Así se pactó el nombre de la Acadèmia que Mazón quiere borrar: la génesis secreta
El impulso final surgió en 1997 del debate de política general, el mismo foro en el que el president anunció ahora su propuesta
Camps defendía también una Academia de la Llengua Valenciana, pero asumió que la denominación de AVL era la única para un consenso que desatascara el conflicto del valenciano

Eduardo Zaplana, Font de Mora, Ximo Puig y Joan Ignasi Pla firman en 2001 el acuerdo para la creación de la AVL. / ALBERTO SAIZ

El president de la Generalitat, Carlos Mazón, lanzó en el debate de política general de esta semana introducir cambios normativos en la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). Entre ellos, el más llamativo y cargado de simbolismo, una nueva denominación: Acadèmia de la Llengua Valenciana.
Al margen de las posibilidades (remotas) de que la medida salga adelante o sea una maniobra de desvío de la atención, el anuncio retrotrae a hace más de 25 años, al momento de pragmatismo y encuentro de posiciones contrarias para pacificar el conflicto del valenciano, ideas que parecen lejanas hoy, sumidos en un nuevo orden internacional donde prosperan populismo y autoritarismo.
En 1998 el contexto era otro. El PP casi se estrenaba en el poder. Eduardo Zaplana había conquistado la Generalitat en 1995 (con el apoyo imprescindible de la Unión Valenciana de Vicente González Lizondo) y José María Aznar llegaba a la Moncloa un año después. Eran los tiempos en que hablaba catalán en la intimidad porque necesitaba a la CiU de Jordi Pujol para una mayoría en el Congreso de los Diputados. Es en esa atmósfera en la que en 1998 se dan los movimientos políticos definitivos para intentar desactivar el conflicto de la lengua, clave para entender la llamada ‘batalla de València’ que incendió la Transición y dio pie al fenómeno UV.
En la crónica política de aquellos años ha quedado como hecho consolidado que normalizar la cuestión lingüística en tierras valencianas formó parte de los acuerdos entre Aznar y Pujol (el pacto del Majestic). No hay documento que lo corrobore, pero los hechos son que en abril de 1996, semanas después de las elecciones del cambio, se produce una reunión secreta en Reus entre Pujol y Zaplana en la que el entonces conseller Fernando Villalonga (defensor tozudo de la unidad de la lengua) lleva ya un documento sobre la lengua. Queda recogido en el libro Operació AVL de Sergi Castillo.
No obstante, otro de los protagonistas de aquella aventura en los meses siguientes por su papel de secretario del Consell Valencià de Cultura (CVC), el traumatólogo Manuel Sanchis-Guarner Cabanilles, rechaza en Gènesi de l’AVL el origen exógeno de la pau lingüística y da el protagonismo al que sería a partir de febrero de 1997 conseller de Educación y Cultura, Francisco Camps, y las conversaciones mantenidas entre ambos.
Más allá de hipótesis, lo real es que los movimientos de 1996 encallan y hay que esperar dos años para que una solución cristalice
Más allá de hipótesis, lo real es que los movimientos iniciales encallan y hay que esperar dos años para que una solución cristalice desde el interior del territorio valenciano (aunque con comunicación abierta con la plaza de Sant Jaume de Barcelona). No hay que perder de vista que para Zaplana existía un factor estratégico adicional: desactivar el pilar más importante que sostenía a UV.
El objetivo, por tanto, era claro: solucionar el conflicto lingüístico. La incógnita era la fórmula. En ese contexto, y fruto (como ahora) de un debate de política general, el de 1997, las Corts encomienda en septiembre de ese año al CVC que dictamine sobre “cuestiones lingüísticas”. Con esa redacción vaga se le trasladaba la patata caliente.
Los primeros intentos de negociación en el seno del pleno del CVC fracasan y aparecen entonces cenas y reuniones privadas en las que empieza a fraguar algo. La base era apartar el problema de la política y encapsularlo en un ámbito lingüístico-cultural con representantes del mundo universitario (valedor de la unidad de la lengua) y de las entidades guardianas del ‘secesionismo’ del idioma.
Primera idea: una sección del CVC
La primera idea es adscribir una sección filológica al CVC con las competencias sobre el valenciano. Hasta abril de 1998, es la posibilidad con más fuerza, pero plantea inconvenientes.
Una de esas cenas clave para avanzar hacia una salida se produce el 19 de mayo en la casa de Sanchis-Guarner Cabanillas (hijo del gramático famoso) en l’Eliana. Está el conseller Camps (conocido del médico) y están el catedrático Rafael Alemany como representante del Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana (IIFV) y el escritor y socialista Josep Palomero.
En el encuentro emergen los problemas de una sección lingüística en el CVC, ya que se trata de un órgano consultivo cuyos miembros se designan por cuotas parlamentarias, por lo que el conflicto seguiría atado a la política. No hay acuerdo y se elevan consultas jurídicas, que determinan que se necesitaría reformar el Estatut para una fórmula así. Una operación demasiado compleja, en fin.
El primer documento en el que aparecería la AVL data del 20 de junio de 1998 tras una reunión del sector universitario en Benidorm
Así, en los días siguientes se exploran nuevas vías, que van encaminándose hacia una entidad nueva con autoridad sobre la normativa del valenciano. Alemany recuerda en conversación telefónica cómo en el seno del IIFV se habla de una ‘Institució Valenciana de la Llengua’ e incluso de una ‘Institució Oficial del Valencià’, nombres que van desechándose.

