Un emblemático bar afronta su segundo relevo generacional tras más de 60 años de historia familiar en Castellón
Juan Carlos Pons Benages inicia la transición hacia sus hijos después de una vida entera tras la barra, en un negocio que ha visto crecer al municipio desde los años 60

El propietario de Bar Pons, en la entrada del establecimiento familiar. / Eva Bellido
Hay bares que no necesitan cartel para ser reconocibles. En Benicàssim, Bar Pons es uno de ellos. Un local que ha sido testigo del paso del tiempo, de los cambios del turismo y de la evolución de todo un pueblo. Ahora, más de seis décadas después de que la familia Pons iniciara su andadura, el negocio afronta una nueva etapa: el relevo generacional.
Detrás de la barra sigue estando Juan Carlos Pons Benages, alma del bar durante décadas y heredero de una tradición que comenzó mucho antes de que el municipio se convirtiera en el destino que hoy es. “Yo, con 14 años, ya estaba ahí… quitando el año de la mili, no he salido de aquí”, resume quien ha dedicado toda su vida a la hostelería.
La historia arranca en 1960, cuando su padre puso en marcha el negocio familiar. Años después, en 1990, Juan Carlos abrió el actual Bar Pons junto a su hermana, tras verse obligados a dejar el anterior local. Desde entonces, el establecimiento ha mantenido intacta su esencia: barra, cercanía y una oferta clara. “La filosofía es tapas, platos combinados y bocadillos. Abrimos a las seis de la mañana”, explica.
Ese horario no es casual. Durante años, el bar ha sido punto de encuentro de dos mundos que coinciden en muy pocos lugares: quienes empiezan la jornada laboral y quienes la terminan después de una noche de fiesta. En Benicàssim, especialmente en verano y tras salir de discotecas o locales de ocio, ir al Pons a pedir un bocadillo antes de volver a casa forma parte casi de la rutina de varias generaciones. “Aquí tengo las tres generaciones”, señala. “Los que madrugan y se van a trabajar y los que trasnochan y aún no se han ido a dormir… se juntan todos”, relata entre risas.
Un bar que ha crecido con el pueblo
La trayectoria de Bar Pons es también la de Benicàssim. Su propietario ha vivido en primera línea la transformación de un municipio que pasó de ser casi un pequeño núcleo de casas a superar los 20.000 habitantes. “En aquella época seríamos 1.500 o 2.000… y ahora somos 20.000”, recuerda.
Antes, el turismo era muy distinto. Familias francesas o valencianas alquilaban habitaciones en casas particulares, los chiringuitos eran poco más que quioscos de helados y el litoral apenas estaba desarrollado. La familia Pons formó parte de ese crecimiento, gestionando hasta cuatro chiringuitos en la playa durante varios años.
“Empezamos también con mi padre… aquello era un puesto de helados y pipas, y eso ha ido cambiando”, explica. Una evolución que también vivió el propio bar, pasando de heladería a negocio hostelero completo.
La esencia de siempre
A pesar de los cambios, hay cosas que no se han tocado. La carta, por ejemplo, sigue fiel a lo que ha funcionado siempre. Y entre todo, hay un plato que destaca por encima del resto: “Lo que más le gusta a la gente es la sepia, con diferencia”, dice sin dudar.
Pero si algo define a Bar Pons no es solo lo que se come, sino lo que ocurre dentro. “Aquí tratamos con la gente y somos como psicólogos”, reconoce. “La gente viene, te cuenta sus problemas, sus vivencias… cosas buenas y malas”. Un papel invisible, pero clave, que explica por qué estos bares siguen siendo imprescindibles.
El relevo ya está en marcha
Tras más de 44 años cotizados, Juan Carlos dio un paso al lado hace poco más de un año. Aunque no del todo. Continúa ligado al negocio en lo que él mismo define como una “jubilación activa”, mientras sus hijos empiezan a asumir responsabilidades.

Juan Carlos Pons Benages sentado en una de las mesas de la terraza de su bar. / Eva Bellido
“Ellos vienen por las tardes… a ver si poco a poco se van acoplando”, comenta sobre Borja y Aglaya, la nueva generación. Una transición natural, aunque no exenta de dudas. “Contento y no contento”, admite. “La hostelería es muy dura… son muchas horas. El que trabaja fuera no lo ve, pero el que está dentro sí”.
Aun así, el testigo ya está sobre la mesa. Y aunque sabe lo que implica, también es consciente del valor de continuar con una historia familiar tan arraigada al municipio.
Un final que es también un principio
Juan Carlos mira al futuro con la tranquilidad de quien lo ha dado todo. “Yo creo que estaré un año más o dos como mucho”, señala. Después, tiene claro su plan: “No hacer nada. Ir a pasear, al gimnasio y a comer y almorzar por ahí”.
Mientras tanto, Bar Pons seguirá abriendo cada mañana. Con la misma barra, el mismo olor a café y esa mezcla de generaciones que lo ha convertido en algo más que un bar, un lugar donde, como dice su dueño, no solo se sirve comida, también se escuchan historias.
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