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Reafirma su poder de convocatoria

El 'apagón' más mágico: más de 8.000 velas iluminan el casco histórico de Culla

L’Encesa se consolida como el evento más multitudinario del año en la localidad en una noche con música en directo y buen tiempo

Vídeo: L'Encesa ilumina las calles empedradas de Culla

David Donaire

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Culla

Culla apagó este sábado por la noche sus farolas para dejar que más de 8.000 velas iluminaran las calles, plazas y principales rincones de su casco histórico. Miles de pequeñas llamas transformaron durante unas horas el conjunto medieval en un escenario íntimo que volvió a atraer a un auténtico aluvión de visitantes a este municipio que forma parte de la red de pueblos bonitos de España.

A partir de las 22.30 horas, con el alumbrado público ya apagado, los cirios se adueñaron del protagonismo. Hileras de luces, dibujos y composiciones decorativas marcaron un recorrido que serpenteaba por las estrechas calles empedradas del núcleo antiguo, declarado conjunto histórico-artístico y bien de interés cultural.

La piedra, la oscuridad y la tenue luz de los cirios hicieron el resto. La plaza de la Setena, la Porta Nova, el Terrat, Baix lo Mur, el Carrer Pla y el Singlet volvieron a convertirse en los enclaves más transitados y fotografiados de la noche.

Galería de fotos de l'Encesa de Culla

Culla volvió a brillar bajo la luz de las velas. / David Donaire

Familias, parejas, grupos de amigos y aficionados a la fotografía caminaron sin prisas por el recorrido, tratando de encontrar el mejor encuadre. Algunos se agachaban para captar las hileras de velas a ras del suelo, mientras otros esperaban a que una calle quedara despejada durante unos segundos. También hubo quien optó por guardar el teléfono y disfrutar sencillamente de la atmósfera.

La velada estuvo acompañada por dos actuaciones musicales, una en la Porta Nova y otra en el Singlet, que convirtieron estos espacios en pequeños escenarios improvisados entre fachadas de piedra y luces cálidas.

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Foto de la actuación musical en el Singlet. / David Donaire

Meteorología amable

Esta vez, además, la meteorología decidió colaborar por completo. Después de varias ediciones en las que el tiempo había adquirido demasiado protagonismo, Culla disfrutó de una noche espléndida.

La diferencia respecto a años anteriores fue notable. En 2024, una espesa niebla complicó especialmente la toma de fotografías, mientras que el pasado año la amenaza de temporal obligó a aplazar el evento de julio a septiembre. Incluso en la nueva fecha, una llovizna caída poco antes del encendido hizo temer por su celebración.

Galería de fotos de l'Encesa de Culla

Panorámica tomada desde el castillo. / David Donaire

Este sábado, en cambio, la ausencia de viento permitió que las velas permanecieran encendidas durante toda la velada. Las decenas de voluntarios que velaban por el buen desarrollo del evento apenas tuvieron que reavivar las llamas, algo habitual cuando soplan corrientes de aire por las calles del casco antiguo.

Buena parte del éxito de l’Encesa volvió a recaer precisamente en los vecinos y voluntarios del municipio. La colocación de miles de cirios, su encendido y la vigilancia del itinerario requirieron horas de preparación y un importante trabajo colectivo antes, durante y después de que las farolas se apagaran.

Galería de fotos de l'Encesa de Culla

Las calles se llenaron de visitantes durante la noche. / David Donaire

Aparcamientos abarrotados

El ambiente íntimo del recorrido contrastó con el intenso movimiento vivido en los accesos a la localidad. L’Encesa volvió a demostrar que es el acontecimiento con mayor poder de convocatoria del año en Culla.

Las zonas de aparcamiento habilitadas en el casco urbano se llenaron rápidamente y muchos visitantes tuvieron que dejar sus vehículos en entradores, caminos y masías cercanas antes de continuar a pie hasta el centro histórico.

Dos jóvenes se dan un beso en la plaza de l'Hospital.

Dos jóvenes se dan un beso en la plaza de l'Hospital. / Mediterráneo

L’Encesa volvió así a demostrar que no necesita grandes artificios para cautivar. Le bastan unas calles medievales, miles de pequeñas llamas y la implicación de todo un pueblo. Durante unas horas, Culla apagó la luz convencional y dejó que fueran las velas las que marcaran el camino.

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