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El Periódico Mediterráneo

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"En hoteles me han dicho que mi hijo con parálisis cerebral podía usar el montacargas"

Las familias de personas con movilidad reducida denuncian las complicaciones para viajar y descansar

Reportaje de una familia monoparental con un miembro con discapacidad, denuncia los problemas que tiene para salir de vacaciones por la falta de adaptación en los accesos JM LOPEZ

Miguel tiene 13 años y parálisis cerebral. Cada verano se va con su hermana melliza de vacaciones a un destino que ellos eligen. Pero siempre es una odisea para su madre Isabel, que llama a cada hotel con antelación para asegurarse de que todo esté listo. Los hoteles están obligados, en teoría, a estar adaptados, pero la realidad no es así; «me he llegado a encontrar hoteles sin ascensor, o sitios donde me han dicho que Miguel puede usar el montacargas», explica. Al final, su hijo no es un niño con los mismos derechos que los demás a la hora de disfrutar sus vacaciones, y cada esquina inaccesible se encarga de recordárselo.

Siempre se van a la playa de la Pobla de Farnals, una de las 87 adaptadas en todo el litoral valenciano y que se pueden consultar en el mapa que sigue este reportaje. Ahí Miguel sí que puede disfrutar del mar y su madre estar tranquila. «Las familias que tenemos una persona con movilidad reducida no tenemos ninguna seguridad a la hora de irnos de vacaciones, cuando te pones a buscar descubres que el abanico es súper estrecho», cuenta Isabel. Le da auténtico pánico irse fuera de España, donde se ha encontrado de todo y tiene que asegurarse previamente de que los hoteles cumplan las condiciones. 

En su viaje a Eurodisney, hace cuatro años, cuenta que tuvo que coger a su hijo en volandas porque no le dejaron subir con su carrito al avión. En su apartamento de la Pobla de Farnals se encontraron recientemente que para llegar a la piscina había unas escaleras, con lo cual su hijo no podía usarla. Obstáculos en cada esquina.

Aunque los hoteles deben cumplir con sus obligaciones de accesibilidad, Isabel no se fía por lo que le ha pasado más de una vez. «Al llegar a un sitio nos dijeron que la cabaña adaptada ya estaba cogida ¡Se la habían dado a una familia que no la necesitaba!», denuncia. Al final el hotel les proporcionó una de mayor categoría y sin escaleras, pero no es lo mismo, incide. 

Ni parques acuáticos ni clubs

No es la primera vez que Miguel se queda a las puertas de un parque acuático o del tobogán de un hotel porque no está adaptado. O que le dicen a su madre que no puede participar, como un niño más, en las actividades infantiles de un hotel. «Dicen que no se hacen cargo de mi hijo, así que al final las vacaciones son cambiar de casa porque no me puedo relajar», denuncia Isabel.

Remarca que los hoteles deberían tener personal para las personas con movilidad reducida o discapacidad y critica que tenga que pagar lo mismo cuando a su hijo no le atienden. "Muchas veces pago más por una habitación, porque las adaptadas son mas caras ¿Por qué tengo que pagar más por mi hijo? No lo entiendo, en todo caso debería ser lo contrario" critica. 

Miguel junto a su madre y su hermana, en la playa de la Malvarrosa de València. JM LOPEZ

Por el momento, cuenta la madre de Miguel, solo ha encontrado entidades como la Confederación de personas con discapacidad física u orgánica (Cocemfe) que les ayuden con las necesidades de su hijo en vacaciones. Esta organización ha publicado en su web trece itinerarios por toda la C. Valenciana que pueden disfrutar personas con movilidad reducida. 

Marisa Vázquez de Agredos también viaja con su hijo Mario, de 11, igualmente con parálisis cerebral. También ha tenido problemas con los aviones... y con algunas ciudades. «El espacio público suele estar adaptado y ser accesible, pero en el turismo muchas veces no. Berlín está genial para moverse en silla de ruedas, París también está muy bien, sin embargo la Toscana y Venecia son inaccesibles», explica. 

Remarca que València «aunque tiene mucho por hacer» es una muy buena ciudad europea para el turismo accesible. Por poner una pega «los alcorques del centro están muy pegados a la pared y a veces no cabe la silla. Y luego están los edificios históricos como la Lonja, que no se pueden adaptar porque la ley no permite modificarlos», cuenta. 

En València se puede disfrutar del patrimonio pero «de una manera relativa». «Por ejemplo, no se puede subir al Micalet o explorar el monasterio de Santo Domingo, pero como es patrimonio protegido no se puede horadar ni hacer nada de eso», cuenta. Por contra, lugares como el Jardín Botánico de la ciudad sí que son cien por cien accesibles para todos. En los museos, explica Marisa, queda camino por recorrer. «Se puede instalar cableado por el suelo para que las personas con sordera se pongan unas cartucheras y escuchen mejor, o guías fáciles para personas con TEA, hay todo un mundo por explorar», cuenta. 

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