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"No tiene valor ni para venderlo como chatarra"

Roban en la Vilavella un motocultor que rendía homenaje a los agricultores: "¿Qué sentido tiene hacer algo así?"

Un vecino del municipio decidió utilizar aperos antiguos de su familia para hacer este reconocimiento en una finca vallada de su propiedad: "Han roto el candado y se lo han llevado, sin más"

A la izquierda, foto del homenaje que había realizado un vecino de la Vilavella. A la derecha, tras robarle la pieza.

A la izquierda, foto del homenaje que había realizado un vecino de la Vilavella. A la derecha, tras robarle la pieza. / Mònica Mira

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Mònica Mira

Mònica Mira

La Vilavella

Con valor material o sin él, la cuestión es robar por robar. Esa es la sensación que tiene la víctima del enésimo robo en el campo, aunque esta vez lo sustraído no ha sido fruta, herramientas o cable de cobre, que suele ser lo habitual. Se han llevado una improvisada y rhumilde escultura de homenaje a los agricultores de la Plana.

Ha sucedido en la Vilavella, y el afectado todavía no entiende el sentido de un incidente que hace más daño desde un punto de vista emocional, que beneficio económico se puede sacar de él.

Superficie de hormigón donde se había instalado el monumento a la agricultura, en una parcela citrícola vallada de la Vilavella.

Superficie de hormigón donde se había instalado el monumento a la agricultura, en una parcela citrícola vallada de la Vilavella. / Mònica Mira

Guillermo Traver, vecino del municipio, heredero de una tradición familiar dedicada a la agricultura, explica que en su casa «siempre han habido aperos de trabajo en el campo», entre ellos, un motocultor antiguo que, según reconoce, «yo nunca he utilizado», pero estaba entre esas herramientas, «sería de mi abuelo», detalla.

Un día, comprometido con el mundo agrícola con el que tantos vínculos tiene, decidió hacer algo para reconocer a toda la gente que a lo largo de la historia se ha dedicado a este sector en la comarca. Su idea fue crear un modesto monumento, en el que quiso representar un momento crucial, «la revolución en el campo» que supuso el paso de las herramientas manuales al motor.

Así era el homenaje que Guillermo Traver hizo a la agricultura en una parcela vallada de su propiedad en el camí Betxí de la Vilavella.

Así era el homenaje que Guillermo Traver hizo a los agricultores en una parcela vallada de su propiedad en el camí Betxí de la Vilavella. / MÒNICA MIRA

Guillermo restauró el motocultor, «lo limpié, soldé alguna pieza que estaba suelta» y construyó una superficie de hormigón dentro de una pequeña parcela de su propiedad en el camí Betxí, que está vallada, «porque es una zona donde la gente sale bastante a pasear y quería que lo pudieran ver». Sobre la plataforma puso el motocultor, «amarrado con una cadena» junto a una azada bidente (popularmente conocida como lligó en puntes).

Confiesa que los vecinos le advirtieron, «me dijeron que a ver si me lo robaban», pero él pensó que la valla de la parcela sería más que suficiente protección, a parte de entender que era un máquina sin valor, «porque no funciona».

Este agricultor de la Vilavella acabó su particular escultura hace ocho meses. El sábado por la tarde «estaba allí» y el domingo por la mañana, «me llamó mi cuñado para preguntarme si me había llevado el motocultor, cuando le dije que no me contestó, "pues te lo han quitado"». Y así era. Acudió a la finca y comprobó que «habían roto el candado de la puerta y cortaron la cadena a la que lo tenía enganchado».

«No tiene valor ni para venderlo como chatarra», lamenta la víctima del robo, que quiere pensar que «quien se lo haya llevado, a lo mejor sabe de reparar estos motores y por eso lo ha robado», porque de otra forma, no entiende la finalidad. Le cuesta tener que admitir que ha sido solo por el cuestionable placer de quedarse con lo que es propiedad de otra persona.

Otros robos antes

Este tipo de sucesos son demasiado habituales estén las fincas valladas o no. Así lo afirma al recordar que hace algún tiempo le entraron en otra parcela donde tiene plantados aguacates. «Entonces aplastaron la valla para llevarse algunas bolsas, a lo mejor para el consumo personal o para venderlos en algún sitio». Anteriormente, en una caseta de aperos donde no guardaba más que una mochila de pulverizar, alguna azada y productos para tratar las malas hierbas, «rompieron la puerta, entraron y me lo quitaron todo». Cambió la cerradura, dejó la ventana abierta «para que vieran que no había nada dentro, pero así y todo, volvieron a entrar».

Como tantos otros en su situación, asegura que «se siente mucha indefensión», porque en el campo parece que se tomen las medidas de seguridad que se tomen, igual acaban robando. En el caso más reciente, además, el incidente le ha generado mucha tristeza, «te sabe mal, porque era un homenaje a la gente de la agricultura, no entiendo por qué han tenido que llevárselo».

Denunció el suceso ante la Guardia Civil. Aunque confía poco en recuperarlo, «quiero que quede constancia, que se sepa», por esa razón también ha querido contar su historia. Tiene la esperanza de que alguien reconozca el motocultor y quizás, quién sabe, pueda recuperarlo, porque el único y verdadero valor que tiene «es sentimental», concluye.

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