Protección de la naturaleza
Fundem, la organización que quiere «salvar al monte del ser humano», pierde en el incendio el 80% de su territorio protegido en Espadà
En la provincia de Castellón, la fundación es propietaria de terrenos en la Tinença de Benifassà, la marjal de Almenara, Penyagolosa y la Serra d'Espadà, que suman algo más de 350 hectáreas

Desde Fundem defienden una gestión forestal en la que se primen las especies autóctonas frente a la proliferación de los pinos, que propagan más el fuego. / VICENT IBÁÑEZ

En el año 1996, el empresario alicantino Enrique Montoliu creó Fundem, una organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo la «conservación de la fauna y la flora mediterráneas». La fundación tiene tres líneas de acción para conseguirlo, una de ellas es la compra de terrenos que no están protegidos por la administración pero «tienen un alto valor natural y paisajístico». En la provincia de Castellón cuentan con unas 350 hectáreas, de las que 100 están en la Serra d'Espadà, el 80% de ellas se han visto afectadas por el incendio forestal iniciado en la Vall d'Uixó el 25 de julio.
Pese a la gran afectación, el mensaje que se lanza desde Fundem tiene mucho que ver con el modelo de gestión forestal que defienden, que pasa por potenciar la presencia de especies vegetales autóctonas y resilientes frente a los incendios, que «no son una novedad en la Serra d'Espadà y cada tiempo se produce uno», aunque inciden en que «la ventaja es que la naturaleza de esta zona está preparada y numerosas plantas autóctonas como los alcornoques o palmitos, solo necesitan unos 12 o 18 meses —si hay suerte y llueve— para rebrotar y que se pueda recuperar la belleza de la zona».
El problema al que harán frente en esos terrenos quemados, ubicados principalmente en Artana, es una batalla que llevan librando desde sus orígenes: «Evitar la proliferación del pino Alepensis, ya que este árbol es el causante habitual de los incendios».
«Un monte lleno de pinos que nacen de forma natural después de un incendio es un bosque enfermo y una amenaza para futuros incendios, hay que arrancarlos en cuanto empiecen a brotar»
Las piñas quemadas, «muy probablemente habrán diseminado las semillas al arder», lo que provoca que relativamente en poco tiempo, cuando el terreno empiece a recuperarse «en un metro cuadrado brotarán cuatro o cinco pinos». Enrique Montoliu remarca que eso hará que «en dos o tres años, la zona vuelva a estar llena de verde, muy bonito a la vista, para la Administración será como si el problema estuviera resuelto por sí solo, pero supondrá una amenaza, porque esos árboles son débiles y conforman un bosque enfermo», que a medio o largo plazo se convierte en la dinamita que propaga el fuego, en el caso de producirse.
La acción que van a realizar en esos terrenos afectados, «que es lo que debería hacer la Generalitat, pero no hará», critica Montoliu, es «arrancar esos pinos en cuanto empiecen a brotar».
Custodios del territorio
Para saber cómo llevan a cabo esa misión es importante conocer el funcionamiento de la organización. Según explica su fundador, cuando adquieren unos terrenos, previamente se han asegurado de contar con una persona que asuma el papel de custodio. Se trata de «gente que quiere ayudar», con la que se firma un contrato a través del cual se compromete a cuidar la parcela asignada.
Montoliu resalta que «no se puede sacar provecho económico» de los terrenos, porque la única finalidad es protegerlos, con acciones como la mencionada, de arrancar los pinos que broten tras el fuego. Otra posibilidad de intervención es la de «aumentar la diversidad, por ejemplo, plantando alcornoques jóvenes», aunque eso depende de la voluntad y los medios del custodio.
Enrique Montoliu resume que su propósito desde el principio ha sido «salvar el territorio del ser humano» y para ello, en la provincia de Castellón, tienen en propiedad, como se ha mencionado, algo más de 350 hectáreas, la mayoría de las cuales se encuentran en la Tinença de Benifassà (240 ha), en el término municipal de Fredes, un lugar que describe como «una maravilla», precisamente por la presencia mayoritaria de vegetación autóctona, «no hay demasiados pinos».
También disponen de unas ocho hectáreas en las inmediaciones de Penyagolosa, y casi seis en la marjal d'Almenara, donde están colaborando con Acció Ecologista Agró en la recuperación de antiguos arrozales para «crear una segunda Albufera».
«El debate sobre la necesidad de limpiar el bosque eliminando el sotobosque y criticar a los ecologistas porque se oponen es una estupidez, política basura»
Este defensor de la biodiversidad y el conservacionismo, considera «una estupidez» el debate sobre la limpieza del monte que de forma recurrente gana adeptos siempre que se produce un gran incendio forestal, porque a su modo de ver, «lo es plantearse eliminar el sotobosque, que es fundamental», y no hacer nada, por contra, con la proliferación de los pinos que sí suponen una amenaza y no son una especie autóctona ni tienen un valor ecológico especialmente significativo.
En ese sentido, critica con dureza lo que califica como la «política basura» de quienes «van en contra de los ecologistas» por esa razón, pero también señala a las autoridades «que no combaten esos discursos». En cuanto a la ciudadanía, insta a que no solo hay que tomar conciencia sobre la problemática, sino que «hay que actuar».
Fundem cuenta con más de 1.000 socios en todo el territorio español y es propietaria de cerca de una veintena de terrenos en diferentes puntos de la península (incluidos los cuatro proyectos de Castellón), aunque su mayoría están en la Comunitat Valenciana. Entre sus referentes se encuentra el Jardín de l'Albarda de Dènia.
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