De abuelos a nietos: Más de 60 años de devoción por el Cristo del Calvario de Eslida
Siete primos recogen en este 2026 el testigo de una tradición familiar que comenzó con sus abuelos y continuó después con sus padres

Entrañable imagen del Tio Pere con sus nietos y nietas que, ahora, le homejean al coger el relevo como clavarios de las fiestas del Cristo del Calvario de Eslida. / Miguel Ángel Sánchez
Si las fiestas de un municipio siempre cuentan con un espacio para la emoción, este año, en las del Cristo del Calvario de Eslida, ese sentimiento se hace más evidente. Y es que los clavarios de este año -Priscila Miravet López, Héctor Miravet López, Patricia Miravet Alós, Alicia Miravet Valls, Lluís Miravet Alós, Laia Miravet Valls y Pau Marco Miravet-, todos ellos nietos de Vicente Miravet, más conocido como el Tío Pere, y de Pascualeta Sorribes, ambos clavarios en 1966, toman el relevo y homenajean a sus abuelos.
Pero es que 30 años después, en 1996, el Tío Pere y la Tía Pascualeta volvieron a ser clavarios del Cristo, esta vez junto a sus cuatro hijos y consortes. Y, ahora, también tres décadas después, el testigo de la tradición lo recogen sus nietos, que son los encargados de organizar las fiestas de 2026.
En 2025, cuando fueron nombrados clavarios, fue un momento muy emotivo para la familia, ya que el Tío Pere pudo comprobar que la saga familiar en torno al Cristo del Calvario seguía adelante. Sin embargo, este año no han sido todo alegrías, ya que el abuelo falleció dos meses atrás.
Su nieta mayor, Priscila Miravet, expresa que «el abuelo lo fue todo para nosotros y para estas fiestas, que eran sus fiestas. Nos da tanta pena que no haya podido disfrutar de ellas y haberlas compartido con él, que se avecinan momentos con las emociones a flor de piel, pues la principal motivación era honrar a nuestros abuelos y a nuestros padres, si bien, quien más ilusión tenía, sin duda alguna, era el abuelo Pere».
Mantener vivo su recuerdo
Para mantener vivo su recuerdo, los siete primos han querido que el abuelo esté muy presente en distintos momentos de la programación y a través de diferentes detalles, como las camisetas y pulseras que han preparado, en las que se hace referencia a la forma afectuosa con la que el Tío Pere llamaba a todo el mundo: xatet, xateta o xatets. De esta manera, “mantenemos vivo su recuerdo. Y eso es lo que nos empuja a coger fuerzas y celebrar las fiestas”.
A la ausencia del Tío Pere se suma la del padre de Priscila y Héctor, que falleció en el año 2000. Sin duda alguna, “son dos piezas fundamentales para estas fiestas y les echamos en falta. Sé que nos estarán viendo desde sus estrellas y estarán felices de ver lo que estamos haciendo y que todo el pueblo disfruta con las fiestas”, comenta Priscila.

Estos son los siete clavarios de las fiestas del Cristo de Eslida, que recogen el testigo de sus abuelos, 60 años después; y de sus padres, 30 años después. / Miguel Ángel Sánchez
En los inicios de estas fiestas, la tradición establecía que los clavarios de cada año fueran tres matrimonios, aunque con el tiempo esta regla se fue flexibilizando. “En nuestro caso somos siete primos, es la primera vez que ha pasado. Y queremos recalcar el apoyo que estamos recibiendo durante todo el año de los vecinos, sobre todo por el motivo por el cual nos lanzamos a hacer las fiestas”, indica Miravet.
Para Priscila, en Eslida el Cristo del Calvario sobrepasa la dimensión religiosa. “Creo que para muchos no es un Cristo, sino que es el Cristo de Eslida”. Por ese motivo, y conociendo la tradición y devoción familiar hacia él, durante una comida de primos en las fiestas de 2024 planteó la posibilidad de organizar las de 2026. “Les lancé sobre la mesa: ¿qué os parece si hacemos las fiestas de 2026 para recordar el treinta aniversario de cuando fueron clavarios nuestros padres y sesenta de cuando fueron los abuelos?”.
Recuerdos y emociones
Desde el primer día en que fueron nombrados clavarios, durante la festividad del Cristo del Calvario de 2025, el abuelo se puso “en modo fiestas” y quiso ayudar, aconsejar y colaborar en todo lo posible. Ahora solo queda recordar “los buenos momentos con el abuelo y, sobre todo, lo ilusionado que estaba; eso ya no nos lo quita nadie”.
El Tío Pere mostraba un especial entusiasmo porque las calles estuvieran repletas de banderas como señal de que el pueblo estaba en fiestas y “tuvimos la suerte de que aún pudo ver las banderas que habíamos comprado”. Por este motivo, “para nosotros su partida fue un golpe muy duro, porque nuestra motivación siempre fue él, una persona muy querida en Eslida”.
Su recuerdo estará presente en cada uno de los actos de las fiestas y, como concluye Priscila, “tanto nosotros como todos los vecinos seremos conscientes de que nos está viendo y disfrutando de todo lo que hemos preparado”.
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