Premios Empresa del Año Banco Sabadell
De Valencia al hospital global: el salto de Quibim
La biotecnológica desarrolla inteligencia artificial con imágenes médicas para detectar enfermedades como el cáncer y ya se utiliza en más de 220 centros sanitarios

Quibim ofrece un servicio integral para la extracción de información cuantitativa de las imágenes radiológicas. / ED
Eduardo Enric
No todas las startups tecnológicas consiguen cruzar la frontera que separa la promesa de la realidad. Quibim sí lo ha hecho. La empresa biotecnológica valenciana, especializada en soluciones de inteligencia artificial entrenadas con imágenes médicas para detectar enfermedades y mejorar el diagnóstico temprano y preciso —especialmente en patologías como el cáncer—, se ha consolidado como uno de los grandes referentes internacionales en healthtech.
Ese posicionamiento no responde solo a su capacidad para atraer inversión o reconocimiento regulatorio, sino a algo menos frecuente: demostrar que la innovación puede transformar la práctica clínica y tener un impacto directo en la vida de los pacientes. En un entorno donde muchas iniciativas tecnológicas quedan en fase experimental, la compañía ha logrado validar sus soluciones en contextos reales y exigentes, integrándose en el día a día de hospitales y equipos médicos.
Ese recorrido explica su reconocimiento como Mejor Startup del Año en los Premios Empresa del Año Banco Sabadell. Pero el premio no distingue solo una trayectoria de crecimiento, sino una forma de entender la innovación: aquella que convierte tecnología de alta complejidad en impacto tangible y medible dentro del sistema sanitario.
La compañía ha acelerado su proyección internacional con hitos difíciles de reunir en una sola empresa emergente. En 2025 cerró una ronda Serie A de 50 millones de dólares, obtuvo la autorización 510(k) de la FDA para QP-Prostate y logró que su tecnología fuera seleccionada para implantarse en siete hospitales del NHS británico. Tres pasos que resumen una evolución singular: financiación, validación y adopción clínica.
Sobre esa base, Quibim ha construido una plataforma con alcance global, utilizada por centros sanitarios de distintos países para mejorar el diagnóstico, acelerar la medicina de precisión y extraer valor clínico de la imagen médica mediante biomarcadores avanzados. Hoy, sus soluciones están implantadas en más de 220 centros repartidos entre Europa, Estados Unidos, Reino Unido, Australia o Japón, lo que refleja tanto su expansión como la capacidad real de sus desarrollos para integrarse en entornos clínicos complejos. Este despliegue internacional no solo evidencia su escalabilidad, sino también la confianza de sistemas sanitarios muy distintos entre sí.

El CEO de Quibim, Ángel Alberich-Bayarri. / ED
La compañía, que cuenta con un equipo de más de 90 profesionales y presencia internacional con oficinas en ciudades como Nueva York o Cambridge, ha logrado además consolidar un modelo que conecta investigación y práctica clínica, reduciendo una de las brechas históricas del sector sanitario: la traslación del conocimiento científico al paciente. Este enfoque permite acortar los tiempos entre el descubrimiento y su aplicación real, un factor clave en enfermedades donde el diagnóstico precoz resulta determinante.
Ese enfoque se materializa en soluciones concretas. Productos como QP-Prostate —autorizado en Estados Unidos, Europa y Reino Unido— permiten mejorar la detección y estratificación del cáncer de próstata mediante algoritmos entrenados con datos clínicos reales, mientras que otras herramientas amplían el alcance hacia áreas como neurología o enfermedades hepáticas. La lógica es común: convertir la imagen médica en un activo predictivo, capaz de anticipar diagnósticos y personalizar tratamientos. En paralelo, plataformas como QP-Insights permiten organizar y explotar grandes volúmenes de datos clínicos, facilitando tanto la investigación como el desarrollo de nuevos fármacos.
Su actividad también se extiende al ámbito farmacéutico, donde la compañía colabora con grandes actores internacionales y participa en el desarrollo de nuevos tratamientos a partir del análisis de datos clínicos y biomarcadores de imagen. En conjunto, ha gestionado millones de datos anonimizados de pacientes y ha desarrollado acuerdos estratégicos que refuerzan su posición en un sector donde la validación científica es tan importante como la tecnológica. Además, su participación en proyectos europeos y su acceso a financiación pública y privada consolidan un modelo híbrido entre investigación avanzada y aplicación industrial, poco habitual en startups de su tamaño.
Su aportación resulta especialmente relevante en un momento en que la inteligencia artificial busca demostrar utilidad real en sectores críticos. En salud, donde la exigencia científica, regulatoria y asistencial es máxima, la compañía valenciana ha logrado precisamente eso: llevar la IA del laboratorio al hospital y hacerlo con estándares internacionales, superando barreras regulatorias y ganando credibilidad en uno de los entornos más exigentes.
Ahí reside buena parte del valor que reconoce este premio. Porque Quibim no representa solo innovación, sino también crecimiento, internacionalización y utilidad social. En un contexto donde la inteligencia artificial aún busca casos reales de impacto, su trayectoria apunta a un cambio de escala: pasar de la promesa tecnológica a una herramienta cotidiana dentro del sistema sanitario. Y esa combinación, poco frecuente incluso en el ecosistema tecnológico, es la que la convierte en una ganadora natural.
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