Arteas de Arriba y Arteas de Abajo
Dos aldeas de Castellón, sin cobertura para llamar al 112 ni recibir alertas de emergencia: "Estamos dejados de la mano de Dios"
La única carretera de acceso, con poco mantenimiento y sin alternativas para urgencias, «es peligrosísima»
La Generalitat asegura que mantiene conversaciones con operadoras para buscar una solución

Mediterráneo

Todos los discursos y las políticas antidespoblamiento se quedan en nada cuando un vecino de un pueblo no tiene garantizado algo tan esencial como recibir los mensajes de alerta de protección civil o no puede hacer una llamada de emergencias en el caso de precisarlo. Esa es la realidad con la que viven los propietarios de las aproximadamente 100 viviendas que integran las aldeas de Arteas de Arriba y Arteas de Abajo, pedanías de Bejís.
En un contexto de progresivo abandono del mundo rural con consecuencias que van más allá del ámbito social, la libre elección de vivir en algunos lugares puede acabar convertida en un gran inconveniente. «Tenemos que pelearlo todo mucho», asegura una vecina de una de estas pedanías, y no siempre consiguen lo que es un derecho para la mayor parte de la población y en estos entornos parece que sea un privilegio al que no tienen acceso.
La Generalitat reconoce el problema
Que en Arteas no reciben los mensajes del ES-Alert y tampoco pueden llamar al 112 a no ser que tengan un teléfono vía satélite es algo que no solo cuentan los vecinos. Lo reconoce la Generalitat, que atribuye la situación a «la falta de cobertura telefónica en algunas zonas», un problema que, según precisan, «deben solucionar los operadores privados».
La Dirección General de Emergencias y Extinción de Incendios son conocedores de lo que sucede, entre otras cosas porque los afectados «llevamos años denunciándolo» y así se ha dado traslado también desde el Ayuntamiento de Bejís, con quien desde la Conselleria aseguran que están en contacto.
Precisan que «desde la Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio están en conversaciones con las operadoras para abordar la posibilidad de incrementar la cobertura», aunque la experiencia de los vecinos les dice que si el gobierno autonómico «no les obliga de alguna manera, a través de compensaciones», pocos avances se producirán.
Las consecuencias de este aislamiento se han dejado sentir en numerosas ocasiones, pero tal vez la que vivieron durante el incendio de Bejís expone con claridad hasta qué punto puede ser grave.
Cuando se declaró el incendio y comenzó a avanzar con rapidez hacia ambas poblaciones, «era la hora de comer, y todos estábamos en casa». Si se enteraron de lo que estaba pasando fue porque «tuvimos la suerte de que una familia vecina estaba comiendo fuera, en un restaurante, y desde la terraza vieron el inicio del fuego».

Jesús Bayona realizó esta foto después de que Arteas se autoevacuara, fue el último en abandonar la población. La ermita de la imagen se quemó poco después. / Jesús Bayona
Dos de los residentes tenían teléfono vía satélite, se comunicaron entre ellos y empezaron a avisar al resto de vecinos «tocando el claxon de los coches por la carretera para avisar y llamando puerta por puerta». Ana, una de las afectadas, está convencida de que si no hubieran reaccionado así «se habría producido un desastre». Con todo, destaca que todos los profesionales que participaron en el dispositivo de extinción de incendios «salvaron el pueblo y no se quemó ninguna casa, solo la ermita, les estaremos eternamente agradecidos».
En dos pedanías que pueden quedarse incomunicadas por la crecida de ríos y barrancos, en su caso, el río Canales suele cortar el paso por la única carretera de acceso, que no puedan recibirse los mensajes de ES-Alert parece un riesgo adicional al del resto de la población.
Una carretera «peligrosísima»
Y precisamente esa carretera es otro de sus grandes problemas. Los que deben utilizarla sin más alternativa para salir de sus casas y volver a ellas, la definen como «peligrosísima». Es tan estrecha que prácticamente solo puede circular un vehículo por sentido, «tienes que ir tocando el claxon del coche en las curvas», dicen. Está asfaltada, pero en muchos tramos ese pavimento es muy deficiente y se deteriora con facilidad. Además, como describen los afectados, «desde el incendio, se producen más desprendimientos de rocas y caídas de árboles quemadas y solo retiran los que obstaculizan de manera puntual, ninguno más».
Durante la última dana, Ana relata cómo tuvieron que salir de casa por una urgencia médica «en plena alerta roja». Después de un ingreso hospitalario de varios días «cuando volvíamos a casa, había dos grandes rocas en medio de la carretera y las tuvo que retirar como pudo mi marido para poder llegar a casa, porque era fin de semana y no podíamos avisar al Ayuntamiento».

Los desprendimientos de rocas en la única carretera de acceso a Arteas son habituales desde el incendio de Bejís, que cercó la población. / Mediterráneo
El problema para los afectados es que las circunstancias descritas son un suma y sigue. Durante años estuvieron sin señal de televisión y tenían que pagar los repetidores para poder tener una señal «que nos dejaba ver dos canales y con interferencias». Después de muchas quejas y gestiones, se solucionó esa cuestión, aunque a día de hoy siguen sin poder verla televisión pública autonómica À Punt y «solo vemos los canales que tienen señal por satélite».
Internet ha llegado a ambas pedanías recientemente por una subvención europea; el correo no se recibe con normalidad; la recogida de la basura presenta numerosas incidencias que tienen que estar notificando constantemente y «ahora parece ser que la Diputación de Castellón y el Ayuntamiento van afirmar un convenio para actuar en la carretera», explican, pero durante mucho tiempo, según lamentan «el dinero que decían que se presupuestaba para esta carretera, acababa destinándose a otros pueblos porque siempre pasa algo».
Las personas que viven en Arteas de Abajo y Arteas de Arriba han escogido vivir en el ámbito rural por múltiples y diversas razones, y lo que quieren es tener los mismos derechos que cualquier otro ciudadano y que servicios tan básicos como poder comunicarse con el 112 y estar al día de cualquier alerta por riesgos de protección civil, estén garantizados. Cuestiones de seguridad como esas no deberían depender del lugar en el que se vive.
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