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El trabajo ha sido publicado en la prestigiosa revista Royal Society Open Science

El dinosaurio que vivió en Castellón y sobrevivió a una grave infección hace 125 millones de años: es el primer caso conocido

El análisis mediante TAC de una tibia permitió detectar una lesión excepcional y comprobar que el animal sobrevivió el tiempo suficiente para iniciar un proceso de cicatrización

Recreación de la vida de los dinosaurios.

Recreación de la vida de los dinosaurios. / MEDITERRÁNEO

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Los dinosaurios también enfermaban, sufrían infecciones y podían convivir durante un tiempo con lesiones graves. Así lo demuestra un fósil encontrado en Morella, uno de los grandes enclaves paleontológicos del Cretácico Inferior europeo.

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) ha estudiado una tibia derecha atribuida a Iguanodon bernissartensis que conserva las consecuencias de una grave infección bacteriana iniciada en una úlcera cutánea.

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El trabajo, publicado en la revista científica Royal Society Open Science, supone un hallazgo excepcional: según los investigadores, se trata de la primera reacción ósea documentada en un dinosaurio provocada por una infección bacteriana originada en la piel.

El fósil procede del yacimiento de Mas de la Parreta, situado en la Formación Arcillas de Morella, y fue recuperado durante el seguimiento paleontológico de los trabajos de extracción de arcillas desarrollados por la empresa Arcillas Vega del Moll.

Figura 1: Tibia con detalle de la lesión ósea. Reconstrucción tridimensional obtenida mediante tomografía computarizada mostrando la estructura interna de la lesión. Figura 2: Modelos tridimensionales que ilustran la distribución del tejido óseo patológico generado como respuesta a la infección.

Figura 1: Tibia con detalle de la lesión ósea. Reconstrucción tridimensional obtenida mediante tomografía computarizada mostrando la estructura interna de la lesión. Figura 2: Modelos tridimensionales que ilustran la distribución del tejido óseo patológico generado como respuesta a la infección. / MEDITERRÁNEO

Una infección que dejó huella en el hueso

La tibia estudiada mide más de un metro de longitud y presenta a simple vista un abultamiento anómalo en su zona media. Aunque la superficie del hueso aparece lisa y engrosada, no existen señales claras de una fractura que pudieran explicar esta deformación.

Para descubrir qué había sucedido, los científicos recurrieron a técnicas utilizadas habitualmente en medicina. El fósil fue analizado mediante tomografía axial computarizada (TAC) en el Hospital General Universitario de Castellón.

Las imágenes obtenidas permitieron observar el interior de la tibia sin dañarla y generar reconstrucciones tridimensionales de la lesión. Gracias a ellas, los investigadores pudieron realizar un diagnóstico diferencial y descartar otras posibles explicaciones.

El engrosamiento no correspondía a un callo producido por una fractura, ya que faltaban las alteraciones internas propias de la remodelación ósea asociada a este tipo de traumatismos. También se descartaron diferentes enfermedades tumorales.

La explicación que mejor encaja con las características observadas es que el dinosaurio sufrió una infección de los tejidos blandos situados sobre la tibia. Como respuesta, su organismo comenzó a producir nuevo tejido óseo alrededor de la zona afectada, generando una reacción perióstica y un engrosamiento de la corteza.

Describen la primera infección bacteriana de origen cutáneo en un dinosaurio que vivió en Morella hace unos 125 millones de años.

Describen la primera infección bacteriana de origen cutáneo en un dinosaurio que vivió en Morella hace unos 125 millones de años. / MEDITERRÁNEO

Según los autores, la lesión sería compatible con una úlcera cutánea avanzada de origen bacteriano, probablemente causada por varios tipos de microorganismos. Sus características recuerdan a determinadas úlceras graves descritas en medicina humana.

Pero el fósil aporta además otro dato especialmente revelador: el dinosaurio sobrevivió a la infección.

La formación de nuevo tejido óseo demuestra que el animal permaneció vivo durante el tiempo suficiente para desarrollar una respuesta inflamatoria prolongada e iniciar un proceso de cicatrización.

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Los investigadores consideran que aquella lesión tuvo que provocar dolor persistente, inflamación y dificultades para utilizar la extremidad, por lo que probablemente también alteró su manera de caminar.

Morella revela cómo enfermaban los dinosaurios

Aunque se han recuperado miles de huesos de dinosaurios en todo el mundo, son relativamente pocos los fósiles que permiten reconstruir la historia médica de un animal concreto.

La paleopatología, disciplina dedicada al estudio de enfermedades y lesiones antiguas, ofrece información que va mucho más allá de la anatomía. Permite conocer cómo enfermaban los dinosaurios, cómo reaccionaban sus organismos y hasta qué punto podían sobrevivir a patologías potencialmente incapacitantes.

En este caso, la combinación de TAC, reconstrucciones digitales en tres dimensiones y técnicas de diagnóstico empleadas en medicina moderna ha permitido estudiar una enfermedad sufrida por un animal que vivió hace aproximadamente 125 millones de años.

El descubrimiento refuerza además la importancia científica de Morella y de la Formación Arcillas de Morella como uno de los principales lugares de Europa para investigar los ecosistemas del Cretácico Inferior.

La comarca ha proporcionado durante décadas numerosos restos de dinosaurios y varias especies descritas por primera vez a partir de fósiles encontrados en la zona, entre ellas Morelladon beltrani y Garumbatitan morellensis. En otros municipios castellonenses próximos también se han identificado dinosaurios como Vallibonavenatrix cani y Protathlitis cinctorrensis.

A ellos se suman abundantes restos de Iguanodon bernissartensis, uno de los grandes dinosaurios herbívoros que habitaron Europa durante el Cretácico Inferior.

Imagen de un 'Iguanodon', especie muy emparentada a la de restos hallados en Morella.

Imagen de un 'Iguanodon', especie muy emparentada a la de restos hallados en Morella. / MEDITERRÁNEO

El nuevo estudio permite ahora mirar más allá de sus huesos y su evolución para acercarse a un aspecto mucho más íntimo de su existencia: las enfermedades que padecieron y la capacidad de sus organismos para combatirlas.

Más de 120 millones de años después, una lesión conservada en una tibia ha permitido reconstruir parte de la historia clínica de un dinosaurio de Morella y documentar un tipo de infección nunca antes reconocido en estos animales.

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