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El renacimiento del 'Biarritz del Mediterráneo': Así vuelve a brillar la Ruta de las Villas de Benicàssim

El paseo más exclusivo de la provincia de Castellón recupera su esplendor gracias a restauraciones millonarias, nuevos propietarios internacionales y un creciente interés turístico por su legado arquitectónico único

La Ruta de las Villas de Benicàssim vive hoy un momento que recuerda, más que nunca, a su época dorada. Ese tiempo en el que, a finales del siglo XIX y principios del XX, un selecto grupo de familias burguesas de Castellón y Valencia levantó en primera línea de mar un conjunto de mansiones que convirtió la localidad en el célebre “Biarritz valenciano”. Un escenario de tertulias, fiestas, arquitectura ecléctica y veraneos refinados que marcó para siempre la identidad de ‘Benifornia’.

Un siglo después, estas casas —muchas de ellas auténticas obras de arte— vuelven a brillar. Lo hacen gracias a restauraciones cuidadas como la que ha experimentado Villa María, a nuevos propietarios enamorados de Benicàssim y al renovado prestigio de este paseo marítimo, considerado hoy una de las franjas residenciales más valiosas del litoral español.

Un paseo por la Belle Époque

La Ruta de las Villas se extiende desde el histórico Hotel Voramar hasta la Torre de San Vicente, una construcción defensiva del siglo XVI. En este recorrido se registran 51 villas catalogadas, de las que 19 están señalizadas con paneles informativos. Cuatro de ellas gozan de protección integral, un reflejo de su enorme valor patrimonial.

Desde la bella leyenda del hotel Voramar al esplendor de Benicàssim

La primera villa surgió en 1887, impulsada por el ingeniero ferroviario Joaquín Coloma, quien vio en Benicàssim el enclave perfecto para el descanso. Poco después, sus amistades y la alta sociedad de Castellón siguieron sus pasos, poblando el litoral de mansiones de estilos variados. Por su arquitectura y magnetismo, destacan joyas como Villa Elisa, Villa Victoria, Villa Amparo o Villa Pons, algunas de ellas protagonistas durante la Guerra Civil y refugio de figuras como Ernest Hemingway o Alejo Carpentier.

Villa María: el resurgir que marca tendencia

La recuperación más celebrada de los últimos años ha sido la de Villa María, construida en 1925 por el arquitecto Francisco Maristany. Tras décadas de abandono —incluida su etapa como restaurante—, la mansión renace hoy como residencia privada de recreo gracias a una familia norteamericana enamorada de Benicàssim.

La restauración, liderada por Merelo Arquitectura y Summun Estudio, respeta el alma neoclásica de la casa e introduce una estética sofisticada, luminosa y contemporánea. Con seis habitaciones, nueve baños, sala de cine, piscina climatizada, pista de baloncesto y jardines diseñados por GM Paisajistas, se ha convertido en una de las villas más impresionantes del Mediterráneo.

Nuevos propietarios, mismo flechazo

La Ruta de las Villas vive un fenómeno creciente: compradores internacionales que descubren Benicàssim por recomendación y caen rendidos a su tranquilidad, clima y arquitectura histórica.

Además de Villa María, también Villa del Mar y Villa Isabel fueron adquiridas por una familia ucraniana que las ha restaurado y unificado con mimo. Empresarios del azulejo, familias nobles, inversores extranjeros y profesionales de éxito conforman hoy el diverso mapa de propietarios, fieles a un encanto que permanece intacto pese al paso del tiempo.

El precioso jardín que luce ahora en Villa del Mar, unificada con Villa Isabel, propiedad de un ucraniano.

El precioso jardín que luce ahora en Villa del Mar, unificada con Villa Isabel, propiedad de un ucraniano. / EVA BELLIDO

De los hospitales de guerra a los jardines

Las villas no son solo arquitectura: son memoria. Durante la Guerra Civil, muchas fueron incautadas y transformadas en hospitales y espacios logísticos para las Brigadas Internacionales. El complejo llegó a tener 3.000 camas y atendió a más de 7.500 heridos en un solo año.

Otras se convirtieron en platós, como Villa Victoria, escenario de producciones vinculadas a Luis García Berlanga. Y algunas todavía conservan anécdotas célebres, como Villa dels Culs, cuyos jardines con esculturas dieron mucho que hablar en su época.

Un patrimonio que vuelve a latir

La revitalización de la zona no es solo privada. Villa Elisa funciona hoy como palacete municipal, sede de actividades culturales, educativas y sociales. Villa Ana se ha transformado en el Espai Cultural de la Mar, un espacio moderno que integra biblioteca, talleres y presentaciones literarias frente al Mediterráneo.

Entre tanto, el paseo se ha llenado de vida gracias a restaurantes icónicos como Voramar, Jimena o Habanero, que han consolidado la zona como la auténtica milla de oro del Mediterráneo.

Estas son las villas de Benicàssim que atraen a los ricos de Castellón

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