Dulces de Pascua
Preparar la mona en Moncofa: una tradición en peligro
Cada vez son menos los hogares que mantienen la costumbre de cocinar los dulces típicos de manera casera
Consuelo Orosia recuerda que antes solían participar en su elaboración todos los miembros de una familia

Consuelo Osoria decora sus monas y dulces junto a otros miembros de su familia. / Miguel Ángel Sánchez
La llegada de la Semana Santa en Moncofa siempre ha estado estrechamente ligada a las tradiciones familiares. En esta localidad costera, donde el ritmo de vida se transforma con la llegada de visitantes y el ambiente festivo, hay una costumbre profundamente arraigada: la elaboración y consumo de dulces típicos que forman parte del patrimonio gastronómico local. Entre ellos destacan las tradicionales monas de huevo, el biscuit, los panquemados y los brazos de gitano rellenos de cabello de ángel o boniato, auténticas delicias.

La elaboración de la masa es el primer paso. / Miguel Ángel Sánchez
Sin embargo, este año la situación ha sido diferente. La reducción del número de hornos en el municipio, quedando únicamente uno en funcionamiento, ha provocado un cambio significativo en la manera en que los vecinos viven esta tradición. Durante generaciones, muchas familias de Moncofa mantenían la costumbre de preparar la masa de estos dulces en sus propias casas, siguiendo recetas heredadas y utilizando utensilios tradicionales, para posteriormente llevar las elaboraciones al horno del pueblo, donde se completaba el proceso de cocción.
Adaptación a los nuevos tiempos
La realidad actual ha obligado a adaptarse. Por un lado, muchas familias han optado por elaborar completamente los dulces en sus hogares, afrontando el reto que supone disponer de los medios necesarios, tanto en términos de utensilios como de conocimientos. Por otro, quienes no han podido o no han querido asumir este proceso han recurrido a la compra directa en el horno disponible o en grandes superficies comerciales. Esta situación ha generado cierta sensación de pérdida entre los vecinos, que ven cómo una parte de su identidad cultural se transforma.
El único horno existente no puede abarcar toda la demanda. No solo atiende a los residentes habituales, sino también a quienes aprovechan estos días festivos para descansar en Moncofa y disfrutar de su playa.
Tradición repostera
En este contexto destaca el testimonio de Consuelo Orosia, vecina de la localidad y fiel defensora de la tradición repostera casera. Para ella, la elaboración de estos dulces no es solo una tarea culinaria, sino un acto cargado de significado. Conserva con mimo una libreta donde anota con precisión cada detalle del proceso: las cantidades de harina, azúcar y huevos, los tiempos de reposo, y los recipientes adecuados para cada preparación. Su experiencia es fruto de años de práctica y de la transmisión de conocimientos de generación en generación.

La decoración de los dulces es fundamental. / Miguel Ángel Sánchez
Consuelo explica que cada Semana Santa dedica toda una mañana a preparar sus dulces: monas, panquemados rellenos de confitura de boniato y cabello de ángel, a los que añade ingredientes como nueces y pasas, aportando un toque personal. Para ella, este ritual es irrenunciable. No obstante, lamenta profundamente la situación actual: considera que la desaparición de hornos ha afectado negativamente a una tradición muy extendida en Moncofa. Antes, muchas familias compartían el proceso de elaboración, desde el amasado en casa hasta la cocción en el horno, generando un ambiente de colaboración y convivencia.
Valor emocional
Según Consuelo, aunque los dulces que se pueden adquirir en el horno son de calidad, existe una diferencia evidente con los elaborados en casa. No se trata únicamente del sabor, sino del valor emocional y del esfuerzo invertido en su preparación. El proceso casero permite personalizar las recetas, adaptarlas a los gustos de cada familia y mantener vivas técnicas que forman parte del patrimonio cultural.

El resultado final: para chuparse los dedos. / Miguel Ángel Sánchez
Cuando se acerca el momento de los preparativos, Consuelo piensa en los gustos de sus hijas y nietos, así como en las personas con las que compartirá estos días festivos. En Moncofa, el Domingo de Pascua y el lunes de Pascua (también celebrado con especial arraigo en la localidad) son jornadas señaladas para reunirse, salir al campo o a la playa y disfrutar de estos dulces en compañía.
En definitiva, la situación actual en Moncofa refleja cómo los cambios estructurales pueden influir en las tradiciones locales. A pesar de las dificultades, muchos vecinos continúan esforzándose por mantener viva una costumbre que forma parte de su identidad.
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