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Una tienda de Castellón, de las de toda la vida, anuncia su cierre tras 42 años

El histórico comercio de menaje del hogar, de los que puede encontrarse de todo, inicia un período de liquidación por la jubilación de Gabriel Provencio, que ha estado al frente del negocio familiar durante más de cuatro décadas

Gabriel Provencio, tras el mostrador de la conocida tiene de menage Raconet, un referente en Vinaròs.

Gabriel Provencio, tras el mostrador de la conocida tiene de menage Raconet, un referente en Vinaròs. / Javier Flores

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Vinaròs

Hay tiendas que son mucho más que un establecimiento comercial. Forman parte del paisaje de una ciudad, de sus costumbres y de los recuerdos de varias generaciones. En Vinaròs, Raconet – Menaje del Hogar, situado en la Plaça de Sant Agustí 6, junto al Mercado Municipal, es uno de esos comercios.

Ahora, la jubilación de Gabriel Provencio, de 64 años, pondrá próximamente punto final a una historia comercial que comenzó en 1984. La tienda ha iniciado un periodo de liquidación, sin prisas y con el objetivo de ir cerrando esta etapa antes de la jubilación de su propietario.

Detrás de Raconet hay una historia familiar y, sobre todo, muchas horas de trabajo. Gabriel era el pequeño de la familia. Sus padres vivían precisamente en el espacio que hoy ocupa la tienda y durante años se dedicaron a la venta en mercados ambulantes junto a sus dos hijos.

En 1984 comenzaron las obras para transformar aquel espacio en un establecimiento comercial. Al principio compaginaron la tienda con la asistencia a los mercados, hasta que finalmente decidieron abandonar la venta ambulante y centrarse exclusivamente en el negocio de la Plaça de Sant Agustí.

Tras el fallecimiento de su padre, Gabriel y su hermano mayor se hicieron cargo de la tienda. Su hermano se jubiló en 2014 y, desde entonces, Gabriel y su mujer han sido los encargados de mantener abierto el establecimiento.

Pero la relación de Gabriel con el comercio comenzó mucho antes. A los 13 años ya acompañaba a la familia los sábados al mercado de La Ràpita, en Tarragona. Con 14 empezó a trabajar en Raconet y, desde entonces, prácticamente toda su vida ha estado vinculada al negocio.

Son muchas horas las que he estado de pie y ya se nota en mis piernas. Ahora toca intentar disfrutar un poco, porque los años pesan”, explica.

Un nombre elegido por los propios clientes

El nombre del establecimiento también forma parte de su historia. El local ocupa un pequeño rincón de la plaza, junto a la calle de Sant Tomàs, y fueron los propios clientes quienes acabaron dando nombre al negocio. “Cuando pensamos en poner un nombre, recordamos que la gente decía que había comprado sus productos en el raconet de la plaza. Así que fue fácil decidirlo: el nombre lo pusieron los propios clientes”, recuerda Gabriel.

Raconet, en pleno corazón de Vinaròs, es uno de esos establecimientos en los que puedes encontrar casi de todo.

Raconet, en pleno corazón de Vinaròs, es uno de esos establecimientos en los que puedes encontrar casi de todo. / Javier Flores

Cuatro décadas después, aquel nombre se ha convertido en una referencia para muchos vecinos de Vinaròs.

La noticia del cierre ha sorprendido a numerosos clientes habituales. “Suelen preguntarme si es verdad y también qué van a hacer ahora si cerramos”, cuenta Gabriel.

El traspaso del negocio está prácticamente descartado, por lo que la liquidación será el último capítulo de Raconet.

Una tienda donde había casi de todo

Definir Raconet únicamente como una tienda de menaje resulta complicado. Durante años, sus estanterías han reunido una amplia variedad de productos para el hogar: vajillas, baterías de cocina, cuberterías, cristalerías, sartenes, paelleras, cuchillos, barbacoas, carros de compra y todo tipo de utensilios.

Era uno de aquellos comercios en los que se podía entrar buscando una sartén, una paella o un cuchillo y terminar descubriendo otros muchos objetos útiles para la casa.

En cierto modo, pertenecía a una generación de establecimientos que ofrecían una variedad difícil de encontrar actualmente. Tiendas en las que el cliente podía plantear una necesidad concreta y confiar en que el comerciante sabría orientarle.

Ese trato directo ha sido precisamente una de las señas de identidad de Raconet. Más allá de vender un producto, estaba la posibilidad de preguntar qué sartén era más adecuada, qué batería de cocina convenía o qué utensilio podía solucionar un determinado problema.

Una experiencia acumulada durante décadas que se convirtió en parte del valor del establecimiento.

Padres, hijos y nietos

Por Raconet han pasado generaciones de clientes. Personas que acudieron a la tienda durante años y que, con el tiempo, acabaron entrando por la misma puerta, pero acompañadas de sus hijos o nietos.

Ese vínculo es una de las características más difíciles de sustituir del pequeño comercio tradicional. Cambian los productos, las modas y los hábitos de consumo, pero permanece la confianza construida entre comerciante y cliente.

En tiempos de grandes superficies y compras por internet, esa relación personal se ha convertido en uno de los principales valores de establecimientos como Raconet.

42 años en el corazón comercial de Vinaròs

La ubicación tampoco es casual. La Plaça de Sant Agustí, junto al Mercado Municipal, forma parte de uno de los espacios comerciales tradicionales de Vinaròs. Durante décadas, sus calles han concentrado negocios destinados a cubrir las necesidades cotidianas de los vecinos. Y Raconet ha sido uno de ellos.

Su cierre supone la desaparición de otra pequeña pieza de la Vinaròs comercial de toda la vida, después de la marcha de otros establecimientos históricos como la librería Els Diaris o Rastro Musical. Ahora las circunstancias son diferentes. No es un cambio de negocio ni una transformación del establecimiento: es la jubilación de quien ha estado detrás del mostrador durante más de cuatro décadas.

La fecha definitiva del cierre todavía está por determinar. Mientras tanto, Raconet mantiene sus puertas abiertas durante el periodo de liquidación.

Probablemente serán muchos los vecinos que entren en la tienda durante estas últimas semanas. Algunos lo harán para aprovechar una oportunidad de compra; otros, simplemente, para volver a mirar sus estanterías y despedirse de un comercio que ha formado parte de sus vidas. Porque cuando una tienda como Raconet cierra, no desaparecen únicamente los productos que durante años llenaron sus estanterías. También desaparece un lugar de encuentro, el consejo de quien conocía el género y ese pequeño comercio al que varias generaciones de vecinos acudieron cuando necesitaban una paella, una sartén, un cuchillo o cualquier objeto para la casa.

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