Rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera
Higinio Marín: "Las universidades no se improvisan, maduran a fuego muy lento"
Con más de medio siglo de vida en Valencia, hoy se cumplen 25 años del decreto de la Generalitat que hizo posible que el CEU pasara de ser centro adscrito a universidad. Su rector desde 2023 reflexiona sobre el estado de la institución

Entrevista a Higinio Marín, rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera / Miguel Angel Montesinos

Son 25 años del decreto de que hizo posible pasar de centro adscrito a universidad. ¿Ha cambiado el panorama universitario para bien en este tiempo?
Sí, lo cual no quiere decir que el sistema universitario español no necesite una buena revisión en su conjunto. Para nosotros estos 25 años han sido un proceso de madurez y crecimiento, muy apreciable en términos materiales, pero más definitivo en términos académicos.
¿A qué se refiere? ¿A titulaciones nuevas?
A que las universidades no se improvisan.
¿Se refiere a la aparición en pocos años de un buen número de universidades privadas?
No. Diría que el principal improvisador de universidades ha sido el Estado español. Se han creado campus en todas las ciudades de más de 50.000 habitantes. Es cierto que en los últimos años hay una creación de universidades privadas acelerada, pero es un fenómeno cuantitativamente menor respecto del proceso general. Las universidades se maduran a fuego muy lento. Se pueden meter elementos de aceleración, pero no son de efecto inmediato. Nosotros hemos intentado traer investigadores de nivel. Tenemos más de 1.100 profesores, 600 con dedicación completa.
Eso requiere mucha financiación.
Por supuesto. Pero no es lo que más me preocupa, porque la universidad va muy bien y es solvente en términos económicos. Mi tarea es poner al servicio de los estudiantes los profesores más cualificados.

Higinio Marín, en el campus de la Universidad CEU Cardenal Herrera tras la entrevista / Miguel Angel Montesinos
¿Y lo está consiguiendo?
Estoy más que razonablemente contento. El CEU-UCH está en condiciones de sumarse al grupo de cabeza de las mejores universidades privadas de España.
¿Por qué factores?
Por la calidad de la investigación. Tenemos ocho investigadores Ramón y Cajal. No creo que haya muchas universidades privadas con tantos. Tenemos 80 grupos de investigación. Cumplimos todos los requisitos que el Gobierno ha puesto para trazar la raya de la flotabilidad.
¿Qué le parece esa regulación para los centros privados?
Me parece invasiva e hiperreguladora. No discrimina bien entre la variedad y la pluralidad de las tipologías de universidades. Hay universidades privadas cuyo titular es una fundación sin ánimo de lucro, que no funcionan como una mercantil. En el plano práctico, deberían ser unas medidas acotadas en el tiempo. Puntualmente puede ser una actuación necesaria, pero una de las dificultades es la creciente y disfuncional burocratización de las universidades.
Ese es un lamento de instituciones públicas y privadas.
Pero las universidades públicas trabajan con fondos públicos. Las exigencias a las universidades sin ánimo de lucro para poner en marcha una titulación no pueden ser las mismas que a las públicas. ¿Por qué tiene que preceder la demanda a la oferta? Si precisamente forma parte de la pedagogía pública poner al descubierto especializaciones que todavía no son objeto de demanda. En nuestro caso, el año que viene ponemos en marcha nuestro primer grado de Humanidades. Si fuera por demanda y expectativas comerciales, no lo pondríamos.
¿Y por qué lo hacen?
Porque en nuestra concepción las humanidades son constitutivas. Conocer solo las herramientas de un oficio no es una universidad, es una escuela gremial. En la universidad hay que plantear las cuestiones que dan sentido a la vida y que le dan densidad significativa. Solo en un sistema muy deteriorado las humanidades pueden quedar orilladas. No hay chaval al que no le interese el Otelo de Shakespeare bien explicado.
Eso sí que requiere buena explicación.
Esta es la dificultad de las humanidades: un profesorado de altura es muy difícil de encontrar.
Son la universidad cuyos titulados tienen una base salarial más alta. ¿Es porque ajustan la oferta a las especialidades que más salida tienen en el mercado laboral?
Tenemos grados que los mantenemos a pulmón. Nos proponemos sacar Humanidades, que probablemente esté como mucho en el nivel de viabilidad. La política del CEU ha sido tener muy pocos grados y en esas pocas áreas crecer hacia adentro y hacerlo bien. Nos esmeramos en la selección del profesorado sabiendo que es la piedra de toque.
¿Es difícil la formación y la vida social cuando uno de cada tres alumnos es extranjero?
Es una pena que no sea horario de comer, porque es un gozo asomarse a la explanada donde están los comedores y ver cómo conviven. Es una riqueza. Una de las cosas diferenciales del CEU es que tiene un campus unificado en que se da la convivencia entre estudiantes.
¿Y consiguen que ‘pierdan el tiempo’?
Completamente.
Le he leído que esa es cualidad esencial de buena universidad.
La universidad es el invento occidental para generar tiempo libre dedicable al estudio, pero no solo, también a la comunicación.
¿Y la investigación es el elemento diferencial de una buena universidad?
No hay un ejercicio del oficio académico de calidad sin una investigación intensa. Sin pasión por aprender por parte del profesor, el mensaje llega marchito.
¿Hasta qué punto el objetivo de la institución es la búsqueda de rentabilidad?
La rentabilidad es una de las condiciones de la viabilidad, pero las universidades funcionan bien porque la educación de calidad es un bien buscado. El año pasado dimos más de 8 millones de euros en becas. Uno de cada tres de nuestros estudiantes tiene una ayuda. Y dimos un millón en condonación de la matrícula a los afectados por la dana.
¿La inteligencia artificial en estos momentos es una amenaza, un sucedáneo de las universidades?
Deje que hable más como filósofo que como rector. Me parece el primer acontecimiento tecnológico que merece que se le preste una atención muy intensa. Es el primero que nos obliga a revisar los límites de lo humano y lo no humano vigentes desde hace 2000 años. Para las universidades tiene un cierto carácter de revolucionario porque apunta hacia una vuelta a la oralidad. Los estudiantes y los profesores lo que tienen que aprender es a cabalgar la IA, no a pelearse con ella.

Higinio Marín, rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera durante la entrevista / Miguel Ángel Montesinos
¿Un filósofo observa apesadumbrado el presente?
¿El político? ¿El cultural?
No sé si se pueden marcar compartimentos estancos.
El panorama político español me parece desolador. Estamos en el momento más bajo desde 1978. Y esa situación está siendo interiorizada por la ciudadanía con la forma de una resignación descreída que es muy grave. Y apenas hay modelos de referencia pública de ecuanimidad, de que es posible mirar la realidad sin convertirnos en sujetos sectarios. La comunicación política se ha degradado.
¿Cómo observa que la universidad sea objeto de giras de agitadores ultramontanos?
La agitación ha sido parte de la universidad. El problema es que se haga en un entorno de agresividad. Los profesores buenos son agitadores y los estudiantes buenos tienen ánimo de agitación, pero de eso a la agresividad con ánimo de aniquilación del otro (no física) es intolerable. El componente de civismo es el que no se puede perder.
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