Documento del 20 de junio de 1998 en el que aparecería la primera mención explícita a la AVL / Archivo Rafael Alemany
La primera referencia en un papel a una Acadèmia Valenciana de la Llengua estaría en un documento del 20 de junio de 1998 que consensúan en Benidorm después de varias conversaciones previas Alemany; el director entonces del IIFV, el también catedrático Antoni Ferrando; el exrector de la Universitat Ramon Lapiedra, y Palomero, con el fin de elevarlo al CVC.
En este sentido, Zaplana, Camps y Alemany se habían reunido en el Hotel Les Dunes de la ciudad de la Marina Baixa el día 17 y el presidente había urgido a cerrar un acuerdo sin demora. El catedrático de la Universidad de Alicante señala que es en ese encuentro, ante el desacuerdo arrastrado sobre la composición de la entidad, en el que Zaplana ofrece una fórmula viable. El PP designaría once (la mayoría) de los primeros 21 miembros, pero cinco de ellos serían de un perfil académico de prestigio y aceptados por tanto por la izquierda (los llamados ‘de consenso’).
Así, la reunión definitiva comienza el mediodía del 23 de junio en el Palau de la Generalitat y se alarga hasta entrada la noche (de San Juan). Zaplana está al principio, pero ha de salir a Alicante (una corrida de toros que ha de dejar luego por un problema médico), si bien los puntos principales de escollo llegan muy avanzados: una nueva entidad lingüística con los equilibrios citados. El documento que sale es muy similar al redactado el día 20 y será la base del dictamen que el CVC aprueba en julio.
Camps aceptó el nombre en pos del consenso
Alemany no asiste, pero concluida la reunión, es informado por Camps. Recuerda el profesor que comentan el nombre de la futura (e hipotética aún) institución y el entonces conseller aboga por Acadèmia de la Llengua Valenciana (como ahora Mazón) con argumentos históricos, pero acaba aceptando que la solución válida para el acuerdo es AVL. Cualquier otra, que incluyera el término ‘catalán’ o ‘lengua valenciana’, pese a su uso histórico, tenían unas connotaciones sociales y políticas inaceptables.
Lo que vino después es otra historia: nuevos enredos y pactos de nombres. Pero el consenso sobre la estructura y la denominación de la autoridad normativa fue una solución pragmática e integradora que casi 30 años después parece ahora bajo amenaza.
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