Un árbol de Navidad con 55.000 hojas de piña y 4.500 tapones de corcho sorprende en un pueblo de Castellón
Todas las piezas están colocados a mano

Maties Aguilar, junto a su obra de arte en la plaça de la Font. / Miguel Ángel Sánchez
El espíritu navideño este año tiene un protagonista indiscutible en un municipio de Castellón: un árbol de 5 metros de altura que no solo impresiona por su tamaño, sino por la historia que lleva adherida en cada una de sus hojas. Está construido con 55.000 hojas de piña y 4.500 tapones de corcho, todos colocados a mano.
La obra es fruto del esfuerzo y la creatividad de Maties Aguilar, un vecino de Almenara, que ha convertido la paciencia en arte. Su creación, única en su tipo, ya se ha ganado la admiración de vecinos, curiosos y turistas que se detienen a fotografiar el gigantesco trabajo artesanal que ilumina la plaça de la Font.
Hace un año, Maties Aguilar imaginó crear un árbol navideño diferente. Quería demostrar que, con materiales cotidianos, muchos de ellos desechados, se podía crear algo monumental.
«Pensé que, si encontraba la manera de trabajar con hojas de piña y corcho, podría llevar la naturaleza a otro nivel», explica el artista cuando se le pregunta por el origen del proyecto. Lo que no imaginaba entonces era la magnitud de la tarea que estaba a punto de emprender.
Montaje
Antes de ensamblar la estructura o pegar la primera hoja, tuvo que dedicar meses a recolectar material. Por un lado, los tapones de corcho, que obtuvo gracias a donaciones, restaurantes y campañas improvisadas entre vecinos. Por otro, miles y miles de piñas, que buscó una a una en bosques y parques cercanos. Pero lo más laborioso no fue encontrarlas, sino desenfundar manualmente las hojas, una a una, evitando romperlas.
Para levantar un árbol de 5 metros, necesitaba una estructura estable y económica. La solución llegó desde uno de los objetos más comunes de cualquier casa o terraza: las macetas de plástico.
«Al final ya no contaba días, contaba hojas»
Escogió macetas de distintos tamaños y las ensambló de manera estratégica hasta lograr una forma cónica perfecta. Esta pieza central se convertiría en el esqueleto invisible del árbol.
El verdadero desafío comenzó cuando la estructura estuvo lista: colocar manualmente cada uno de los 4.500 tapones de corcho y las 55.000 hojas de piña. El proceso fue lento y meticuloso. «Al final ya no contaba días, contaba hojas», confiesa entre risas.
Instalado en el centro de la plaça de la Font, el árbol no solo adorna el espacio: lo transforma. La gente se detiene, observa, pregunta. Los niños rodean la base intentando adivinar de qué está hecho. Los adultos se sorprenden al descubrir que no se trata de un abeto natural ni de uno sintético, sino de una mezcla increíble de artesanía y reciclaje.
Más allá del impacto visual, la obra de Maties Aguilar, transmite una idea poderosa: la belleza puede surgir de aquello que desechamos. Tapones, piñas, macetas… Materiales humildes que se convierten en arte. Para este artista, el mayor regalo es ver a la gente detenerse frente a su creación.
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