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El joven aspirante a bombero forestal de la Vall d'Uixó que ha convertido en arte su crítica social ante los incendios que asolan España

Cuenta que un día antes de que se iniciara el fuego en su localidad, ya tenía en mente hacer un cuadro para denunciar todo lo que rodea a estas catástrofes medioambientales, sin saber que acabaría viviendo una en primera persona

Víctor Fernández junto a su última obra, una crítica social por todo lo que rodea a los incendios forestales.

Víctor Fernández junto a su última obra, una crítica social por todo lo que rodea a los incendios forestales. / MEDITERRÁNEO

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Mònica Mira

Mònica Mira

La Vall d'Uixó

A Víctor Fernández, un joven de la Vall d'Uixó de 26 años, el incendio forestal declarado en su ciudad el pasado 25 de julio lo obligó a abandonar su casa junto a su familia ante el peligro que suponía el avance de las llamas. Ese episodio no le diferencia de otras miles de personas que ese día fueron evacuadas, pero sí que fue una circunstancia que, unida a dos facetas de su vida profesional y personal, hace que su historia merezca ser contada.

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Lo que hace que su relato sea diferente es que Víctor está formándose para convertirse en bombero forestal y además, desde hace dos años, desarrolla una faceta artística que considera «terapéutica», porque le ayuda a canalizar un mundo interior que hasta que se puso delante de un lienzo, le costó exteriorizar e incluso entender.

El 24 de julio, la preocupación con la que asistía a incendios como los de Madrid o el de Soneja, entre otros, le hizo surgir la necesidad de plasmar en un cuadro una crítica en torno a esas catástrofes medioambientales, sin saber que tendría que aplazar su proyecto, porque en cuestión de horas iba a convertirse en testigo directo de uno de ellos al lado de su casa, en las montañas «que son parte de mi vida, donde me he criado, a las que salgo tanto para conectar como para desconectar».

Tal fue el impacto, que las dudas comenzaron a bloquear esa idea inicial «que tenía interiorizada al cien por cien, pero perdí el ánimo, se me quitaron las ganas de hacerlo».

«Tenía una idea cien por cien clara, quería hacer una crítica en torno a los incendios forestales, pero el que se produjo en la Vall d'Uixó me hizo cambiar el esquema de todo, porque el problema lo tenía en casa».

Víctor Fernández

— Artista visual

La inquietud se reactivó en los días siguientes, cuando asistió a través de las redes sociales «a una oleada de reacciones que surgen de repente, pero que después quedan en nada, porque a la hora de ponerse a trabajar, de movilizarse, toda esa indignación o sensibilización desaparecen». Y así fue como recuperó la necesidad de plasmar lo que sentía con pintura.

Haber experimentado tan de cerca lo que un incendio forestal supone «me hizo cambiar el esquema de todo, porque el problema lo tenía en casa». El concepto de la obra es simple: sobre un escenario muy familiar para él, el barranco de la Sequieta El Roig, «vivo justo al lado», uno de los parajes emblemáticos de la Vall que fueron pasto de las llamas, una avioneta de extinción realizando una descarga de agua sobre el fuego activo.

La técnica que utiliza también dota al resultado final de una significación especial, al aplicar flúor. «Cuando apagas las luces y pones iluminación ultravioleta, me permite resaltar un mensaje que no se capta igual de otra forma», explica. En este caso, lo que resalta es la intensidad de las llamas, hasta estremecer si uno está sensibilizado con esta problemática.

Las dos opciones de visualización de la obra creada por Víctor Fernández a partir del incendio forestal de la Vall d'Uixó.

Las dos opciones de visualización de la obra creada por Víctor Fernández a partir del incendio forestal de la Vall d'Uixó. / MEDITERRÁNEO

Víctor es autodidacta. Afirma que «nunca he cogido un pincel», pero un día de hace dos años, una necesidad vital provocada por un bagaje complicado que le hizo replantearse muchas cosas, lo colocó delante de un lienzo. «Todavía no sé explicar cómo ni por qué, simplemente sucedió así». Tampoco puede dar un razonamiento lógico a su forma de plasmar el arte. La única realidad es que durante todo este tiempo, no ha dejado de pintar, de manera espontánea, tanto en los contenidos como en la técnica.

Menciona un viaje a Irlanda como el punto de inflexión. Fue para aprender inglés y mejorar sus posibilidades de crecimiento en la empresa en la que trabajaba y volvió como una persona diferente.

A su regreso, en un momento difícil y de muchas dudas, recordó que lejos de casa, «cuando mejor me sentía era cuando veía pintura, a personas bailando o cuando escuchaba música» en las redes sociales y «entonces entendí el arte de otra forma, pensé que, a lo mejor, lo que yo hago podía ayudar a alguien a que no se sienta solo, como me pasó a mí».

Así acabó compartiendo su faceta artística a través de las redes «y la gente empezó a hacerme encargos». Durante cuatro meses pintó bajo pedido «y no me gustó nada, me anulaba». Ahora utiliza la plataforma como otra forma de expresión, en la que compartir los mensajes que subyacen en su obra, porque cada cuadro cuenta una historia, «la gran mayoría reflejan etapas o facetas que hemos pasado cualquiera».

Cambio de rumbo

En cuanto a cómo llegó a plantearse ser bombero forestal, confiesa que durante su etapa en el mundo de la administración comercial —«lo que estudié»— se sentía «muy vacío». Esa pérdida de motivación, las experiencias vividas durante su viaje a Irlanda y su regreso a España, y su vinculación especial con la montaña, se alinearon para trazar su nuevo rumbo.

Le falta un año para completar su formación como técnico forestal, tiene previsto sacarse varios carnets de conducir y entrar en una bolsa para dedicarse profesionalmente a proteger el paisaje en el que se ha criado y que forma parte de su forma de relacionarse con el mundo, una idea que se ha visto reforzado al verlo ahora quemado.

Un objetivo que seguirá compatibilizando con la pintura, sin más aspiración que expresarse y canalizar sus emociones. Dice que nunca ha realizado una exposición, pero tiene preparado un proyecto que quiere plantear al Ayuntamiento de la Vall d'Uixó, para poder compartir una experiencia artística diferente a una muestra convencional, que combine pintura y audiovisual.

Víctor, que con 26 años ya acumula un bagaje que le ha hecho madurar para tomar las riendas de su vida a fuerza de necesidad, reivindica sus raíces y la educación que ha recibido, «no me ha criado con el teléfono, he jugado mucho en la calle y en la montaña», una forma de crecer que ha fomentado su sensibilidad y unas inquietudes que, si se mira más allá de la superficie, se pueden interpretar en sus pinturas.

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