Fin de una era en Peñíscola: un emblemático restaurante baja la persiana tras 35 años de historia familiar
En 1991 nació este restaurante tradicional marinero con el objetivo de servir comida de casa con pescado y marisco fresco directo de la lonja local

El restaurante cerrará para siempre en este puente en Peñíscola después de 35 años. / Alba Boix
Peñíscola se despedirá este puente de diciembre de uno de sus restaurantes más emblemáticos. Xulos, el pequeño gran negocio familiar que ha marcado la vida gastronómica y emocional de varias generaciones, cerrará sus puertas después de 35 años de historia.
Lo hará con una despedida especial durante estos próximos días, un gesto hacia los muchos clientes procedentes de toda España que consideran el local casi como una extensión de su propia casa.

Fachada del restaurante Xulos, en Peñíscola. / Alba Boix
Un proyecto nacido del mar y de la familia
Para entender Xulos hay que entender a la familia Beltrán-Castell. El restaurante abrió en 1991, cuando José Antonio Beltrán y María Dolores Castell, conocida por todos como Lolín, decidieron transformar la casa de la familia Beltrán en un pequeño comedor de apenas cuatro o cinco mesas.

Interior del restaurante Xulos, en Peñíscola. / Alba Boix
José Antonio, hasta entonces marinero, “dejó el mar para trabajar en la lonja de Peñíscola ocupándose de la nevera del hielo, lo que le permitía comprar cada día en la subasta el pescado que luego traía directamente al restaurante”, cuenta su hija, María.
"A los clientes no les sacábamos ni carta. Íbamos a la mesa y decíamos: hoy mi padre ha traído rodaballo, langostinos, pulpo… y los clientes elegían"
“Prácticamente, a los clientes no les sacábamos ni carta”, recuerda la hija del matrimonio y actual gerente junto a su hermano Antonio. “Íbamos a la mesa y decíamos: hoy mi padre ha traído rodaballo, langostinos, pulpo… y los clientes elegían. Era del mar al plato.”
Mientras José Antonio seleccionaba el mejor producto del día, Lolín lo limpiaba, lo cocinaba y lo convertía en la esencia de una cocina honesta, sencilla y profundamente local. Paellas, fideuás, arroz a banda, all i pebre o guisos de pulpo con cebolla completaban una oferta que, más que un menú, era una declaración de intenciones: ofrecer la comida de casa, hecha con verdad.

Recuerdos de tantos años de vivencias al frente del restaurante Xulos. / Mediterráneo
Una infancia entre platos, libros y clientes
Para María y Antonio, Xulos no fue solo el sustento familiar: fue su hogar. “Básicamente, nacimos en el restaurante, vivimos en el restaurante, hemos ayudado toda la vida”, recuerda María Beltrán. Las mesas del comedor fueron testigo de sus alegrías, de sus notas del colegio, de los comienzos universitarios, de despedidas y celebraciones. Crecieron viendo cómo sus padres trabajaban sin descanso, creando un vínculo muy especial con los clientes.
Con los años, ambos hermanos compaginaron estudios y trabajo familiar. María, licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, tomó una decisión valiente: regresar a casa para continuar el legado. “A mí la forma en la que mis padres crearon el restaurante me gustaba mucho, porque vendíamos verdad. Me gusta vender las cosas con pasión y decir la verdad”, afirma.

El lunes será el último día que abra el restaurante. / Alba Boix
El crecimiento del negocio
En 2015, la familia acometió una reforma que les permitió ampliar el proyecto: durante cuatro años gestionaron dos locales a la vez.
Lolín se fue retirando poco a poco, aunque mantuvo uno de los pilares más celebrados del restaurante: los postres caseros, conocidos como los postres de Lolín.
Xulos Rooms & Suites: el capítulo actual
El restaurante no solo ha sido motor emocional, sino escuela de vida y plataforma de crecimiento profesional. Gracias a él, la familia pudo inaugurar el año pasado su nuevo proyecto: Xulos Rooms & Suites, un alojamiento situado justo encima del restaurante y gestionado actualmente por María.
“El restaurante ha sido como una catapulta para formarnos profesionalmente”, explica. El alojamiento continuará abierto, mientras que el local del restaurante se traspasará. “Está para entrar a trabajar, en perfecto estado, con personal, instalaciones y cartas.”
Un cierre por amor a la familia
El motivo del cierre no es económico ni logístico, sino vital. “Queremos tener más tiempo para dedicar a nuestra familia”, reconoce María. Ambos hermanos tienen hijos y sienten la necesidad de encontrar un equilibrio que la hostelería, especialmente la de calidad, no siempre permite.
“No podemos tener ninguna queja: ni de proveedores, ni del equipo, ni de los clientes. La clave de un buen equipo es un buen liderazgo, como una orquesta sinfónica”, afirma.
Un adiós lleno de gratitud
El restaurante Xulos cerrará, pero no sin antes dar las gracias. Ahora, durante el puente de diciembre, la familia Beltrán abrirá sus puertas por última vez para despedirse en persona de sus clientes de toda España, muchos de los cuales han sido parte de la vida del negocio desde el principio.
Después de 35 años, Xulos baja la persiana. Pero lo hace dejando un legado de honestidad culinaria, tradición marinera y una historia familiar que ha alimentado a un pueblo entero. Y, sobre todo, con el deseo de que quienes tomen el relevo lo hagan con la misma ilusión, respeto y verdad que ellos han puesto durante más de tres décadas.
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