Treinta años de FIB: 135.000 asistentes y un festival que ya apenas sale del recinto
El certamen baja el telón con un público mayoritariamente nacional, menos aglomeraciones que en sus años dorados y un balance con luces y sombras en una edición marcada por la ola de calor

Toni Losas
El Festival Internacional de Benicàssim (FIB) puso este sábado el broche a su 30ª edición con un balance oficial que apunta a 135.000 asistentes acumulados durante sus tres jornadas, según los datos facilitados por la organización. Una cifra que confirma que el certamen sigue siendo una de las grandes citas musicales del verano español, aunque también refleja una realidad muy distinta a la de sus años de mayor esplendor, cuando llegó a aproximarse a los 200.000 asistentes y convertía Benicàssim en una prolongación del propio festival.
La última jornada reservó para la noche algunos de los grandes nombres del cartel. Al cierre de esta edición todavía debían actuar La Habitación Roja, The Prodigy y Biffy Clyro, antes de que el DJ benicense Pizzicatto pusiera el broche definitivo a la programación con una sesión prevista hasta las 5.00 horas. Durante la tarde pasaron por los escenarios artistas como Dorian, Paula Mattheus o The Fratellis.
A lo largo de las tres jornadas también desfilaron por el recinto Mafalda Cardenal, Lori Meyers, Kaiser Chiefs, The Kooks, La La Love You, Niña Polaca, Pendulum y decenas de artistas.
Las cifras trasladadas por la organización sitúan la asistencia media entre 40.000 y 45.000 personas por jornada. Sin embargo, durante buena parte del festival no se percibió un recinto especialmente saturado. Las mayores concentraciones se produjeron frente al escenario principal durante las actuaciones más esperadas, mientras el resto del recinto ofrecía una imagen mucho más desahogada que en otras ediciones.
La menor presión de público también se dejó notar en el exterior. Apenas se registraron grandes aglomeraciones en las inmediaciones del recinto, los accesos funcionaron con fluidez, no se reprodujeron las largas retenciones de tráfico que durante años acompañaban la llegada a Benicàssim y las esperas en barras y puestos de restauración fueron sensiblemente menores que en las épocas de mayor afluencia.
Un FIB muy distinto al de sus años dorados
Los 135.000 asistentes anunciados por la organización quedan por debajo de las cifras alcanzadas durante algunos de los años de mayor esplendor del festival, cuando el FIB rozaba los 200.000 asistentes acumulados y el público internacional, especialmente británico, era uno de sus principales rasgos de identidad.
El perfil del festival también ha cambiado. Si hace apenas una década era habitual escuchar hablar inglés por todo Benicàssim durante la semana del FIB, en esta edición el público ha sido mayoritariamente nacional, con numerosos asistentes procedentes de la Comunitat Valenciana, Cataluña, Madrid y otros puntos de España, mientras la presencia de visitantes extranjeros ha resultado claramente minoritaria.
Ese cambio también se ha reflejado en el funcionamiento del propio certamen. Buena parte de los asistentes llega directamente al recinto y, una vez finalizan los conciertos, utiliza los autobuses lanzadera para regresar a sus alojamientos en Benicàssim, Orpesa (principalmente Marina d'Or) o Castellón. Este sistema ha contribuido a reducir el uso del vehículo privado y la huella asociada a la movilidad del festival, además de agilizar los desplazamientos.
Luces y sombras del 30º aniversario
Entre los aspectos mejor valorados por el público destacaron las medidas implantadas para hacer frente a la ola de calor. Los refugios climáticos, los puntos de agua gratuitos, las zonas de sombra, los ventiladores con pulverización, nebulizadores en barras, el pasillo de hidratación y otras actuaciones permitieron hacer mucho más llevaderas unas jornadas marcadas por las altas temperaturas.
También recibió una buena acogida la instalación de césped artificial en la entrada principal, una mejora que redujo el polvo habitual de otras ediciones y ofreció una imagen más cuidada desde el acceso al recinto.
En materia de sostenibilidad, el festival volvió a apostar por el transporte colectivo mediante autobuses lanzadera y por el uso de más de 30.500 litros de combustible 100% renovable suministrado por Repsol para parte de la logística del evento, una medida con la que la organización estima haber evitado la emisión de alrededor de 85 toneladas de CO₂.
No obstante, la edición también dejó aspectos criticados por numerosos asistentes. Entre ellos, que la cerveza perdiera el frío con rapidez, la obligación de realizar una recarga mínima de 30 euros en la pulsera cashless para poder consumir dentro del recinto y unas nuevas zonas de animación que, para buena parte del público veterano, no lograron generar el ambiente que durante años ofrecían las tradicionales carpas de DJs o la mítica South Beach, entre concierto y concierto, o tras el cierre de la música en los escenarios.
La edición también volvió a estar marcada por la polémica en torno al fondo de inversión KKR, vinculado al festival. Durante la segunda jornada, un grupo de manifestantes se concentró en las inmediaciones del recinto para reclamar al Ayuntamiento que retire su apoyo institucional al FIB mientras mantenga esa relación empresarial.
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