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27 años al frente de un restaurante y un emblemático santuario de Castellón: la historia de José y Bea

La pareja pone fin a una etapa marcada por la dedicación constante y facilitan el relevo

Por el hospedaje han pasado personalidades de distintos ámbitos del país: Adolfo Suárez, Jordi Pujol....

José y Bea inician ahora una nueva etapa tras cerca de tres décadas al frente de un restaurante y un histórico santuario de Castellón.

José y Bea inician ahora una nueva etapa tras cerca de tres décadas al frente de un restaurante y un histórico santuario de Castellón. / Javier Ortí

El restaurante y santuario de la Virgen de la Balma no se entiende sin Bea Grau Adell y José Barberán Hernández. Llegaron jóvenes, con apenas 24 y 25 años, y se marchan dejando una huella que ya forma parte de la memoria de Sorita y de todos los pueblos que peregrinan hasta este rincón sagrado.

«Trabajábamos los dos en Morella cuando coincidió que se jubilaban Ángel y Consuelo. El cura nos lo propuso y dimos el paso», recuerdan. Era enero de 1999. Nadie imaginaba entonces que aquel sí se convertiría en 27 años de entrega ininterrumpida, hasta este 31 de enero de 2026, cuando han cerrado esta etapa de su vida.

La Balma ha sido testigo de sustos, sacrificios y milagros cotidianos. El más grande llegó una noche de verano de 2011, cuando un incendio empezó a arder detrás del antiguo altar, hecho de cartón piedra. «Nuestros vecinos, los hermanos Jordi y Rafa, vieron desde sus granjas como salía humo del campanario. Entramos ellos y nosotros. Con extintores conseguimos apagarlo antes de que se quemara todo», relatan. Ardieron el coro, el altar y el balcón, pero el santuario se salvó. Después, la sala de promesas tuvo que vaciarse: los objetos quedaron dañados para siempre.

También hubo tiempos duros cuando la carretera de Morella a Forcall se cortó en 2007 y llegar desde Morella a Sorita suponía una hora de viaje. Ese mismo diciembre cerraron por la restauración del edificio, que duró hasta Pascua de 2011. Durante dos años trabajaron en el restaurante Carlos VII, en la Masía del Colomer, pero siguieron subiendo cada día a la Balma para abrir a los albañiles. Bar y templo permanecieron cerrados, pero la presencia nunca se perdió.

Una vida ligada a la Virgen

La Balma es tradición viva para la familia. José, además de ermitaño, ha recitado la loa a la Virgen en el papel de pastor la víspera de su día. Bea se ha encargado durante los 27 años de vestir a la Virgen y Balma, su hija, ha bailado en las danzas durante 24 años: empezó con los negrets, siguió como Llauradora y terminó como Gitaneta. Una vida entera ligada a la Virgen.

Por la Balma pasan romerías y visitas de vecinos de Olocau, Sorita, Palanques, Villores u Ortells, y peregrinos de Aragón: Castellote, Aguaviva, Mas de las Matas, Caspe… La virgen de la Balma tiene devotos en muchos sitios de la geografía española.

Por sus estancias han pasado Adolfo Suárez, Jordi Pujol...

Por otro lado, el hospedaje en la Balma ha servido para que famosos de todos los ámbitos de la vida social, política y deportiva del país hayan pasado por sus estancias. Buscando días de descanso, turismo cinegético o el anonimato, el expresidente del Gobierno Adolfo Suárez; el expresidente de la Generalitat de Catalunya Jordi Pujol y su mujer, que iban un par de veces al año; Jesulín de Ubrique, quien ha sido un habitual de la caza, así como la escritora Julia Navarro o el exfutbolista Zlatan Ibrahimovic, entre un largo etcétera de políticos, escritores y jugadores han pasado por la comarca de Els Ports.

Nueva etapa

El cierre no es abandono, es relevo. «Tenemos 53 y 52 años. Han surgido otras oportunidades y queremos un trabajo con menos exigencia horaria», explican. La Balma seguirá viva: el restaurante pasa a manos de una pareja joven, con experiencia en hotelería, que abrirá, como tarde, el 14 de febrero. «Les deseamos que estén, ojalá, al menos 27 años como nosotros», afirman.

Hoy, Bea y José se despiden sabiendo que dejan la Balma en su mejor momento: con reservas todos los días y romerías que siguen subiendo. Se van, pero su historia queda escrita en la piedra del santuario y en el corazón de quienes han hallado allí mesa, fe y hogar.

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