reconstruido esta historia a partir de los diarios inéditos de Manuel Pérez Rodríguez, hermano de María y último propietario del Garaje del Inglés. Esos 27 cuadernos manuscritos, encontrados por una funcionaria de Hacienda cuando el edificio iba a ser subastado, se convirtieron en la materia prima de Siempre seremos ayer.

Frailes carmelitas observan con asombro el Ford modelo Touring con el que Russell Ecroyd logró alcanzar por primera vez el convento del Desert en noviembre de 1913.

Frailes carmelitas observan con asombro el Ford modelo Touring con el que Russell Ecroyd logró alcanzar por primera vez el convento del Desert en noviembre de 1913. / MEDITERRÁNEO

Los diarios de Manuel, escritos entre 1947 y 1973, ofrecen una crónica social, política y costumbrista del Castelló de la posguerra hasta la llegada del turismo. En ellos se mezclan la escasez del racionamiento, las riadas, las heladas devastadoras, el desarrollo del Grau, la transformación del campo y la expansión de Benicàssim. También aparecen episodios singulares, como las visitas de Franco a la provincia, los primeros hoteles de playa o las grandes veladas en el Voramar, incluido el fastuoso banquete conocido como la Cena Americana, que deslumbró a la sociedad castellonense en 1933.

Se trata de un retrato fiel de una ciudad que se abre al progreso mientras conserva la memoria sentimental de toda una generación. Andrés convierte las anotaciones de Manuel en un relato que enlaza vida cotidiana, memoria familiar e historia colectiva.

Un viajero incansable y un cronista del mundo

Entre las curiosidades de aquellos cuadernos, Andrés destaca la vuelta al mundo que Manuel realizó en 1936, un viaje de cuatro meses del que enviaba pequeños cables al Heraldo de Castellón indicando dónde se encontraba en cada momento. A su regreso a Castelló escribió las sesenta crónicas extensas —la primera publicada el 4 de mayo de 1936— que convivieron poco después en las páginas del periódico con las primeras noticias sobre el estallido de la Guerra Civil.

El periodista Javier Andrés mostrando las imágenes antiguas de la hazaña en el Desert.

El periodista Javier Andrés mostrando las imágenes antiguas de la hazaña en el Desert. / MEDITERRÁNEO

En ellas describió lugares tan lejanos como Japón, China, Canadá, Hawái o la India con una mirada curiosa y detallista. A su vuelta, Manuel siguió plasmando con precisión la vida cotidiana de Castelló: sus calles, sus costumbres, sus amistades con artistas como Porcar, las excursiones al Desert de les Palmes y la evolución de Benicàssim como refugio de verano para la alta sociedad. Entre los vínculos internacionales de la familia aparece también Esther Pérez, una de las hermanas, residente en EE.UU. y casada con un alto directivo de Coca-Cola, lo que aportó un interesante puente cultural en aquellos años.

De la historia familiar al relato colectivo

El objetivo de Andrés ha sido devolver a Castelló y a Benicàssim la memoria de un tiempo que empezaba a borrarse. En esos diarios hay una mirada íntima, pero también universal. A través de una familia —la del inglés Ecroyd y los Pérez— se entiende una época completa: la llegada del automóvil, la modernidad, la guerra y el turismo.

El libro, que fue presentado este sábado, no solo recupera una hazaña del motor, sino un mosaico de vidas que configuran la identidad de la Plana. Entre sus páginas late la emoción de quien escucha todavía el eco de aquel Ford ascendiendo por los riscos del Desert, hace 112 años, la primera vez que un motor desafió el silencio de las montañas sagradas de Benicàssim.

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