El presidente del PP en la Comunitat Valenciana, Carlos Mazón, intenta en los últimos días mantener distancia con la crisis de su partido, desatada por el enfrentamiento entre Pablo Casado y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Sin embargo, tanto él como la secretaria general, Maria José Catalá, saben que se abren ante ellos unas semanas inciertas en las que sus liderazgos al frente de los populares valencianos pueden quedar muy tocados si el hilo que les une a la dirección nacional, Teodoro García Egea, acaba rompiéndose.

Eso es lo que pretende un buen puñado de líderes autonómicos y así se lo están haciendo saber al presidente del partido, Pablo Casado, en las últimas horas. De hecho, ya hay movimientos muy serios para que, si no se cumple esta exigencia, todo derive en un congreso extraordinario para sacarle de la planta noble de Génova. De momento, los contactos entre Casado y Ayuso han resultado infructuosos.

Fue el presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, erigido en portavoz de los dirigentes autonómicos y a quien siempre se mira cuando planea un relevo al frente de la dirección popular, quien exigió a Casado una solución rápida al conflicto y quien, a su vez, puso el foco en el secretario general del partido al criticar la forma en que se estaba gestionando la crisis. A esa tesis se han ido sumando en los dos últimos días otros líderes de las comunidades.

No así Carlos Mazón. El presidente valenciano fue aupado a lo más alto del partido en la Comunitat Valenciana con el impulso de Génova, especialmente del secretario general, Teodoro García Egea, con quien tiene una relación muy estrecha.

Esa «mochila» puede pesar en el futuro del dirigente valenciano al frente del partido, cuando no hace ni un año que está en el cargo -fue elegido en julio del 2021- y ni siquiera ha tenido la oportunidad de dar a conocer su propuesta política ni enfrentarse a un proceso electoral para probarse como alternativa al gobierno del Botànic.

En primer lugar, porque prácticamente ningún líder regional apoya a Pablo Casado en estos momentos, al menos públicamente, salvo el presidente murciano, Fernando López Miras, y en segundo porque esa situación puede dar alas al sector del propio PP valenciano que quiere ver fuera tanto a Egea como a Casado.

Hasta el momento, solo Mazón, López Miras y el dirigente de Aragón han avalado públicamente y sin complejos la actuación de la dirección nacional en el pulso que ha roto el partido. No obstante, el máximo dirigente de los populares valencianos ha matizado su postura y se mostró el viernes mucho más comedido, tratando de esquivar el tema, dando apariencia de normalidad en el día a día tras comprobar como la presidenta madrileña va recabando cada vez más apoyos.

La posición de Mazón, en todo caso, puede quedar tocada ocurra lo que ocurra. Si Egea se marcha, pierde a su principal valedor en Génova a la hora de afrontar los siguientes compromisos orgánicos y electorales.

¿Qué pasa si hay congreso?

Pero, además, si el tema se enroca y se convoca un congreso extraordinario, como quieren los líderes autonómicos, su panorama político personal no sería mucho mejor, toda vez que Casado dejaría de ser presidente del PP y, por tanto, podría perder el apoyo de la dirección nacional. Parece muy difícil, pese a todo, que no pudiera ser el cartel electoral en la cita de 2023.

El president de la Generalitat, Ximo Puig, también habló ayer de la guerra del PP. Respecto al caso que ha provocado la crisis, recordó que «en la Comunitat Valenciana sabemos mucho de corrupción» e ironizó asegurando que «hay partidos que siempre vuelven a casa por Navidad», en referencia a los tiempos más oscuros del PP valenciano.

Por su parte, el alcalde de Alicante, Luis Barcala, del PP, pidió a su partido « «unidad, altura de miras, una rápida solución». El primer edil, sin posicionarse claramente, cree que «debe anteponerse el interés de España y los españoles».