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Un emblema en el municipio

Un horno de Castellón cierra para siempre tras un siglo de historia

Más de 100 años y cuatro generaciones de la familia Herrando marcan la historia de un establecimiento que forma parte de la memoria gastronómica de una larga estirpe

Fotos de toda una vida en el horno.

Fotos de toda una vida en el horno. / Mediterráneo

R. D. A.

L'Alcora

Cierra una histórica panadería-pasteleria, El Forn, un establecimiento con cuatro generaciones de vida y, sin duda, uno de los más apreciados y emblemáticos de la capital de l’Alcalatén.

Popularmente conocida como La de Nelet, la panadería-pastelería y cafetería de Manuel Herrando baja la persiana tras un siglo de exitosa actividad, marcada por la fidelidad de los clientes y una siempre elevaba concurrencia.

Manuel Herrando Alcón, el segundo de la saga, en el horno de la plaza de San Roque.

Manuel Herrando Alcón, el segundo de la saga, en el horno de la plaza de San Roque. / Javier Nomdedeu

La saga Herrando, conformada por cuatro generaciones de Manueles (de ahí su denominación popular) creó y ha regentado durante un siglo este espacio, que inició su andadura en la década de los años 20. Fue entonces cuando el joven Manuel Herrando Herrero viajó a Francia y empezó a trabajar en una panadería.

Manuel Herrando Salvador y Manuel Herrando Cruz, la tercera y cuarta generación.

Manuel Herrando Salvador y Manuel Herrando Cruz, la tercera y cuarta generación. / Javier Nomdedeu

Sus dotes y su valía le merecieron el reconocimiento de la dueña del establecimiento, una mujer mayor, que no dudó en ofrecerle la posibilidad de que continuara su labor de panadero como dueño de la misma. No obstante, el alcorino tenía otros planes y, tras ganar algo de dinero, decidió regresar a su tierra y emprender su propio negocio.

Así, a finales de los 20, adquirió el local del horno de la abuela Picaña, ubicado en la plaza San Roque de l'Alcora, que entonces ya era panadería.

La familia Herrando se muestra muy agradecida a la población por la confianza que han depositado en ella.

La familia Herrando se muestra muy agradecida a la población por la confianza que han depositado en ella. / Javier Nomdedeu

Los primeros años Manuel trabajó con el horno moruno de la abuela Picaña, donde elaboraba el pan que le proporcionó sustento, reconocimiento y una profesión que continuaría su hijo, Manuel Herrando Alcón. Fue este último quien, en 1966, compró un horno giratorio más moderno y continuó con la labor de su padre, transmitiendo a su hijo, Manuel Herrando Salvador, su pasión por el oficio y perpetuando la tradición familiar.

La tercera generación de Herrando comenzó a trabajar en el negocio familiar a los 17 años, quien, hoy ya jubilado, narra la historia del emblemático establecimiento alcorino. Él, a su vez, cedió el relevo a su hijo, Manuel Herrando Cruz, quien le acompañó en parte de su recorrido y ha regentado el negocio desde 2014.

Evolución

Además del despacho de la plaza San Roque (frente al ayuntamiento), en 1998, Manuel Herrero Salvador abrió otro en la plaza La Salle, convirtiendo los dos locales en panadería-pastelería y cafetería.

Imagen de la panadería-pastelería y cafetería, ya cerrada.

Imagen de la panadería-pastelería y cafetería, ya cerrada. / Javier Nomdedeu

La calidad de los productos y excelente atención hicieron siempre que sendos establecimientos gozaran del beneplácito de una numerosa clientela, que se mantuvo y creció durante toda su historia. Además, el vínculo con la población favoreció el desarrollo de originales iniciativas. Así, hasta 2014, un día a la semana la panadería pastelería se convertía además en el forn de les dones, puesto que Nelet permitía a las mujeres que pasaran por el horno sus cocas, repostería e incluso si querían podían elaborar pan.

Productos emblemáticos

Además de un pan de gran calidad, La de Nelet ha sido conocida por deliciosos productos caseros artesanales como la coca fullà, los panquemados, los rollets de vicari y las pilotes de flare, entre otros, sin olvidar sus famosas magdalenas, tan demandadas que, a las pocas horas de hacerlas, estaban todas vendidas. A estas sabrosas elaboraciones se suman los apreciados rotllos y monas de Pascua, los indispensables prims de Sant Antoni, y los roscones de Reyes.

La saga Herrando supo ganarse las papilas gustativas de sus vecinos, pero también su cariño como consecuencia de su generosidad e implicación, plasmada, entre otras cosas, en su colaboración colaborando esta panadería con todas las asociaciones que se lo solicitaban, regalando sus productos para sorteos benéficos, etc.

Manuel Herrando Cruz será el último de la saga panadera, ya que debe dejar el trabajo y su hijo, con estudios de Administración y Dirección de Empresas tiene otras metas. Sin embargo, agradece de corazón a toda la población su confianza durante tantos años.

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