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Vinaròs vuelve a mirar al cielo 121 años después del eclipse histórico de 1905

El eclipse total de Sol del 30 de agosto de 1905 convirtió a Vinaròs en un centro de observación científica internacional y permitió al astrónomo Josep Comas i Solà realizar una de las primeras filmaciones cinematográficas de un fenómeno astronómico

Eclipse de 1905 en Vinaròs

Eclipse de 1905 en Vinaròs / J. Flores

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Vinaròs

Hace 121 años, Vinaròs miró al cielo para contemplar un eclipse total de Sol que convirtió a la localidad en un improvisado laboratorio científico internacional. Hoy, 12 de agosto de 2026, la historia vuelve a mirar hacia arriba: un nuevo eclipse total atraviesa la Península y vuelve a situar a Vinaròs entre los lugares privilegiados para observar un fenómeno astronómico que, más de un siglo después, mantiene intacta su capacidad para despertar expectación.

El eclipse de 1905: Vinaròs, centro de atención internacional

Como explica Ramón Puig en su obra "La Restauració. Vinaròs 1902-1909", Vinaròs vivió el 30 de agosto de 1905 uno de los acontecimientos científicos más extraordinarios de su historia. El eclipse total de Sol que atravesó la localidad atrajo a investigadores procedentes de distintos países europeos y situó durante unas horas a la población en el centro de la atención científica internacional.

La expedición estaba encabezada por el prestigioso astrónomo barcelonés Josep Comas i Solà, del Observatorio Fabra de Barcelona. Junto a investigadores de Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y Rusia, los científicos se distribuyeron por diferentes puntos de la comarca para estudiar el fenómeno. En Vinaròs se instalaron varios equipos entre la ermita y diferentes huertos de la población, donde prepararon una compleja infraestructura de telescopios, cámaras y aparatos de medición.

Comas i Solà se estableció principalmente en el hort dels Escrivano, donde concentró buena parte de sus instrumentos. Su objetivo era estudiar la corona solar y, especialmente, el espectro de la cromosfera. Para ello utilizó una cámara cinematográfica Gaumont adaptada con un prisma espectroscópico, un procedimiento técnicamente muy novedoso para la época.

El resultado fue extraordinario: Comas consiguió obtener una secuencia cinematográfica del espectro de la cromosfera solar, convirtiéndose en pionero de la utilización del cine para registrar fenómenos astronómicos. Hasta entonces estos acontecimientos se habían podido fotografiar, pero la posibilidad de filmarlos fotograma a fotograma abría una nueva vía para la investigación científica.

La expedición contó también con otros especialistas. El profesor Alfred Goekel, de la Universidad de Friburgo, estudió los fenómenos eléctricos desde el Puig de l'Ermita, mientras que los profesores L. Cortié y John Aidan Liddell, vinculados a Stonyhurst, se ocuparon del estudio del espectro desde el huerto del médico Sebastià Roca Ribera, en el arrabal de Sant Francesc.

El despliegue tecnológico era considerable para aquellos años. Entre los instrumentos utilizados figuraban una cámara Grubb de 156 milímetros para fotografiar la corona, una cámara prismática con objetivo Bardou, prismas Mailhat, un cronómetro del Observatorio Fabra, helioscopios, cámaras convencionales, termómetros, barómetros y otros instrumentos de precisión.

Una espera marcada por las nubes

La mañana del eclipse comenzó con preocupación. El cielo estaba cubierto de nubes y los científicos temían que el fenómeno pudiera quedar oculto. Sin embargo, hacia las diez de la mañana el cielo se despejó.

Mientras los científicos ultimaban sus preparativos, prácticamente todo Vinaròs salió a la calle. Vecinos y visitantes ocuparon la playa, el puerto, los balcones y las azoteas para contemplar un acontecimiento que difícilmente volvería a repetirse en la localidad.

A medida que avanzaba el eclipse, la luz comenzó a disminuir rápidamente y la temperatura descendió. La aparición de nuevas nubes hacia el oeste provocó momentos de tensión entre los investigadores y los espectadores. Finalmente, durante la fase de totalidad, los astros quedaron visibles en una gran abertura entre las nubes, permitiendo a los científicos realizar buena parte de las observaciones previstas.

Josep Comas i Solà realizó las fotografías de la corona, mientras que Cèsar Comas Llaberia se encargó de la fotografía y Salvador Raurich elaboró un detallado dibujo de la corona solar. Las imágenes obtenidas permitieron estudiar la estructura de la corona y compararla con observaciones realizadas durante eclipses anteriores.

En su informe posterior, Comas destacó la presencia de largos filamentos y rayos procedentes de la corona, así como numerosas protuberancias solares. También señaló que la corona observada en Vinaròs era más luminosa y extensa que la registrada durante el eclipse de 1900.

El cine también quiso capturar el eclipse

El acontecimiento tuvo además una dimensión cinematográfica. El pionero Segundo de Chomón realizó en Tortosa un documental dedicado a los preparativos y actividades relacionados con el eclipse. La película, titulada El eclipse de sol de 1905, no se conserva actualmente, pero constituye otro ejemplo del interés que despertó aquel fenómeno entre los primeros cineastas.

La experiencia de 1905 demostró así que el cine podía convertirse también en una herramienta para la investigación científica. La adaptación de cámaras cinematográficas y técnicas fotográficas permitió registrar fenómenos que hasta entonces solo podían estudiarse mediante observaciones directas o fotografías aisladas.

Una vez finalizada la expedición, Comas i Solà redactó sus conclusiones y las remitió a la Academia Francesa de Ciencias, dejando constancia de las observaciones realizadas desde Vinaròs.

Un acontecimiento que marcó la memoria de Vinaròs

El eclipse no solo dejó una huella en la historia de la astronomía, sino también en la memoria colectiva de Vinaròs. La llegada de científicos extranjeros, el enorme despliegue de instrumentos y la expectación de la población convirtieron aquella jornada en un acontecimiento excepcional.

Aquel mismo año, la localidad también estaba pendiente de otros proyectos vinculados al progreso tecnológico y económico, como la construcción de la línea ferroviaria entre Amposta y Vinaròs.

Más de un siglo después, el eclipse del 30 de agosto de 1905 continúa siendo uno de los episodios científicos más singulares de la historia de Vinaròs. La presencia de investigadores internacionales y, sobre todo, los experimentos de Josep Comas i Solà con la fotografía y el cine hicieron de aquella jornada un acontecimiento de relevancia mucho más allá de las fronteras de la localidad.

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